En el zoo del Parque Miranda cada animal tiene su historia

El puma comparte día por medio su espacio con el jaguar/ Fotos de Jacobo Méndeez

Aunque pequeño y poco conocido como zoológico, el parque Generalísimo Francisco de Miranda, o Parque del Este, exhibe desde su inauguración en 1961 una atractiva colección de fauna en cautiverio para su conservación y disfrute de los visitantes de esta extensa e importante área verde de esparcimiento de la ciudad.

Los monos capuchinos, uno de los animales favoritos de los visitantes, especialmente de los niños por sus juegos y ocurrencias, son de las especies exhibidas que más han perdurado en este lugar. Pese a que estas criaturas pueden vivir hasta los 25 años de edad, según la auxiliar veterinaria del Parque del Este, Sthefanie Vargas, se reproducen con facilidad, manteniendo viva la especie.

El parque está abierto al público durante las semanas de cuarentena flexible por coviid-19

En las casitas de los monos juegan a diario un total de 12 de estos animalitos capuchinos, denominados de esa manera por el color de su pelaje que parece la vestimenta de los frailes capuchinos, cuya capucha tiene un color similar a los pelos que rodean sus simpáticas caritas. El más viejo, que es el más identificable de la camada por su tamaño -es el más grande-, es un macho de 20 años de edad que lo bautizaron “Malandro”, quizás por su habilidad para arrebatar objetos a las personas.

Los monos, el gran atractivo de los pequeños
Este es «Malandro», veterano entre los monos
Ahí va «Malandro»

Daniel Ramírez, asistente veterinario del Zoológico de Caricuao, explica que este tipo de monos necesita de un ecosistema de vegetación denso y húmedo para poder vivir, y que Caracas no reúne esas condiciones. “Estos monos pueden encontrarse en cualquier parte del mundo que cumpla con características de vegetación tropical como la India, Venezuela, el Amazonas. Lo que varía entre ellos es la pigmentación del pelaje, que depende de su alimentación y cantidad de sol que reciban.

En la ciudad solo podemos disfrutar de su presencia en el Zoológico de Caricuao de forma libre y en cautiverio en el Parque Miranda.

En cuanto a la alimentación de estos monitos, su dieta se basa en frutas y vegetales. “Los monos comen toda clase de frutas como lechosa, piña, mora, remolacha, vainitas, acelga, cambures”, señala el cuidador de las aves del Parque del Este, Juan Pérez.

Sobre este punto hace un llamado de atención la auxiliar veterinaria del Parque del Este, quien a diario debe lidiar con decenas de visitantes,, que por ignorancia y para interactuar con estas criaturas les dan de comer cotufas, cheestris, pan, tortas u otro alimento procesado. “Han sido muchos los monos capuchinos que se han enfermado y hasta muerto por ingerir este tipo de comidas”, alerta.

Y como ejemplo comenta lo que le sucedió a las dos simpáticas y juguetonas nutrias que tenía el parque, Peter y Kalioper, que mucho se especuló la posibilidad de que la segunda fuera sacrificada después de escapar de su área de cautiverio y morder a un visitante. Ambas murieron por la misma razón, una obstrucción intestinal, que según información de Vargas se debió a los alimentos procesados que niños y adultos les lanzaban. Las autoridades decidieron no traer más de estas especies para la exhibición.

Los caimanes, babas y tortugas

Otros de los animales que tienen mucho tiempo en el zoológico del parque, y que son otro impresionante atractivo de la colección, son tanto los caimanes de la Costa y del Orinoco, como las babas, las tortugas Galápagos, Terecay y Arrau.

Los caimanes son quizás los huéspedes más viejos de este lugar. Existen dos de la Costa, que son una especie de cocodrilo de gran tamaño: Diana, que tiene unos 30 años de edad, y Pacú, un macho que podría estar entre los 40 y 50 años.

Caimán de la Costa

Ramírez explica que la edad de los caimanes se puede calcular por su tamaño. Y es que al salir del huevo, estos animales, que según el Libro Rojo de la Fauna Venezolana se encuentran en peligro de extinción, pueden llegar a medir entre 25 y 50 centímetros de longitud, y al crecer, el macho puede llegar a medir hasta 6 metros, mientras que la hembra puede llegar hasta los 4 metros.

“Al ser reptiles, ellos crecen hasta el día que mueren”, acota Ramírez. La última vez que midieron a Pacú, hace diez años, medía alrededor de 2 metros.

En cuanto a su esperanza de vida, dice Ramírez que hay caimanes que pueden vivir hasta los 70 años, pero que “todo depende del espacio y la comida”.

Según registros citados por el Libro Rojo de la Fauna Venezolana, estos caimanes, que tienen presencia en Venezuela a lo largo de la costa Caribe, desde la Guajira hasta el extremo de la península de Paria, así como en la cuenca del Lago de Maracaibo, son animales muy peligrosos; y aunque no han llegado a lastimar a ningún trabajador del parque, lamentablemente Diana y Pacú han resultado heridos por visitantes inconscientes que les han lanzado piedras.

Los más longevos

Los caimanes del Orinoco Juancha y Pancho son otras de las especies de cocodrilos más longevas del zoo. Ambas, según su última medición realizada hace diez años, deben pasar los 4 metros de longitud. En cuanto a su edad, aunque los registros que maneja el parque son inexactos, deben estar por encima de los 40 años.

Juancha y Pancho, caimanes del Orinoco

Esta especie de cocodrilo, que es endémica de la cuenca del Orinoco entre Colombia y Venezuela, según señala Wikipedia, se le considera el mayor depredador de América Latina, así como una de las más grandes, con una longitud máxima registrada en los machos de 7 metros con un peso de hasta 428 kilogramos. Las hembras, por su parte, pueden alcanzar los 4 metros y pesar hasta 211 kilos.

Asimismo, según el Libro Rojo de la Fauna Venezolana, como los caimanes de la Costa, también se encuentran en peligro.

Lamentablemente, Pancho, el caimán del Orinoco macho, está ciego. Uno de sus ojos tiene una especie de úlcera causada por la edad, que le impide ver, mientras que el otro fue gravemente afectado por una piedra que le tiró un visitante.

En cuanto a las babas, que son seis, son una especie de reptiles carnívoros característicos de Centroamérica y el noreste de Suramérica que pueden medir hasta 1,4 metros las hembras y 2 metros los machos. En el Parque conviven en su área de cautiverio desde hace décadas con las tortugas Galápagos, Terecay y Arrau, animalitos endémicos de nuestro país que se encuentran vulnerables y en peligro crítico.

Los felinos: el jaguar y la puma

En este zoológico se puede disfrutar asimismo de la “tranquilidad” del longevo jaguar llamado Caroní, que tiene 19 años de edad (la esperanza de vida de estos animales es de 22 años); y de la joven puma de 4 años llamada Gissel, la más nueva adquisición del parque que nació en el Zoológico de Caricuao.

El jaguar del parque se llama Caroní y ya tiene 19 años.

Aunque ambos felinos deben compartir el mismo hogar, nunca se les deja juntos. “Un día sale el jaguar, otro día sale la puma. A los dos les gusta salir, pero no se pueden juntar y se intercalan los días”, señala Vargas.

“En Venezuela es más común encontrarse un puma que un jaguar, pero puede ser por accidente, porque suelen ser bastante esquivos. Un Jaguar no es tan esquivo, pero para encontrarlo hay que adentrarse en la selva. En estados como Yaracuy y Guárico ganaderos matan a jaguares que amenazan la vida de sus ganados. Venezuela es posiblemente un territorio de jaguares, pero por el crecimiento de las ciudades han ido disminuyendo”, señala Ramírez.

Los animales libres

La colección de fauna del zoológico del Parque del Este también toma en cuenta a los animales libres del ecosistema de la ciudad que se pasean dentro y los alrededores de este espacio verde. Las guacamayas, las aves pesqueras, los loros Guaros, las guacharacas, las perezas y ardillas son algunos de los ejemplares que los visitantes se pueden encontrar en su hábitat natural. El parque es asimismo un lugar de descanso a las 6:00am y 6:00pm de aves que se pasean por la ciudad.

No obstante, en el parque también han apostado por mantener como huéspedes a algunos animales libres que no forman parte del ecosistema de Caracas como los patos domésticos. Hace unos años se disfrutó por un tiempo de una bandada que se paseaba libremente por los lagos muy cerca de las personas, pero poco duró.

Ramírez explica que “aunque el pato es muy territorial y se extiende muy bien en sus espacios”, en el Parque Miranda “no está en completo aislamiento porque las personas se les acercan mucho, y los patos no sienten la seguridad de que no les vayan a hacer algo a sus polluelos, y eso hace complicada su reproducción”, ocasionando su desaparición paulatina.

Aunque estén sanos, los patos siempre necesitarán tranquilidad para reproducirse, además de que tienen una esperanza de vida muy corta.

“Son animales que sirven de alimento para otros animales. Son de longevidad corta, pero de buena proliferación. Pero si no están lo suficientemente cómodos para colocar las nidadas fallece la vieja generación y no hay quien los releve y empiezan a existir espacios generacionales. Y van quedando o sólo machos o sólo hembras. También los perros sueltos que entran al parque, visitantes que se los llevan. Son muchas cosas que limitan. Que fue lo que pasó en el parque”, señala.

Sin embargo, la Coordinación del Parque ha vuelto a apostar por sumar a la colección de animales libres a estas especies, trayendo desde el estado Portuguesa un grupo de patos domésticos para reproducirse y lograr tener de vuelta a una bandada de estas aves a los lagos del parque.

El aviario

En el aviario aún se encuentra una colección importante de aves fruteras y carnívoras representativas del país, aunque se halla reducido con el pasar de los años. En grupos o en parejas, en estas jaulas podemos encontrar diferentes especies como los loros guaros, guacamayas, cotorras, guacharacas, paujíes, reyes zamuros, caricares, búhos, entre otros.

El rey zamuro se impone en el aviario
Los visitantes retratan a los buhos en el aviario.

Muchos de los loros y guacamayas que han pasado por estas jaulas, señala Vargas, han sido donados por personas que los tenían en sus casa y que ya no podían atenderlos más; y como son animales que han estado en cautiverio no se pueden liberar y se mantienen en exhibición.

Asimismo, en este espacio del parque aún se encuentra la gigante jaula que albergó por muchos años a la famosa Águila Harpía llamada Morena, la cual murió en 2015 a los 45 años de edad; y que según Pérez, cuyo padre trabajó como cuidador de las aves por 43 años, había sido traída de La Guaira.

El Águila Harpía fue disecada y está exhibida en el Museo de Ciencia de Caracas.

“Los águilas harpías son originarias del Amazonas, pero su desplazamiento puede abarcar todo el territorio nacional con breves descansos en algunos estados. Son animales demasiado grandes que necesitan presas del tamaño de un mono capuchino”, señala Ramírez, los cuales pueden llegar a medir hasta 56 cm de longitud.

Las aves son alimentadas por Pérez todos los días. Su dieta se basa en frutas y semillas que el zoológico del parque adquiere cada 15 días, mientras que las rapaces lo hacen de carne de caballo.

La alimentación y cuidado de las especies carnívoras de la colección parece ser un tema resuelto, un convenio con el hipódromo les provee de la carne de los caballos que mueren, ya además se destinan con regularidad los recursos necesarios para la compra de frutas y semillas para el resto de la fauna exhibida. La auxiliar veterinaria del parque a veces tiene que lidiar con algunos visitantes que intentan dar de comer de sus chucherías a las aves, pensando que los están alimentando.

 

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