Los hijos que decidió parir

Foto @linjianyangbe

«¿Puedo ir a tu casa?», me escribió. Hace apenas 50 minutos nos habíamos despedido en la puerta del liceo. Días antes, ella había ido a la playa con su novio y no habíamos tenido chance de chismear. Entonces, supuse quería actualizarme sobre aquella aventura.

«Vente», le dije. Cuando llegó, estaba pálida como un papel y apretaba con sus manos sudadas una bolsita con el logo de Farmatodo. Pensé que se sentía mal. La senté y me dispuse a abrir la bolsa para darle el medicamento que había comprado.

Una prueba de embarazo casera me hizo comprenderlo todo. Le di un vaso de agua doble propósito: calmarla y hacerla orinar. En minutos, su presentimiento se convirtió en certeza.

En la poceta de mi baño, con la camisa beige del liceo y los ojos llenos de lágrimas, intentaba recapitular lo ocurrido. Olvidaron comprar los condones en Caracas, la farmacia del pueblo estaba cerrada y el método del ritmo indicaba que no era su día más fértil. Y además, tres días después compraron un postinor.

Aquél era su primer novio, su única pareja sexual. “No puedo tenerlo. Una amiga sabe a dónde llevarme pero necesito plata”. La cifra era realmente alta. Poco a poco y por distintas vías, fuimos reuniendo el dinero. Sin embargo, el calendario le jugaba en contra.

A días de cometer una locura (gancho, brebajes, suicidio… todo había pasado por su mente), el hermano de su novio consiguió el resto del dinero. Llegado el momento, quise acompañarla. Me imaginé que iría a “una carnicería” y yo no podía dejarla sola.

Para mi sorpresa, terminamos en un hermoso consultorio médico del Centro Perú en Chacao. En el lugar, habían muchas chamitas que iban a lo mismo, pero ellas vestían de marca y estaban acompañadas por quienes parecían ser sus madres, mujeres serias, pulcras.

No me dejaron presenciar el procedimiento. Mi amiga salió algo adolorida, con un leve sangrado y llorando como nunca en mi vida he visto llorar a nadie. Nos sentamos en las escaleras de la planta baja. No teníamos dinero ni para un jugo. Intentó contarme los pormenores pero la emocionalidad se lo impedía.

A los días, el sagrado y la incomodidad habían desaparecido por completo, pero su estado de ánimo seguía igual o peor.  A cada instante me decía «soy una asesina», «Dios me castigará y no me enviara más hijos», «si mi mamá se entera me va a odiar».

Durante meses o años, su relación amorosa se vio afectada por aquella vivencia. Casi ningún amigo entendía que le pasaba. El desconcierto de su familia era aún mayor. El desprecio hacia ella misma aniquiló su amor propio. Su vida siguió —diría Sabina— “como siguen las cosas que no tienen mucho sentido”.

Su novio, al menos, fue un buen compañero, respetó su decisión y permaneció a su lado antes, durante y después de cada crisis. Él sabía que aquello no lo había impacto de la misma manera que a su pareja, pero intentaba dimensionar el dolor que ella sentía.

Hoy, 17 años después, ellos siguen juntos. Tienen dos hermosos varones que nacieron cuando ambos estaban listos y deseosos de recibirlos. Ella es, sin dudarlo ni un instante, una de las madres más amorosas y especiales que conozco.

Su historia de amor y desamor me enseñó tres grandes lecciones:

  1. La educación sexual real, la necesaria, no existe, ni en el colegio privado donde estudiábamos hace casi dos décadas atrás ni en los liceos públicos ni en los medios de comunicación ni en Google… y es necesaria, profundamente necesaria.
  • Ninguna mujer usaría el aborto como un método anticonceptivo rutinario, por gusto. A diferencia de los abortos legales (practicados por proveedores de servicios médicos capacitados), los inseguros son la tercera causa de muerte materna y generan cinco millones de discapacidades en gran medida evitables.
  • Abortar no te hace una mala persona ni daña la capacidad que una mujer posee de amar a los hijos que decide parir. Mi amiga, de hecho, conoció el amor a través de ellos.

Cuéntame tu historia, redáctala como sea, juntos le damos forma y la compartimos. Difundir las distintas formas del amor, siempre es necesario: [email protected]

 

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