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La falsificación se abre camino en el ciberespacio

Inicia en el 2016, con el sonado caso conocido como pizzagate donde un civil armado, Edgar Maddison Welch, irrumpe en la Pizzería “Comet Pin Pong”, en Washington, Distrito de Columbia (D.C.), que había sido denunciada en los medios sociales de formar parte de una red de pederastas, donde se dijo estaban involucrados políticos poderosos estadounidenses, entre los cuales se encontraba Hillary Clinton, nada más y nada menos que candidata demócrata para ese entonces de las elecciones presidenciales del 2016. Esta noticia la reveló wikileaks, no se comprobó policialmente tal red con lo cual la noticia se etiquetó como Fake News. Sin embargo, desencadenó este hecho que puso en peligro la vida de inocentes y llevó a prisión de 4 años a una persona. Un hecho de resonancia mundial que marcó el debut de esta manifestación de falsificación de contenido en el ciberespacio. Las Fake News en el mundo 2.0, a veces protagonista, por episodios un actor de reparto.

También, estos contenidos falsos se manifiestan más allá de las noticias, como sitios falsos en internet, como formularios falsos para llenar en internet, como correos falsos, entre tantas otras formas, con la finalidad de robar datos de los usuarios, desprestigiar marcas, crear matrices de opinión, confundir, etcétera.

Luego, entran en escena los bots (aféresis de robot), algoritmos de computación que automatizan acciones y comportamientos humanos, en especial respuestas interactivas y tareas repetitivas. Hay bots buenos y bots malos, los primeros, realizan actividades automáticas como rastreadores en internet para realizar las búsquedas en sitios web en la red; como base de los sistemas de respuesta interactiva de atención al cliente o para sostener conversaciones con el cliente emulando a humanos. En contraste, los bots malos se emplean para falsear en el llenado de formularios, para generar falsas impresiones por millón y clicks en los avisos publicitarios desplegados en la web, para generar falsas intenciones de compra (conocidos en inglés como Leads), para contestar falsamente encuestas; para generar tráfico no humano, tráfico invalido o tráfico incentivado en los sitios, plataformas digitales y medios sociales; para generar visitas de sitios web y visualizaciones de videos falsas; para generar me gustas y cualquier otro indicador de compromiso falso del usuario con el contenido, el sitio y servicio; para crear usuarios falsos e inflar su número artificialmente; para generar y distribuir correo basura (spam); para realizar peticiones falsas de servicio masivas e interrumpir la continuidad operativa de los mismos. Muchas de estas acciones de los bots generan desconfianza; ésta fue una de las razones por las que la negociación de Twitter se retrasó, se hizo una auditoría para sincerar la cifra de usuarios activos en el medio social. ¿En la era de los datos masivos, los datos falsos también serán masivos?.

En las campañas políticas para elecciones de Trump 2016 y la campaña para la elección municipal de 2016, y luego, en el 2018, para la elección presidencial de Jair Bolsonaro se emplearon los bots sociales ‒cuentas de usuarios falsos en medios sociales, con perfiles específicos para generar post, tendencias y obtener seguidores, creadas y mantenidas por bots‒. Éstos se emplean en las estrategias de marketing político para elaborar y probar narrativas y temas, y en comunicación política, para segmentar los discursos y orientar los debates. ¡Esto es mejor que una encuesta, verdad!

También, se emplearon estos bots para alentar y persuadir en los debates en línea sobre las solicitudes de juicio político para destituir (impeachment) al presidente Donald Trump, en el 2019, iniciado por una denuncia de un informante ante el congreso de EE.UU. sobre la supuesta presión ejercida por Trump y altos funcionarios de su gobierno ante líderes de Ucrania para realizar una investigación sobre unas actividades empresariales de Hunter Biden en ese país , y en el 2021, por el asalto al capitolio después de Trump perder la reelección; en estos casos los medios sociales, particularmente X (antiguo Twitter) se convirtieron en campo de la batalla política, donde la desinformación ‒falsear la verdad‒ se hizo protagonista. Los medios sociales se convirtieron en el espacio público pero en lugar de fomentar el debate y la confrontación de ideas se convirtió en el campo para la batalla de bots y la desinformación.

En la actualidad, 2024, se hacen populares las granjas de clicks, una fusión de la tecnología digital y lo humano para burlar los filtros y controles que se han implementado en las plataformas digitales y los medios sociales para evitar a los bots que falsean la realidad y abultan las cifras e indicadores. Con estas granjas conformadas por cientos de teléfonos inteligentes, centralizados y controlados por humanos, se amplifican y multiplican las interacciones humanas en medios sociales, sitios web y plataformas digitales fingiendo interés. Imagínense como serán potenciadas estas granjas con la ayuda de los algoritmos de Inteligencia Artificial Generativa, ya no realizarán clicks, ahora llenarán encuestas, formularios, órdenes de compra y de servicio, darán consejos de inversión, actividades realizadas por humanos pero potenciadas.

La falsificación pareciera un fenómeno socio económico cultural nuevo pero no lo es.

El propósito es parecer real siendo falso, hasta dónde, dependerá de la audiencia objetivo, de la intención, es decir, de la reacción y la emoción desencadenada que se quiera, del marco ético/moral que se tenga, ello indicará en cuál categoría cae la falsificación: lícita o ilícita. Fíjense, un mago o ilusionista falsea la realidad para el entretenimiento.

Igualmente, la falsificación es un recurso frecuentemente empleado en el marketing, ella permite sondear si un bien o servicio que se desea producir tendrá la aceptación del mercado objetivo, en una primera instancia; para ello se elaboran modelos con ayuda de profesionales del diseño gráfico e industrial, con arquitectos, con psicólogos cognitivos, del comportamiento y del consumo, lingüistas, semiólogos y expertos en comunicación social, entre otras especialidades. Estos modelos son creados lo más apegado a la realidad posible e imaginada, su intención no es ni la predicción ni la comprensión de un fenómeno sino conseguir una medición del impacto afectivo y la reacción inmediata desencadenada en segmentos de la población objetivo frente al modelo, que en los casos de productos, se denominan maquetas, facsímil, machote. En el caso de los nuevos servicios no sabemos del uso de estos modelos, sin embargo, con la realidad virtual y aumentada no sería extraño que exista o surja alguna forma de modelar un servicio aún no producido.

Las escenografías y locaciones emulan escenarios reales para recrear una obra de teatro, cine y televisión. Los efectos de sonido, exclusivamente en el caso de la radio, buscan recrear la realidad, para producir los efectos emocionales y reacciones deseadas en la audiencia. Las ilustraciones, las fotografías y los textos en la prensa escrita buscan recrear un experiencia y vivencia de realidad a través de la representación, significado y sentido de ésta. Todas son representaciones de hechos reales, unas falsas y otras veraces.

Dos hechos ilustran estos casos de falsificación de la realidad del contenido, empleados como recurso, y sus impactos: La explosión del acorazado Maine y La guerra hispano-estadounidense de 1898; subtitula National Geographic en el artículo sobre el tema: “La virulenta campaña de la prensa de EE. UU. para empujar a su país a la guerra contra España estuvo llena de descalificaciones, exageraciones y no pocas noticias falsas“ (15-2-2024, National Geographic). Se cuenta que William Randolph Hearst, magnate de los medios de comunicación social, le respondió un telegrama, 1987, al artista y corresponsal del New York Journal que se encontraba en Cuba y quería volver, «Por favor, quédese. Usted ponga las imágenes, que yo pondré la guerra».

La guerra de los mundos, la recreación para radio de Orson Wells, conjuntamente con colaboradores del grupo de teatro Mercurio, de la novela homónima de Herbert George Wells, 1898, transmitida por radio a nivel nacional, el 30 de octubre de 1938, la noche de Haloween, en los EE.UU., donde se relata en formato de noticia la falsa invasión de marcianos al planeta tierra. Se fingió un programa de radio con música en directo que se vería interrumpido con una falsa noticia sobre meteoritos arrasando el planeta Tierra, fué tan convincente que generó conmoción y pánico en toda la nación. (21-10-2019, National Geographic).

Hoy estos hechos serían clasificados como manipulación de información, desinformación, información mal intencionada, noticias falsas, propaganda de guerra o calificados como ficción, otros de los sinónimos de falso.

Conjeturas

.-Mientras el periodista busca información veraz, la audiencia, el consumidor, usuario y ciudadano común busca información creíble. En esta brecha entra la información falsa, intencionalmente muy parecida a la verdad, una imitación o emulación de la verdad, suficiente para comprometerse y tomar decisiones.

.-Los sesgos cognitivos disfrazan de verdad lo falso.

.-Mientras las encuestas toman una fotografía instantánea de gustos y opiniones de una población a través de una muestra y un cuestionario específico, los medios sociales toman un video continuo 24/7 de gustos y opiniones de la población ‒usuarios activos del medio‒ sin necesidad de elaborar cuestionarios previos, con la posibilidad de extraer análisis segmentados geográfica, demográfica y emográficamente de la totalidad de los usuarios activos sobre una diversidad de temas.

.-La política de la postverdad es una cultura política muy de moda (2016) que solo busca un discurso que apele a las emociones, en lugar de los argumentos, los hechos, el debate o la verdad. Se trata de generar y difundir abundante información creíble que dispare estímulos constantemente ‒dosis de dopamina, entre otros químicos naturales‒ y desencadene reacciones. Aquí las noticias falsas consiguen terreno fértil.

¿Qué hacer?…¡Piense su respuesta!

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