La guerra que nos metió en la historia

Es conocido el aserto de que la historia la escriben los vencedores, mas no deja de ser una generalización que desaira los matices. La historia la escriben, y la describen, quienes la miran con paciencia cartuja, aquellos que recogen la versión del vencedor pero también la del vencido, y saben que en ningún caso unos y otros conservarán sus roles por toda la eternidad.

El estudio de la historia supone el reconocimiento de estas manifestaciones que van produciéndose con cada ciclo temporal. La observación no podría darse desde una sola perspectiva. Este análisis, así, resultará fecundo para hallar verdades más allá de los propios actores, verdades cuyo origen es posible verificar en tiempos y espacios diferentes.

En ese sentido, la historia del proceso independentista del continente latinoamericano es una veta de tópicos universales, cuya proximidad facilita la comprensión de sus aconteceres a los hombres y mujeres del presente. Sí, 200 años son nada en la curva evolutiva de la humanidad, y sin embargo una investigación como la que realiza Sergio Guerra Vilaboy, en esta reciente publicación de Monte Ávila Editores, supone un recorrido arduo y meticuloso.

Hablamos de un escenario, su objeto de estudio, que si no se desarrolló como un ente compacto en ello devino durante el proceso de conquista y colonización, cuando se nos ciñó un corset “civilizatorio” que nos promedió en la desgracia. Lo que hoy conocemos como América parte de un gran borrón realizado a troche y moche, una circunstancia vergonzosa sobre cuya valoración hace dos centurias los aquí nacidos comenzaron a estar de acuerdo.

“Jugar con fuego” desovilla, desde el panorama que ofrece la perspectiva comparada, las complejidades de este despertar –más bien desperezamiento–, que, afirmándose con gran dinamismo, en menos de tres décadas alcanzaría el umbral de la utopía integracionista. Un cuento en el que los hechos, determinados por la visión progresista de ciertos individuos, pusieron a los cabizbajos pueblos de América a mirar hacia el horizonte.

Desde la proclamación de Haití como estado soberano, en 1804, hasta las asechanzas que dieron al traste con el Congreso Anfictiónico de Panamá, en 1826, media una crónica vertiginosa, amalgamada de sucesos, que documentan la magnánima epopeya de Louverture, Bolívar, San Martín y otros tantos próceres libertarios.

El rótulo que Guerra Vilaboy otorga a los distintos capítulos del libro (“Alborada”, “Fisuras”, “El dilema”, “Jugar con fuego”, “Desenlace”, “Frustración” y “Utopía”) da cuenta de su intención narrativa. A ningún otro propósito debe aspirar el buen historiador que a la confección de un fascinante relato cruzado de datos históricos, tal como hace el autor en este documento excepcional, cuya primera edición, en 2010, obtuvo el Premio Casa de las Américas por el Bicentenario de la Emancipación Hispanoamericana.

Dado que se nos ha habituado a mirar cuanto sucede –no solo lo histórico– como efecto de una intención que al manifestarse se propaga en onda expansiva, cual dardo lanzado en el vacío, es loable la mención, en una obra como esta, de aquello que desdice lo fabular, es decir, de aquella duda que por momentos rebaja la determinación de nuestros héroes, de aquella distracción que quebranta la pureza de sus ideales, de aquella inflexión que obliga a la mudanza circunstancial de sus objetivos.

Esos matices han quedado registrados en la revisión que Guerra Vilaboy hace de un proceso cuya línea se interrumpe permanentemente por la contradicción. El movimiento independentista tiene diversidad de motivaciones, y su mérito estriba en el logro final del objetivo y no en la forma de alcanzarlo. Bolívar ¬–se evidencia en algún pasaje del libro– duda aún en 1814 sobre la libertad de los esclavos, Sucre sede a la presión interesada de los ciudadanos del Alto Perú, aboga San Martín por la instauración de una monarquía en Buenos Aires…

Las incongruencias, sin embargo, no desmeritan la concreción de una tarea que aún hoy cuesta explicarse. La liberación de un continente de 18 millones de kilómetros cuadrados a lomo de caballo y contra el imperio más grande del planeta, una conquista anticipada en la curva de los tiempos.

“Jugar con fuego” cierra en un tono quizá pesaroso. Dado que el premio mayor de aquellos guerreros, el ideario integracionista, no pudo ser logrado, mucho de lo obtenido eventualmente habría de perderse. Por no cerrar el círculo cuando el universo conspiraba para hacerlo, hemos tenido que esperar una nueva vuelta, que por ahora consume los dos siglos.

El libro en formato pdf puedes descargarse aquí, en la web de Monte Ávila Editores.

 

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