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Celebran con oraciones y fe la aprobación del milagro

Entre emociones, fe y lágrimas se reunieron ayer los devotos del doctor José Gregorio Hernández, en la iglesia Nuestra Señora de La Candelaria, para elevar una oración de agradecimiento a Dios por la noticia del Vaticano de la aprobación del primer milagro del médico venezolano para lograr su beatificación.

“Yo estoy demasiado emocionada por la noticia, se está haciendo justicia divina, José Gregorio Hernández podrá ser beato”, atestiguó una señora que se encontraba en el sitio en el que reposan los restos del doctor desde 1975.

Las declaraciones de fe fueron continuas. Quien entraba a la iglesia se paraba en frente de la imagen de Goyo a persignarse, ofrecer sus plegarias y en algunos casos encenderle una vela, la gran mayoría con cara de felicidad. “Esa noticia me ha alegrado muchísimo, precisamente hoy vine a eso, a agradecer primero a Dios, y luego al doctor; era justo y necesario”, afirmó Crisencia Mora.

Historia de fe. Con sollozos y los ojos llenos de nostalgia, Marina Guerra cuenta la historia que la hizo convertirse en una eterna creyente del doctor José Gregorio Hernández.

“Hace 27 años estuve a punto de perder a mi hijo y es aquí donde comienza mi testimonio de fe”, cuenta Guerra, mientras expresa el gran agradecimiento por poder traer al mundo a su último hijo y tenerlo a su lado sano.

“Pensé que iba a perderlo, de hecho el doctor durante todo el embarazo me advirtió que podría abortarlo en cualquier momento, con cualquier golpe, tropiezo o caída por más pequeña que fuera”, continúa narrando, mientras respira lentamente para evitar que caigan las lágrimas.

Cuando iba a dar a luz, afirma que lo sintió y se encomendó al doctor para que fuera él quien atendiera su parto.”Cuando llegó el día estaba tranquila, tanto así que hasta me bañé y me fui a la clínica con calma. Cuando llegué habían muchas mujeres gritando y desesperadas; yo no grité ni me aceleré. Mi único miedo era no traer a mi bebé al mundo”, dice.

“Me dieron prioridad, aunque yo no gritaba, la doctora que iba a asistir mi parto notó que ya estaba a punto de dar a luz, entonces fue cuando me acostaron en la camilla y empecé a orar, cerré mis ojos y solo pensaba en que quería que mi hijo naciera. Fue entonces cuando lo ví ¡Sí, yo lo vi! de hecho nadie me prestó atención cuando lo conté, supongo que era algo difícil de creer, pero a mi me pusieron pitocin y cuando abrí los ojos el doctor José me sobó la barriga y al rato tuve a mi bebé”, describió al tiempo que aseguraba que nunca estuvo dormida.

Finalmente, aseveró que como muestra de agradecimiento y promesa, llevó a su pequeño al santuario de Isnotú, en el estado Trujillo, a pagar el milagro que le habían concedido.

“Cuando el niño tenía cinco años, fuimos a ver al doctor en Isnotú; fue otra experiencia increíble. Hasta el día de hoy le agradezco diariamente lo que hizo por mí, y cada día le pido por mi salud y la de los míos”, indica.

Entre tanto, un grupo de adultos mayores que se encontraban también en la iglesia de La Candelaria, comentaron que existen milagros que no se han contando. “Yo tuve la muerte de frente, pero me salvé gracias al doctor”, opinó un hombre que confirma que está vivo gracias a José Gregorio Hernández.

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