InicioLas últimas noticias del amor¿Por qué renegar de la vida?

¿Por qué renegar de la vida?

Hace días, me encontré con un excompañero de liceo a quien tenía muchos años sin ver.

En algún punto de la noche, él hizo mención a lo “desgraciada” que yo solía ser en aquellos años estudiantiles. 

La verdad, yo -que no tengo ningún problema en aceptar, incluso públicamente, mis errores- no recuerdo ser así.

Era, creo, parte de las “populares”, es decir, ese pequeño grupo de chamas consideradas “bonitas”, “sociables”, o afines, las cuales no estaban exentas de sentirse “feas”, “raras”, “poco queridas”, etc. 

A la par, era aplicada y no recuerdo haberle hecho bullying a nadie. Al contrario, solía regañar o controlar a quienes sí lo hacían. 

En el fondo, estaba absolutamente segura de que la “nerd” y la “gordita” se convertirían en unos mujerones, el carajito del acné superaría ese mal, los que tenían buenas notas quizás no correrían con tanta suerte en la universidad y los menos destacados podrían transformarse en grandes profesionales.

Por ejemplo, en mi grupito, las que juraban que jamás tendrían hijos fueron las primeras en convertirse en madres y las que éramos cual “susanita” terminamos pensando distinto y aún no conformamos el hogar acorde con las medidas sociales establecidas.

En aquella época, al igual que ahora, he tenido consciencia de la temporalidad, de todo aquello que el tiempo es capaz de mover, transformar, desaparecer.

De hecho, esa fue y aún suele ser mi premisa/pomada: saber que todo pasa o cambia (incluso lo que parece eterno o aquello que no queremos que pase).

Pero, en la mente de mi excompañero, yo era y sigo siendo lo mismo: una “chupetica de ajo” (uno de mis apodos en aquel entonces), la desgraciada, creída, que se empató con un “popular” dos años mayor que ella y además osó a bailar reguetón en algún matiné de los 2000 pero ahora se la tira de feminista.

¿Les ha pasado algo similar? A mí, el capítulo me dejó pensando: ¿por qué algunos pretenden que rechacemos el camino que nos trajo hasta acá?

¿Qué lleva a la gente a creer que los otros, a quienes tienen años sin ver, siguen siendo los mismos que un día conocieron? ¿Acaso tendrían que serlo? 

Es decir, ¿por qué en algunos casos celebramos las transformaciones de las personas pero, en otros, agradecemos que sigan siendo los mismos o “conservando su esencia”? ¿Depende de si el cambio es “bueno” o “malo” de acuerdo a la subjetividad de nuestros criterios?

Pero, además, ¿por qué a veces aplaudimos los avances de alguien, pero, en paralelo, afirmamos que “la gente no cambia”? ¿Nuestra fe es selectiva? 

Yo suelo pensar que quien ha matado a un gentío, violado, etc, ya no tiene escrúpulos ni vuelta atrás, pero, salvo esos casos, sí considero posible modificarnos. 

En este sentido, pienso que lo que algunos ven como “un mal cambio”, por ejemplo, “volverse antipática o aburrida”, tal vez sea que el otro por fin aprendió a poner límites, vio su valía, sanó lo que la hacía “divertida” o entendió la importancia de cuidar-se.

Yo ya no voy a matine ni me empató con mayores, no soy cool ni tengo actitudes populares, al contrario, mis gustos cada vez son más raros y selectos, pero probablemente siga siendo una “desgraciada” si eso significa no dejarse disminuir por nadie.

Del resto, apostar por lo estático sería renegar de la vida y el inmenso poder movilizador que tiene el amor. Seguimos. 

Por: Jessica Dos Santos

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