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Una verdadera historia de amor en el Titanic

Hablemos del Titanic sin Rose ni Jack:

Isidor Straus emigró de Alemania a Estados Unidos en 1854, donde se hizo copropietario, junto a su hermano Nathan, de los grandes almacenes Macy’s.

Años después, en 1871, Isidor se caso con Ida Blun, con quien tuvo 7 hijos. Con el paso del tiempo, se convirtieron en una de las parejas más famosas de Nueva York debido a sus grandes acciones filantrópicas.

En 1912, tras una visita a su Alemania natal y unas breves vacaciones en la Riviera francesa, la pareja decide aprovechar el viaje inaugural del Titanic para regresar a su urbe estadounidense.

El matrimonio Straus viajó en primera clase. De hecho, se trataba de una de las parejas más ricas a bordo de aquel majestuoso barco.

Tras la coalición del Titanic, algunos pasajeros de primera clase embarcaron en los escasos botes salvavidas. Al matrimonio Straus se le asignó el numero 8. 

En principio, tan solo mujeres y niños podían subir a estos botes pero el oficial al mando quiso hacer una excepción con el señor Straus debido a su avanzada edad.

No obstante, él se negó categóricamente

Su esposa, Ida, había logrado subirse al bote, pero al ver que su marido no embarcaba, saltó de el.

Según los testigos del momento, las palabras textuales de Ida fueron: “Hemos estado juntos durante muchos años, donde tú vayas, yo voy”.

Después de esto, existen dos versiones:

Unos dicen que se sentaron en dos hamacas de cubierta tomados de la mano antes de que una ola los arrastrara a ambos al mar.

Otros cuentan que regresaron a su camarote y permanecieron abrazados hasta su muerte.

Esta último versión fue recreada años más tarde, en 1997, en la famosa película del Titanic en el que una pareja de ancianos se abraza en la cama mientras el agua subía a su alrededor hasta cubrir el camarote.

En ambas versiones, se dice que ellos le pidieron a uno de los panaderos del Titanic que les atasen los pies para que cuando el agua los alcanzara sus cuerpos no se separasen.

No obstante, en los días posteriores a la tragedia, el cuerpo de Isidor fue hallado y enterrado en el cementerio de Woodlawn en Nueva York, pero el cádaver de Ida jamás apareció.

Pese a eso, un mes más tarde, una ceremonia celebrada en su memoria logró reunir a más de 6.000 personas en el Carnegie Hall, en Manhattan, Nueva York.

De igual forma, la ciudad decidió rebautizar como “Straus Park” al parque situado en la intersección de la calle 106 y Broadway, muy cerca del lugar donde residía la pareja.

Además, tres años después, las autoridades convocaron un concurso para erigir en este parque un monumento a la memoria del matrimonio Straus. En total, se presentaron 59 proyectos.

La propuesta ganadora fue un diseño del  escultor Augusto Lukeman en colaboración con el arquitecto Evarts Tracy, el cual incluía un pequeño estanque alimentado por una fuente a dos niveles.

Encima de ella, una figura de bronce de una mujer reclinada. En la parte posterior, un banco de granito que representase un lugar de descanso. 

El memorial, sufragado en su totalidad por donaciones públicas, fue inaugurado el 15 de abril de 1915 y en su parte posterior puede leerse la frase:

“Amados y queridos fueron en su vida y en su muerte no fueron separados”.

En 2007, este monumento fue restaurado y el estanque sustituido por un lecho de tierra con flores para facilitar su mantenimiento y preservación.

Por: Jessica Dos Santos

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