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Volver a pasar por el corazón

En diciembre, al igual que en la víspera de mi cumpleaños, me da por hacer un raro conteo mental de lo que viví en el transcurso del año incluyendo las cosas que logré y las que se quedaron en una larga lista de espera.

Recuerdo que a mitad de año, una amiga me dijo “siempre que nos encontramos te ves más cansada”. Me limité a sonreír pero en mis adentros pensé: “mucho hago estando de pie”.

2021 fue un año particularmente difícil para mí. En medio de ese raro contexto, nació esta columna, que en algunos días celebrará su primer aniversario.

Las últimas noticias del amor llegó con ímpetu pese a ser hija de la pandemia o quizás, por loco que suene, esté algo agradecida de que finalmente los temas emocionales hayan tenido algo de cabida en nuestro “maravilloso país en movimiento”.

Acá mis historias personales se han ido entrelazando con las de mis lectores y de una u otra forma he aprendido a conocerme y conocer a los otros. Recordar juntos es un ejercicio que nos une.

Recordar, del latín «re» y «cordis»: volver a pasar por el corazón. Contar y escribir es una forma de volver a mirar lo que nos ha sucedido con otros ojos, con otro lenguaje. Es volver al pasado para desenterrar pequeños tesoros escondidos en nuestra memoria.

Por eso, entre un texto y otro, he adquirido lecciones vitales:

– Todos cargamos heridas emocionales que aún no hemos podido cerrar… Incluso aquellos que se niegan a verlas. En algunos casos, puede que jamás logremos cicatrizarlas. Pero si queremos ser felices, nos toca intentarlo. Para eso, existen montones de remedios que van desde mirar al cielo y respirar profundo hasta escribir o asistir a terapia. Solo usted puede y debe evaluar el grado de efectividad de cada uno. Entendiendo además que la felicidad no es un estado 24/7 aunque algunos quieran obligarnos a estar alegres y positivos a juro y porque si.

– Si usted es un adulto, entonces debe hacerse responsable de sus actos. Da igual que todo su accionar esté anclado a un trauma de la infancia. A esta edad, ya tienes la posibilidad de hacer algo, auto abrazarte, perdonarte, trabajar en tu bienestar y evitar ir jodiendo a los demás.

– En efecto, la familia y la crianza son los orígenes de casi todo lo bueno y lo malo que nos habita, lo que somos. Pero esto no tiene por qué traducirse en una condena. Es solo una señal de alerta sobre aquello que no deberíamos repetir a la hora de conformar nuevos núcleos familiares y emprender nuestro propio proceso de aprendizaje/enseñanza.

– Evitemos emitir comentarios sobre situaciones que desconocemos, ni formular preguntas incómodas o lanzar veneno en forma de frase casual. Finalmente, solo las ollas conocen los hervores de su propio caldo. Usted no sabe si aquella treintañera lleva años intentando tener hijos pero su cuerpo no le responde ni si los kilitos de más de su compañera de trabajo han sido originados por una profunda depresión.

– Para transitar la vida, necesitamos amor. El imprescindible es el propio. Del resto, usted puede escoger con cual cobija desea arroparse. Lo importante, después de todo, es hacer de nuestro tránsito por esta vida un viaje ligero y digno de recordar. 

– El amor es para valientes. Aprender a amarse a uno mismo y al otro es una tarea inmensa pero necesaria. No claudiquemos. Feliz año nuevo. 

Cuéntame tu historia, redáctala como sea, juntos le damos forma y la compartimos. Difundir las distintas formas del amor, siempre es necesario: [email protected]