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Eso que llaman “simbiosis”

¿Han visto alguna vez como dos árboles de distintas especies empiezan a juntarse a medida que crecen o envejecen para terminar como fundiéndose en una suerte de abrazo?

Se llama simbiosis, un término proviene del griego σύν, syn, juntos; y βίωσις, biosis, vivir, y se aplica a la relación o asociación íntima de organismos de especies diferentes para beneficiarse mutuamente en su desarrollo vital. Sabemos que pasa, por ejemplo, entre abejas y plantas, tiburones y rémoras, etc.

Pero hace poco, un equipo de más de 200 investigadores, liderado por la Universidad de Stanford, publicó un mapa que refleja las múltiples relaciones simbióticas en más de un millón de bosques, con un total de 28.000 especies de árboles.

El estudio comprobó, además, que la simbiosis entre microorganismos y árboles influye en el clima. Los hongos y las bacterias del suelo conectan los árboles entre sí y tejen una red mundial que ejerce un papel clave en la regulación del clima.

Estas relaciones no solo influyen en el ciclo de carbono, sino que están también directamente relacionadas con aspectos tan importantes como la fertilidad de los suelos, su hidrología y la producción futura de biomasa.

¿Qué tiene que ver esto con el amor? Mucho ¿No les parece? Se trata de especies absolutamente distintas que entienden la importancia de convivir por un bien superior, colectivo. Algo que muchos humanos aún no hemos logrado,  por más señales que la naturaleza nos envíe.

Por ejemplo, recientemente se descubrió que la ratona australiana azul, un pequeño pájaro que vive en el sureste de Australia y en Tasmania, es capaz de entender las llamadas de alerta de otras especies de aves incluso sin necesidad de ver al depredador.

Es decir, la ratona entiende a otras aves de forma similar a como nosotros entendemos idiomas extranjeros. Según los expertos, se trata de un aprendizaje social. Para ellos, aprender de los demás es más sencillo que aprender de la experiencia directa, y sobre todo menos arriesgado.

Un principio que podría ayudarnos a luchar contra el famoso “nadie aprende en cabeza ajena” o por lo menos nos dotaría un poquito más de empatía. Tal vez la clave para comprender el amor esté en mirar más árboles y aves.

Por: Jessica Dos Santos

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2 COMENTARIOS

  1. Muy claro tu mensaje. Me ha gustado tu inspiración. Es bueno que sigas escribiendo y dándonos el gusto de leerte.
    Avanti! Avanti.

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