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Doulas y promotoras garantizan partos felices

“Cuando comencé a escuchar la palabra doula, no me decía nada. Sin embargo, al salir embarazada nació mi vinculación con el término y con este oficio, pues por cuenta propia decidí buscar el acompañamiento de una de ellas durante mi gestación, parto y lactancia, lo cual constituyó una experiencia orientadora que involucró también a mi pareja en el proceso”. Así describe Karla su experiencia con una doula.

Explicó que “con el progreso de mi barriga acudía regularmente a mis sesiones semanales con mi doula, en las que, junto a otro grupo de embarazadas, recibía nociones prácticas sobre posturas, relajación, respiración, ejercicios, lactancia y todo lo relativo a mi estado”. Una vivencia que, según sus propias palabras, le proporcionó conocimientos valiosos sobre aspectos relativos al embarazo y los cuidados maternos, además de un gran apoyo emocional extensivo a su círculo familiar, lo cual explica el verdadero concepto de esta labor.

El vocablo “doula” fue acuñado a finales de los años 70. En Venezuela ya hace más de 20 años que se conocieron las primeras doulas, y en la actualidad, a través de iniciativas privadas, se dictan cursos de acompañamiento y apoyo a la parturienta como parte del proceso de formación.

De comadronas a promotoras comunales. Por iniciativa del doctor José María Vargas, en la década de 1830 se dictó el primer curso, organizado por la Facultad de Medicina de la Universidad de Caracas, para aquellas parteras que quisieran titularse como tales, y por tanto ejercer su oficio de forma institucionalizada.

A partir de entonces se generalizó el oficio de partera, que también se llamaba comadrona. La primera venezolana titulada fue Petrona Luna, pero una de las de mayor aceptación fue Plácida Guevara, oriunda de Puerto Cabello.
Juana Guillén y Cirila Vegas son los nombres de dos mujeres ligadas al oficio de ser comadronas en la región de Barlovento, estado Miranda, cuya labor fue reconocida en 2016 por el Instituto de Patrimonio Cultural, gracias a su atención a las parturientas en el siglo pasado.

Guillén recuerda su labor con mucho amor, y relata que antes de comenzar su trabajo se encomendaba a Dios para que todo saliera bien, sin inconvenientes. En su haber tiene alrededor de 500 niños y niñas traídos al mundo.
Respecto a las comadronas, muchas abuelas rememoran sus alumbramientos en la calidez de su casa con la asistencia de la partera de la zona. Luego del nacimiento seguía el acompañamiento, donde se cuidaba el estricto cumplimiento de la cuarentena. Así, la recién parida quedaba resguardada en un cuarto lejos de las corrientes de aire, muy bien abrigada de pies a cabeza y con una alimentación basada en un nutritivo hervido de gallina.

El primer censo de patrimonio cultural 2004-2007 registró en el territorio nacional a 56 parteras activas, quienes son las sobrevivientes de un oficio que está en extinción, pero que en los últimos años ha sido reivindicado.
Se trata entonces de sumar el legado de las comadronas, la tecnología, los avances médicos y el humanismo para contrarrestar los formalidades hospitalarias, la mercantilización de la medicina y el poco empoderamiento de la mujer sobre su cuerpo, con la labor de las doulas y promotoras comunales del parto humanizado.

En el contexto actual, se escucha por igual “doulas” o “promotoras comunales del parto humanizado”, dos denominaciones con un único fin: el acompañamiento a las mujeres y sus familias desde la comunidad en los procesos de gestación, parto, nacimiento, postparto, lactancia materna y crianza respetuosa, de manera corresponsable y rescatando el significado de las propias capacidades de las mujeres.

Las promotoras comunales del Plan Parto Humanizado fueron instruidas para garantizar nacimientos felices, para lo cual deben pasar por un curso que consta de tres módulos: el primero está enfocado en el conocimiento del cuerpo y los derechos femeninos; el segundo tratará el proceso de gestación, el parto, nacimiento, la lactancia materna y crianza respetuosa, mientras que el tercero ofrecerá las herramientas de abordaje comunitario que tendrán las formadoras.

Hoy se enlaza la función de las promotoras comunales de parto humanizado con las antiguas comadronas, y a decir de la integrante del programa gubernamental, América Villegas, hay una recuperación de los saberes ancestrales indígenas y africanos, que se expresa en ese acompañamiento a las futuras madres.

Asistencia. Aunque se ha generalizado la aceptación de las doulas, también existe una tendencia mundial a rechazarla con diferentes argumentos, e incluso se llega a decir que esa palabra no figura en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua; sin embargo, el término se manejaba en la Antigua Grecia, donde la doula era una sirvienta que hacía las labores del hogar tras el parto.

Para enfrentar a sus detractores, la doula Génesis Montalvo aclara que su función es “asistir a la familia y propiciar un ambiente tranquilo y placentero para el nacimiento. Siempre tenemos presente que el papá o el miembro de la familia que acompaña a la parturienta son los coprotagonistas del momento. Ellos también están en libertad de brindar apoyo emocional y físico durante el trabajo de parto.”

Señala que uno de los objetivos es propiciar el parto natural en una época en la que la tendencia es realizar cesáreas innecesarias, lo cual lo corrobora la Organización Mundial de la Salud cuando estima que el índice ideal de cesáreas por región debe oscilar entre 10% y 15% de los nacimientos; no obstante, en Venezuela se dice que más de 60% de los embarazos terminan en esa intervención.

Vinculado a su labor, Montalvo refiere que en ciertas ocasiones su acompañamiento durante el trabajo de parto no ha tenido un final natural, sino que ha sido necesario realizar una cesárea. A pesar de ello, no se reduce su presencia y sigue las pautas para que la madre no pierda el contacto con el recién nacido, y comience su lactancia lo más pronto posible.

Finalmente, expresa su satisfacción por involucrarse en cuerpo y alma con esa mujer que va a traer una nueva vida al mundo, escuchándola con comprensión y satisfaciendo sus necesidades básicas de hidratación, masajeándola, instándole a respirar correctamente en el momento de las contracciones y acompañándola en cada paso.

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