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A las redes les falta amor

A mí, el algoritmo de las redes sociales me ofrece lo que más suelo consumir: recetas sanas, consejos “fitness”, debates sobre salud, recomendaciones cinematográficas y bibliográficas, lugares chéveres (y muy caros) para conocer y videos graciosos sobre animalitos.

En muchos de estos casos, acostumbro a ver los comentarios, generalmente para entender alguna “tontería” (si el “queso cottage” es el mismo requesón, si la postura de algún ejercicio es correcta o no, si los demás se saben el nombre de la película que estoy buscando, por qué un perro hace tal, a qué se podría deber la reacción de un gato).

Sin embargo, solo suelo conseguir… odio. Si, odio. Parece que en las redes abundan las personas que solo tienen negatividad para dar. No importa si se trata de una receta de arroz con huevo o del video más tierno del mundo, siempre tienen algo horrible que decir.

Hace días, mientras yo casi lloro con el video de un niño y un gatico “conversando”, un par de señoras señalaron que la madre de aquella criatura era una desalmada por permitir que su hijo contrajese “toxoplasmosis” al estar cerca de un animal “cochino y peligroso”, que seguramente tiene “VIH felino” y se lo va a contagiar al nene (una barbaridad, obvio).

Entonces, pensé que quizás se trataba de un problema puntual con este polémico integrante del reino animal. Es decir, sé que muchos sienten una animadversión tremenda hacia los gatos. Pero, al revisar el resto de los tópicos, me conseguí con lo mismo.

Un peo si le echas stevia a la receta pero también si le colocas azúcar refinada, si usas harina de trigo o la sustituyes por avena, un drama si cocinas en airfryer pero también en sartén.

Si estás gordita y sales haciendo ejercicio, que bolas. Adelgazaste pero te quedó piel colgando, peor. ¿Eres flaca? anda a comer ya.

Te gustó Barbie, un insulto. Amaste Oppenheimer, también. Si no te gusta el cine, ni hablar.

Ciertos usuarios no están satisfechos con absolutamente nada y además parecen creer firmemente que quienes están en las redes, tienen el deber supremo de pensar y actuar exactamente igual que ellos (aunque capaz eso les molestaría también).

Y ojo, yo no estoy en contra de la diversidad de pensamiento y mucho menos del debate (ya sea en espacios reales o virtuales), lo que me asombra es la agresividad con la cual la gente se expresa, como si además conocieran íntimamente al otro, como si supieran que el gato tiene toxoplasmosis, cuanto padeció alguien con aspecto físico o aprendiendo a cocinar.

Aún así, yo entiendo que a una persona puede caerle mal alguien (incluso si solo la ha visto en redes), entre otras razones, por el tipo de conductas que adopta o por su forma de pensar. Comprendo que esto devenga en una conducta de alejamiento o de evitación de esa persona, pero no asimilo esas descargas tan salvajes.

Es decir, algunos han trasladado a estos espacios un montón de actitudes fascistas (aunque no las perciban así), una violencia extrema, una tendencia a suponer muy dañina, y una forma muy peculiar de responder a lo que sea como si fuese un ataque personal.

Hoy, por ejemplo, vi en Instagram la historia de Marta Bustos, una joven aficionada a la cosmética natural, quien con tan solo 24 años sufrió, en junio de 2020, un brutal accidente doméstico, mientras preparaba jabones, lo cual la dejó ciega y con grandes quemaduras.

En el video, ella relataba lo doloroso que fue ese suceso, cómo perder la vista de un día para el otro conlleva no solo un duelo, sino un enorme desafío.

Aún así, muchos solo la atacaban:

¿Por qué no compraste el jabón en la farmacia?, ¿Quién te manda a ponerte de creativa? , ‘Eso te pasa por anda inventando’ o ‘bien hecho por no entender la importancia de usar implementos necesarios’ (algo falso, además, pues Marta si usaba lentes de seguridad, pero explotaron).

Lo más insólito es que cuando revisamos los perfiles de estas personas descubrimos que se pintan como seres comprensivos, amorosos, religiosos, “open mind”, de todo.

Entonces, lo que más miedo da es preguntarse: ¿serán así en la vida real o vivirán con ese montón de emociones reprimidas buscando a que desconocido encasquetárselas?

En el fondo, tal vez muchas personas no están preparadas para conectar con la ternura, la risa o la alegría de los demás, porque aún no encuentran la suya.

A muchos les hace falta recibir amor para poder reproducirlo. Contribuyamos. Amemos (también en las redes)… a pesar de todo.

Por: Jessica Dos Santos

Cuéntame tu historia, redáctala como sea, juntos le damos forma y la compartimos. Difundir las distintas formas del amor, siempre es necesario: lasultimasnoticiasdelamor@gmail.com

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