Solo pienso en ti

¿Alguna vez han escuchado la canción ‘solo pienso en ti’ del español Víctor Manuel?

El tema fue compuesto en 1978, aunque vio luz un año después, como parte del álbum ‘Soy un corazón tendido al sol’, grabado en Milán, Italia.

La pieza, rápidamente, subió a lo más alto de todos los rankings y para muchos es la mejor canción del cantautor asturiano.  

Pero, además, es un himno contra el estigma pues narra la historia de amor entre Mariluz Castro y Antonio Roldán, quienes lucharon por estar juntos durante los años 70, una época en la que se creía que las personas con discapacidad no estaban capacitadas para amar.

Se conocieron gracias a una iniciativa del cardiólogo Juan Pérez Marín, quien realizando un censo en el pueblo de Cabra (Córdoba, España), percibió las condiciones tan deplorables en las que vivían las personas con discapacidad, quienes eran escondidas o botadas a la calle.

Ante esto, decidió crear un centro en el que pudiera recibirlas y darles una oportunidad laboral: la Fundación Promi.

Antonio fue llevado por su padre a este lugar, mientras que Mariluz se encontraba en situación de abandono tras la muerte de sus abuelos maternos.

Él nació con discapacidad, su padre pensó que aquello era un castigo de Dios. Por eso, decidió ocultarlo entre cabras, gallinas, vacas, sin escuela, sin amor.

Ella se le cayó de las manos a su padre y el golpe contra el suelo provocó un daño cerebral irreversible. Él la abandonó. Su padrastro quiso aprovecharse de ella y ella lo golpeó en los genitales. La encerraron en varios centros de Sevilla y en un psiquiátrico de Córdoba.

Al entrar en Promi, Mariluz empezó a trabajar como limpiadora y él como carpintero. Antonio recuerda, como si fuera ayer, el momento en que la conoció: “Me gustó mucho, me enamoré. A los pocos días le pregunté si quería ser mi novia”.

Ella no aceptó, pero lo acompañaba a pasear por el jardín de la fundación, iban al cine, se sentían –por primera vez- dos seres plenos, felices.

Antonio Zalmoral, director de Asistencia de Promi, recuerda el momento: “De una forma simple e inocente, la química actuó en ellos, al igual que en todas las personas. Se miraron, se empezaron a buscar, a darse la mano y a tener una relación. No pudimos hacer otra cosa que apoyarlos”.

Tres años después, Antonio y Mariluz decidieron casarse. Aquello fue una revolución. Tuvieron que solicitarle un permiso especial al obispo. “Si ya era extraño que se aceptara la relación de dos personas con discapacidad, imagínate el matrimonio”, cuenta Zalmoral.

Tras un calvario burocrático, lo lograron. El 24 de enero de 1982 se casaron y en aquella capilla no entraba ni un susurro. Sus compañeros y amigos se encargaron de celebrar a lo grande aquella unión.

Antonio y Mariluz se fueron a vivir a un piso tutelado por la fundación. El amor y el sexo trajeron al mundo a tres niños: Juan Manuel y los gemelos Francisco y Antonio.

Ella los amamantaba y cuidaba. Luego, él los recogía del colegio y los bañaba. Pero, aunque dieron lo mejor de sí y la fundación los apoyaba, no fueron capaces de suplir todas las necesidades de  sus hijos, quienes se fueron a vivir con una hermana de Antonio. Desde entonces y hasta el día de hoy, se visitan y hablan por teléfono con frecuencia.

Por su parte, Antonio y Mariluz ya cumplieron 45 años juntos. Él asevera que la ama “como el primer día”. Ella asegura que “no lo cambiaría por nada”. Aún se regalan flores y dibujos, pasean de la mano, compran en los chinos, visitan las iglesias.

Ninguno de los dos es consciente de la trascendencia histórica que tuvo su historia de amor, pero afirman que sí les gustó conocer al cantautor Victor Manuel y que su canción les produjo “mucha alegría”… aunque aún no se sepan toda la letra.

Por: Jessica Dos Santos

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