InicioLas últimas noticias del amor“Salir del closet” en una despedida de solteros

“Salir del closet” en una despedida de solteros

Once países aún castigan las relaciones homosexuales con la muerte. En uno de cada tres son ilegales.

Hace muchos años, Jesús fue policía. En aquella época realizaba muchos patrullajes por toda la ciudad de Caracas, desde urbanizaciones lujosas hasta zonas humildes.

Un sábado en la tarde recibió el llamado de un superior solicitándole su presencia para calmar una alteración de orden público. “Nada grave”, le dijeron.

Él y su compañero se movilizaron hasta el sitio en cuestión. Se trataba de una despedida de soltera, pero de corte “familiar”: las familias y amigos de ambos novios.

Es decir, nada de strippers saliendo de una torta de cartón. Por ende, Jesús no entendía ¿qué tanto podía haber ocurrido en un ambiente así?

Sin embargo, al bajarse de la patrulla, observó a una mujer, cuyo rostro se le hizo bastante familiar, pegando gritos “como loca” en un estado de ebriedad absoluto:

—¡No puedes casarte con él! —gritaba— ¡Yo te amo! ¿Es que tantas noches de amor no significan nada? ¡Diles toda la verdad!  

La mujer se dirigía al balcón del apartamento donde la pareja se despedía de su soltería. Los familiares de los novios, encaramadísimos en las ventanas, no salían de su asombro.

Jesús intentó calmar los ánimos, pero al acercarse cayó en cuenta de un pequeño detalle: la alteradora del orden público era la novia de su mejor amigo, Emilio, un hermano de crianza.

Ese día Jesús entendió las dificultades que se esconden tras el famoso «salir del clóset», la acción de admitir y compartir la identidad de género o la orientación sexual propia con los demás. La mayor parte de las investigaciones afirman que las edades de “la revelación” en los contextos familiares y sociales, generalmente, está entre los 15 a 25 años.

Sin embargo, expertos apuntan que últimamente ocurre también en la adultez. Probablemente, una vez que se llega a la madurez y se olvidan los prejuicios, uno es más capaz de abrirse a nuevas experiencias, a vivencias que le hubieran parecido del todo improbables con anterioridad.

Lo cierto es que esta mujer, en medio de una urbanización chic de Caracas, estaba tan borracha que pareció no reconocer a Jesús. De hecho, se resistió con fiereza a su detención. Como pudo, él la subió a la patrulla y  la llevó al comando policial.

Transcurridas un par de horas, le pareció extrañó que nadie preguntara por ella. Al finalizar su turno, conversó con el jefe de guardia para que la dejase descansando y luego le prestara el teléfono para llamar a quien quisiera.

Cuando Jesús regresó, ella ya se había ido. Él, a pesar de la curiosidad, no le preguntó nada a nadie. De hecho, prefería olvidar ese capítulo y dar el tema por concluido. “Solo espero que ella no recuerde nada”, pensaba.

El policía no quería adentrarse en aquel extenso debate. Pero, días después, se lanzó a visitar a su madre, quien inocentemente le comentó:

Hijo, por aquí estuvo Emilio, me dijo que su novia terminó con él sin darle explicaciones y se desapareció del mapa ¿tú sabes algo?

Ni idea, vieja… Hace tiempo que no los veo.

Hasta el sol y la luna de hoy, Jesús jamás se lo dijo a nadie de su familia ni a los amigos en común.

Desde entonces, se convenció de que el mundo “a veces es más grande de lo que creemos pero más pequeño de lo que parece”.

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