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Hasta que nosotros nos separemos

Hace días, puse ‘Bajo el sol de la Toscana’. Recordé que hace mucho tiempo una profesora me la recomendó en medio de un intenso debate sobre los llamados “bloqueos creativos”.

Quizás al darle play buscaba eso: rayar mis propias hojas en blanco, estirar las que arrugué, o al menos ahuyentar este temor de estarme repitiendo que tanto me carcome.

Pero la película no me gustó. Tal vez estoy cansada de oír que para reinventarse toca hacer un viaje carísimo y, de ser posible, hasta mudarse.

Yo creo, como dice Jorge Carrión,  que el bloqueo del escritor llega “cuando dejas de mirar” y toca evaluar por qué o a qué le estamos cerrando los ojos.

En cambio, la película si me hizo pensar en lo duros que pueden ser los divorcios. Aunque probablemente sean un paseo comparado con un matrimonio no deseado.

“A veces el divorcio descubre un mundo de rencores inconclusos, de cuentas pendientes dispuestas a saltar como malas bestias en la primera ocasión. En ocasiones, los hijos pagan saldos mezquinos y deudas canallas”, escribe Leila Guerriero en ‘Padres divorciados menos que cero’.

En la actualidad, se registran anualmente más divorcios que nunca. Me gustaría creer que esto se debe a la liberación económica que la mujer ha conquistado en las últimas décadas. Sin embargo, los expertos indican que son otras las causas:

Maternidad prematrimonial. Las estadísticas arrojan que las parejas que conciben hijos antes del matrimonio presentan más riesgo de divorciarse luego, a comparación de parejas que conviven primero y luego forman una familia.

Afinidad religiosa: Las parejas que no practican algún credo religioso pueden durar más en una relación que las uniones que tienen prácticas religiosas

Divorcio de los padres: Si algún miembro de la pareja presenció la separación de sus padres, este hecho duplica el riesgo de divorcio. Y si ambos miembros lo han presenciado, este riesgo se triplica.

Infidelidades

Tener expectativas poco realistas sobre el matrimonio.

La desigualdad en los salarios.

Casarse demasiado joven.

La existencia de abuso o violencia.

Y aunque la nacionalidad y los divorcios no tienen nada que ver, existe un top 5 de países con más separaciones: Estados Unidos se lleva el primer lugar con 630.505, seguido de Rusia con más de 564 mil, Alemania con casi 144 mil, Turquía con 136.5 mil y Francia con poco más de 128 mil.

Después tenemos a Ucrania con cerca de 120 mil divorcios, seguido de Reino Unido con 110 mil, Corea del Sur con 106.500, España con poco más de 77 mil e Italia con 66.6 mil.

Como ven, de diez naciones, siete se encuentran en Europa, dos en Asia y una en América del Norte.

En el sur los divorcios son menores.

De hecho, durante el 2020, fue todo un escándalo mediático que en Buenos Aires, Argentina, se registrasen más divorcios que matrimonios, un comportamiento atribuido a la pandemia por Covid-19.

La verdad, nuestra forma de juntarnos también es distinta.

¿Sabían, por ejemplo, que los hombres latinoamericanos a la hora de elegir una esposa valoran más la capacidad de una mujer en el hogar que su preparación académica?

“Las mujeres educadas de América Latina, que las definimos como las que tienen educación secundaria completa o más, tienen menos probabilidades de estar casadas que las mujeres menos educadas o que los hombres igualmente educados. Y estas mujeres educadas cuando se casan tienen más probabilidades de hacerlo con un cónyuge menos educado”, señala un estudio llevado a cabo por la Escuela de Gobierno Kennedy de la Universidad de Harvard.

Además, la investigación encontró que cuando una mujer latinoamericana se casa con un hombre menos educado que ella, la mujer tiende a trabajar más, mientras que cuando se casa con un hombre igualmente educado que ella se tiende (la tienden) a quedar en casa.

¿Qué piensan sobre esto? Déjennos sus comentarios y propongan sus temáticas en lasultimasnoticiasdelamor@gmail.com

Por: Jessica Dos Santos

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