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Gregorio Sánchez: En Quimbiotec estamos abiertos a la inversión privada

Entrar a Quimbiotec es como llegar a uno de esos pueblitos andinos metido entre montañas. Ese Complejo Tecnológico Farmacéutico del Estado Venezolano, como lo presentan sus redes sociales, está situado en el kilómetro 11 de la Panamericana, cerca de San Antonio de los Altos (Miranda), rodeado de centenarios eucaliptos y otros árboles gigantes que atraen cualquier cantidad de paraulatas, torditos y gavilanes. Pero dentro de sus instalaciones, hay tanques de aluminio, microscopios, tableros electromagnéticos, cavas de mantenimiento del tamaño de una habitación y científicos vestidos con el atuendo apropiado para manipular componentes químicos con que se elaboran medicamentos almacenados en frasquitos para curar las “enfermedades huérfanas” como la Porfiria que la sufren 32 familias en Venezuela. 

El médico Gregorio Leopoldo Sánchez Salamé nos explicó detalles de ese padecimiento durante la entrevista a Últimas Noticias. Pero además, nos llevó a conocer los vericuetos del complejo industrial e hizo que los científicos nos explicarán cómo están aplicando un nuevo mecanismo para que quienes han sobrevivido al Covid-19, ayuden con su sangre a otros mordidos por ese virus que arropa al mundo entero.

“Somos una empresa del primer mundo”, soltó el gerente de mantenimiento Pedro Guerra cuando nos mostraba uno de los laboratorios traídos de Alemania en 1988 cuando nació Quimbiotec pero que tiene una autonomía de mantenimiento de 90% ejecutada por personal venezolano. “¿Usted ya donó sangre?”, nos preguntó Gracia Trujillo, la gerente de abastecimiento cuando enseñaba todo el procedimiento para tratar a los donantes que acuden al banco.  

—¿Cuál es la situación de Quimbiotec?

—Hay bastante vocación, pero las limitaciones son muchas. La producción de la planta está detenida parcialmente y son múltiples las circunstancias que llevaron a esta situación: las medidas impuestas sobre Venezuela, ilegales e injustas, han limitado el acceso a recursos financieros y la intermediación con proveedores. Pero no nos hemos detenido, porque el mantenimiento de esta industria requiere de una actividad constante en sus órganos vitales. Sus aparatos de refrigeración, sus calderas, sus equipos de sistemas críticos tienen que estar 24 horas sobre siete días a la semana siempre moviéndose.  

—¿Qué se está haciendo desde acá para revertir esa situación?

—Hay cosas que estamos haciendo como la producción de nuestros principales productos y estamos recuperando las condiciones para el reinicio de la producción, porque nuestra razón social es la fabricación de medicamentos biológicos y algunas elaboraciones farmacéuticas. La vocación principal de Quimbiotec es producir medicamentos biológicos de dos tipos principalmente: hemoderivados (medicamentos derivados de la sangre) y fármacos recombinantes por el uso de ingeniería genética de biotecnología.

—¿Cuáles de esas áreas se encuentra activa en Quimbiotec?

—Nos encontramos activos y produciendo las elaboraciones farmacéuticas para atender enfermedades huérfanas, que no son atendidas por el mercado. 

—¿Enfermedades huérfanas?

—Sí. Esa es una denominación genérica. La enfermedad de Wilson, la Porfiria, los trastornos innatos del metabolismo. Son enfermedades de muy baja prevalencia, es decir, que se producen muy raramente, en determinado número de población. Generalmente son hereditarias. El número de personas afectadas las hace huérfanas porque no son atrayentes para la industria farmacéutica que se orienta principalmente en las ganancias de mercado. Quimbiotec desde hace más de 15 años produce medicamentos para atender esas enfermedades de baja prevalencia. 

—¿Cómo se manifiestan esas enfermedades huérfanas?

—La enfermedad de Wilson son trastornos del metabolismo del cobre. Por problemas enzimáticos que son transmitidos hereditariamente, hay personas que no pueden metabolizar el cobre y éste se les acumula en el cuerpo y se vuelve tóxico; de allí que la persona presenta manifestaciones neurológicas, cerebrales y gastrointestinales diversas. La Porfiria afecta el metabolismo de la hemoglobina y de los glóbulos rojos. A la persona que la padece le dan crisis dolorosas abdominales, puede haber trastornos de la conducta. 

—¿Cuáles son los principales productos que fabrica Quimbiotec?

—De la sangre, que es nuestra materia prima, se pueden extraer por técnicas de fraccionamiento, múltiples elementos. Estos elementos son proteínas. La primera proteína médica derivada del plasma es la albumina y las inmunoglobulinas (anticuerpos). De éstas últimas hay muchas: hay unas que sirven para el tratamiento de infecciones y antitetánicas. Pacientes que sufren de Tétano o de Hepatitis, se les toma sangre y se va fraccionando, purificando anticuerpos específicos contra esas dos enfermedades, para luego extraer el remedio.   

—¿Trabajan en algún proyecto de tratamiento para atenuar las consecuencias que deja el Covid-19?

—Sí, sí. Fíjate, una persona que se infecta de Covid genera anticuerpos; esos anticuerpos son proteínas presentes en el plasma. Muy temprano en la epidemia y muy conocido en la historia se vio que enfermedades nuevas como esta, ante un agente causal desconocido, una alternativa era transfundir plasma de personas enfermas y recuperadas a otras que la estuvieran padeciendo. Porque en el plasma van esos anticuerpos protectores. En el inicio de la pandemia tenía sentido explorar toda alternativa posible y Quimbiotec junto con el banco de sangre asumió esa responsabilidad.

—¿Y cómo asumieron esa responsabilidad?

—Diseñamos un protocolo, lo sometimos al comité terapéutico del Ministerio de Salud, lo discutimos en sus aspectos éticos y legales y se puso a la disposición. En el transcurso de año y medio de su uso, tanto a nivel mundial como en nuestra casuística vemos que la utilidad puede estar limitada a determinado tipo de casos y han ido avanzando otras alternativas primordialmente para la prevención que son las vacunas.

—¿Se está aplicando? ¿En qué tipo de pacientes se aplica ese protocolo?

—Sí se está aplicando. El protocolo fue diseñado para pacientes moderados y graves. La epidemia nos puso a todos en punto cero, todos iniciamos una carrera: aquellos que tienen capacidades científicas y metodológicas fuimos avanzando en explorar el protocolo. La evidencia hasta ahora nos indica que el Plasma de Convaleciente, como bautizamos el protocolo, tiene una limitada efectividad en determinado grupos de pacientes. Con ese plasma se pueden ensayar otras alternativas terapéuticas que siguen su curso. En el marco de la pandemia hemos tenido la política de articulación entre el sector salud, ciencia y tecnología teniendo en Quimbiotec como un centro donde se han vinculado las necesidades de esos sectores. 

—¿Esos medicamentos que ustedes fabrican se expenden en farmacias?

—Nuestro principal beneficiario es el sector público, pero también producimos para el subsector privado. Muchos de nuestros medicamentos son de alto costo, de uso exclusivamente hospitalario y relacionados con la salvación de vidas: catástrofes naturales donde hay lesionados que necesitas reponerle albumina, situaciones bélicas, personas quemadas, accidentados, intervenciones quirúrgicas de envergadura. En nuestro contexto nunca habíamos tenido la inmediatez de un conflicto donde la sangre y los hemoderivados son estratégicos para atender esas situaciones. Esto lo entiende muy bien seguridad y defensa de la nación; el valor de la sangre y por lo tanto el interés de que esta empresa se mantenga como una empresa de carácter público es porque es estratégica para el estado venezolano. Eso está perfectamente claro. 

—Al principio usted hablaba de las dificultades para acceder a recursos por efectos del bloqueo impuesto a Venezuela. Siendo una empresa estratégica, ¿Qué alternativas propone para su financiamiento?

—Si nuestras necesidades son financiamiento debido a las medidas injustas que nos han sido impuestas desde otras naciones, tenemos que explorar alternativas de financiamiento para recuperar las condiciones de producción que la planta ha demostrado. No es una promesa; ya la planta tuvo unos niveles de producción importantes que ahorita necesita inversión. 

—¿El Estado les da un soporte financiero? ¿Es suficiente?

—En el panorama actual hemos recibido un apoyo del Estado determinante que tiene que ser consolidado, aumentado y mantenido. Y estamos abiertos como Estado a la inversión privada, siempre que se mantenga el carácter público de la empresa. En esta coyuntura es una alternativa, todo el marco legal que estamos haciendo, la Ley Antibloqueo para explorar alternativas de financiamiento que nos puedan poner en interlocución con capitalistas venezolanos nacionalistas que tengan a bien invertir en esta industria estratégica para el Estado. 

—¿Han iniciado ese acercamiento con el sector privado?

—Hemos iniciado ese acercamiento con inversionistas, empresarios venezolanos interesados en invertir acá, que saben que desde el punto de vista de rentabilidad económica es provechoso y que tienen presente la rentabilidad social: atender enfermedades de alto costo, situaciones de desastres, de calamidad pública, preparar nuestras condiciones para una eventual situación bélica que ojalá y no la tengamos. Aquí hay un potencial exportador, tenemos unas plantas capaces de generar divisas. Satisfaciendo las necesidades internas, tienes excedentes para exportar. Ya lo probamos en el 2015, 2016. 

—El país ha sufrido varias olas migratorias. ¿Cómo ha impactado ese fenómeno en Quimbiotec?

—Hemos sido afectados y ese es un punto que quisiera resaltar. Eso ha pegado en todo el país, a las instituciones académicas, de investigación y a estas plantas que por tener altísimo intensidad tecnológica dependen de talento calificado. Vas a entrar en contacto ahorita con personas con unos niveles de calificación y de experiencia que en las circunstancias actuales perderlos sería perder parte del patrimonio de la institución y dominio tecnológico. Y hemos sido afectados por el éxodo de personas o bien que se van a la industria privada o fuera del país en otras áreas económicas. Pero aun así, con apoyo del Gobierno hemos tenido una política de incentivos, retención y captación de talentos.

—¿Cuál es el personal que ustedes están interesados en captar?

—Nosotros estamos interesados en captar personal profesional capacitado en las áreas; de farmacia, química, biología, ingeniería de cualquier naturaleza, y técnicos superiores en esas áreas. Hay condiciones e incentivos y un buen ambiente de trabajo. Te invito a dar un recorrido por las instalaciones.  

—Como quiera que estamos caminando por el interior de la planta, explíquenos qué hacen en este laboratorio de desarrollo de hemoderivados. 

—Preferiría que fueran los químicos Henry Gudiño (20 años en la empresa) y Yamileth Hartt (14 años en la empresa) te explicaran lo que hacen aquí. 

—Gudiño, ¿en qué trabajan actualmente?

—Estamos en lote, es decir, activos en la producción. Aquí tenemos todo el equipamiento necesario para desarrollar un producto y que se pueda reproducir allá abajo en planta. Aquí hacemos el proceso en pequeño. Todo pasa por aquí antes de bajar a producción. 

—¿En qué producto están trabajando en este momento?

—Estamos en la elaboración del Arginato de Hemina que se usa para las personas que sufren de Porfiria Hepática; esa enfermedad afecta el sistema nervioso central, los pacientes son alérgicos al sol, tienen problemas de piel, se les deforma el cuerpo. Esta es una muestra del Arginato (muestra un frasquito oscuro). Se administra vía intravenosa. Esto es un hemoderivado extraído del plasma y trabajamos básicamente con la sangre donada por los empleados de Quimbiotec, porque generalmente el personal de aquí mantiene un óptimo estado en la sangre. De 32 muestras de sangre sacamos 200 frasquitos de Arginato que alcanza para un año de tratamiento destinados a los pacientes. 

—¿Cuántos pacientes hay en Venezuela con esa enfermedad?

—Registrados hasta ahora están cerca de 32, 38 familias. Básicamente lo sufren son las mujeres. 

—¿Y ahora hacia dónde nos dirigimos?

—Aquí tenemos otros caballos de batalla: Leonel Zerpa, Daniel López, farmacéutico y químico. Me gustaría que pudiéramos visitar la planta de producción. Daniel comenzó como analista de microbiología y ahora es gerente de control de calidad. 

—¿Qué se hace en esta planta de hemoderivados?

—Estos son los espacios de control de la calidad; porque tenemos que vigilar que el plasma, nuestra materia prima, tenga una condición de seguridad biológica. Te imaginarás la cantidad de toneladas de plasma que tienen que ser revisados para garantizar que no se produzcan enfermedades transmitidas por la sangre.

—¿Y éste otro laboratorio?

—Aquí está Gloria Mata (bioanalista), que explique ella. 

—Licenciada Mata, cuéntenos.

—Éste es un laboratorio para el área de despistaje infeccioso; es decir, aquí hacemos unos marcadores para descartar las hepatitis y otras infecciones del plasma que vamos a emplear en la elaboración de fármacos. Ese plasma tiene que estar libre de todas esas infecciones. Estamos retomando las actividades.

—Ahora en el banco de sangre.

—Sí, aquí está Gracia Trujillo, nuestra coordinadora de campañas de donaciones. Es enfermera y especialista en hemoterapia.

—Señora Gracia ¿cómo es el proceso que se le sigue a los donantes?

—La máquina utiliza este kit completamente estéril, se abre frente al donante y lo colocamos en la máquina. La máquina trabaja por ciclos: va extrayendo sangre, la separa (fase sólida y líquida). Son cuatro o cinco ciclos, 30-45 minutos.  Podemos donar cada 72 horas. Los donantes siempre quieren colaborar. Una pregunta: usted ha donado alguna vez? ¿Nunca ha donado?

Al detal

  • ”Quimbiotec es una  empresa de producción que se originó por un proyecto visionario del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic), médicos hematólogos, principalmente el doctor Egidio Romano. En su laboratorio él empezó a estudiar cómo extraer de la sangre elementos que pueden ser transformados en medicamentos útiles. Y ese grupo de investigadores, visionó la posibilidad de construir una planta de producción de medicamentos derivados de la sangre. Por eso estamos dentro de las instalaciones del Ivic”.   
  • “En 1988 se funda Quimbiotec y comienza a montarse el proyecto la construcción de estas dos plantas, habiendo decidido y explorado qué tecnologías para la fragmentación de la sangre estaban predominando en el mundo” 
  • “Esta planta es única en Venezuela. En Latinoamérica hay tres: Cuba, Argentina y Venezuela. Sabemos que hay otros emprendimientos, está haciendo una en Colombia. Esta empresa es estratégica porque tiene que ver con medicamentos derivados de la sangre”.