Animales silvestres no califican como mascotas

Hace algunos años atrás, en un apartamento en Los Ruices, en la ciudad de Caracas, vivía en una jaula grande de loro un pequeño monito capuchino. Era la querida mascota de una familia y era diligentemente cuidado por uno de sus integrantes, quien siempre ha tenido amor por los animales.

El monito había crecido y comenzó a escaparse, hasta llegar al punto de meterse por una ventana a otro apartamento y aterrorizar a los que allí vivían, como si King Kong los hubiera invadido. En vista de este evento, la familia muy preocupada decidió llevar al monito al Parque del Este, donde había una manada de este tipo de animalitos en cautiverio.

Los monos son una de las especies de fauna silvestre que de mala manera se pretenden domesticar para vivir en el hábitat de los humanos, sin considerar, por ejemplo, que para que un animalito de este tipo esté en una familia implica la muerte al menos de la madre del primate y, obviamente, se altera un ecosistema protegido por las leyes, no solo nacionales sino por tratados internacionales que obligan a preservar el medio ambiente.

Cuando se empeñan en mantener un ser vivo que pertenece a otro ecosistema y que es en ese ambiente donde plenamente se puede desarrollar y cumplir con sus funciones ecológicas, indispensables para la conservación del planeta, se le está haciendo un daño a la humanidad, lo cual a largo plazo se reflejará en la extinción de esa especie, que pertenece a su selva y debe estar en libertad, no en cautiverio.

La Ley Orgánica del Ambiente como marco normativo principal para regular la protección del ecosistema, y más por ser Venezuela un país con grandes recursos naturales y una diversidad biológica inmensa, establece como una medida de seguridad la devolución al medio natural de los recursos o elementos sustraídos del lugar donde pertenecen.

Tal medida es reforzada por los tipos penales establecidos en protección de la fauna silvestre en la Ley Penal del Ambiente, dispuestos entre los artículos 71 y siguientes, tales como tráfico y tenencia ilegal de ejemplares de fauna silvestre, aprovechamiento ilegal de especies que formen parte del patrimonio forestal y la invasión a los predios o espacios donde se encuentren las reservas de estos animales.

Los proteccionistas aseguran que amar a los animales no es tener en la residencia a una mascota exótica disfrazada de algún súper héroe como si fuera un perro o un gato, por lo contrario, aclaran que amar a los animales es respetar que pertenecen a un ecosistema propio donde ellos se proveen de alimentos y se desarrollan para conservar su progenie en el planeta.

Datos

El artículo 71 de la Ley Penal del Ambiente establece que quien aproveche ilegalmente de especies del patrimonio forestal sujetas a veda será sancionado con prisión de uno a cinco años o multa de 1.000 a 5.000 UT.

El artículo 114 de la Ley Orgánica del Ambiente indica que en toda sentencia condenatoria por los delitos en los cuales resulten daños o perjuicios contra el ambiente, el juez podrá imponer al responsable o responsables la obligación de ejecutar la remisión de elementos al medio natural de donde fueron sustraídos, en caso de ser posible y pertinente.

El tráfico o cautiverio de la fauna silvestre se puede denunciar en la sede del Ministerio para el Ecosocialismo, en la Torre Sur del Centro Simón Bolívar, en la plaza Caracas. En el Centro de Atención al Usuario del Ministerio Público en la avenida Urdaneta, así como en la Guardería Ambiental de la Guardia Nacional Bolivariana.

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