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Agricultura sustentable practican en El Hatillo

Vecinos crearon en el año 2020 una escuela agroecológica

Con el propósito de producir alimentos e incentivar a otros a cultivar para contribuir al desarrollo sostenible de la llamada Zona Protectora de Caracas desde el año 2020 se puso en marcha el proyecto Producción Agroecológica a escala familiar como alternativa a la tala y quema en la zona rural del municipio El Hatillo en el estado Miranda.

El proyecto dirigido por la Asociación Civil Casa de Cronopios, la Escuela Agroecológica del Hatillo y el apoyo del Programa de Pequeñas Donaciones de Venezuela, agrupa a cinco familias de la zona rural del municipio mirandino, que han logrado mediante el trabajo de campo evitar la degradación de los ecosistemas generadas por prácticas agrícolas no sustentables.

“Esta iniciativa tiene el propósito de impulsar la producción de alimentos, como una forma de contribuir al desarrollo sostenible, mediante tres ejes fundamentales como son: el fortalecimiento de las capacidades para la producción de alimentos a escala familiar, dotar a la comunidad con herramientas que agreguen valor a las cosechas y generar criterios de producción y medios de vida”, explicó Eleazar Quintana, integrante de la Escuela Agroecológica del Hatillo.

El surgimiento de la escuela agroecológica fue en plena pandemia del covid-19. La visión de un grupo de agricultores y cultores que se reunían en plena emergencia sanitaria, para intercambiar saberes, dieron espacio para su conformación.

Quintana rememoró que hace dos años la cuarentena por prevención ante el coronavirus afectó la producción de alimentos en el planeta, lo que generó dudas de cómo serían los días siguientes para Venezuela. Bajo esa gran duda, los integrantes del movimiento comenzaron a idear planes que respondieran al amparo de la alimentación de las familias de El Hatillo, realzando la labor de los que trabajan la tierra. 

Entre las ideas para llegar a las personas que deseaban aprender sobre cómo cultivar los alimentos que llevarían a su mesa en tiempos de pandemia, y para hacerlo una actividad perdurable, iniciaron una campaña en redes sociales promoviendo la importancia de la producción local de alimentos y el papel esencial de los agricultores en ese momento histórico.

Héroes agricultores

Los trabajos de comunicación en redes sociales y los encuentros para debatir y contrastar conocimientos y experiencias llevaron al desarrollo del proyecto de cultivo de alimentos, en medio de la desafiante pandemia, donde la tenacidad y muchas otras lecciones aprendidas llevaron al colectivo a innovar para lograr la meta, producir y servir a la comunidad, en momentos críticos.

Durante la cuarentena, los integrantes de la escuela agroecológica se reunían manteniendo las medidas de bioseguridad y dictaron 11 talleres donde los expertos explicaban cómo hacer fertilizantes naturales, obtener bioinsumos y mejorar los suelos para la producción; se instruyeron en la fabricación de herramientas elaboradas a partir de materiales reciclados como picos y otros.

En el proceso se distribuyeron semillas y bioinsumos a 100 agricultores, con la colaboración de la Corporación Venezolana para la Agricultura Urbana y Periurbana. Como resultado, se logró producir 200 litros de té de vista, 200 litros de biol, 50 litros de caldo sulfocálcico y 100 kilos de microorganismos de montaña.

Sumado a la producción se construyeron dos deshidratadores de uso colectivo, que aportan valor a las cosechas de los agricultores y protegen el ambiente al no generar emisiones de gases con efecto invernadero, factor que ocasiona el cambio climático.

Todos los trabajos realizados llevaron a la agrupación de 10 personas a preparar y sembrar una parcela de 3.000 metros en jornadas de trabajo semanales, destacó.

Para los años 2021 y 2022 la escuela dictó otros cinco talleres sobre el envasado al vacío y el proceso de deshidratación de alimentos, para lo cual se adhirieron al proyecto los carpinteros locales, quienes fabricaron siete deshidratadores solares en dos modelos pequeños, que están siendo distribuidos entre una red de mujeres que promueven la alimentación saludable, experimentando en sus casas para crear productos deshidratados comercializables a partir de sus cosechas o de los vecinos.

Vino artesanal. Partiendo de la visión de un futuro sustentable para los venezolanos y contribuir con el ejemplo al mundo, surgió de los hogares hatillanos otro proyecto denominado Fronvinos, conformado por una pequeña empresa familiar, encargada de elaborar vino blanco seco, a base de pulpa de parchita.

“Mejoramos la imagen del producto final destacando su contribución al desarrollo sostenible. La meta es que el próximo año, el vino sea elaborado 100% con parchitas producidas agroecológicamente en El Hatillo y que, además, los productores y sus familias puedan comerciar otros productos elaborados con la cáscara”, explicó César Aponte, coordinador del proyecto.

En la ONU

Con el surgimiento del gran proyecto de la Escuela Agroecológica de El Hatillo, bajo la tutela de la Casa de Cronopios y el Programa de Pequeñas Donaciones, el colectivo logró impulsar la producción de alimentos sostenibles desde un punto de vista nutricional y ambiental, mediante la calidad y las buenas prácticas ambientales.

Los resultados y los proyectos aún en marcha incentivaron al grupo de agricultores a contar sus experiencias en los debates, procesos y resultados, en un documento titulado Transformación del Sistema alimentario para el Desarrollo Sostenible de El Hatillo, el cual fue presentado como un diálogo independiente ante la Cumbre de Sistemas Alimentarios de la Organización de las Naciones Unidas.

Trabajan en proyecto de tomates deshidratados.

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