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¡La realidad virtual es verdadera!

Falsa y virtual, no son lo mismo, mientras un adjetivo niega la realidad, el otro simula o emula una realidad, aun cuando sea parcialmente, logrando experiencias y vivencias similares.

Cuando los aprendices a pilotos se entrenan en simuladores de vuelo, diseñados para reproducir los controles y las situaciones reales habituales a las que será expuesto por tipo de aeronave, el aprendiz logra desarrollar las destrezas, conocimientos y habilidades básicas para comenzar con las horas prácticas en los aviones reales.

La virtualización, si cabe la expresión, se construye en base a las experiencias y vivencias que se obtienen de situaciones reales; reproduce los mismos efectos en el individuo, en un conjunto de individuos o en un colectivo social amplio y su contexto.

Las experiencias y vivencias pueden llegar a ser, de cara a quien las tiene, exactamente igual a las que obtendría de estar en interacción con el objeto que se virtualiza; por ejemplo: hoy en el mundo de las tecnologías de información para sacar mayor provecho a los equipos de cómputo se emplea la virtualización, lo cual permite compartir y multiplicar los recursos del computador en un número de estaciones de trabajo o máquinas de cara al usuarios; el efecto en cada usuario es exactamente el mismo que el acostumbrado para ellos con máquinas físicamente separadas designadas a cada uno, al ver en su pantalla y al manipular su teclado y ratón verá desplegada la misma información, accederá a las mismas aplicaciones de oficina, de edición, navegadores, etcétera, contará con el mismo sistema de archivos, podrá realizar todas sus actividades habituales. La apariencia, es decir, su experiencia y vivencia, va desde la percepción de la misma interfaz hombre máquina, hasta contar con los mismos servicios, aplicaciones y prestaciones.

Gracias a esta virtualización, en el mundo de la informática, se desplazan hacia el centro ‒externos a la organización‒ los recursos de las tecnologías de información, pero se mantiene la misma funcionalidad de cara a los usuarios, consumidores y clientes; como consecuencia surgen nuevos nichos de negocios y empresas para explotarlos, con propuestas como la computación en la nube, el software como servicios, las plataformas como servicios, la infraestructura como servicios, todo como servicios, brindados por terceros, incluso fuera de nuestros países, como por ejemplo, Microsoft Azure, Amazon AWS, Google Cloud, etcétera.

Para una organización, se trata de la “liberación”, por una tarifa mensual, de las cuantiosas inversiones en equipos de tecnologías de información ‒ compra y reposición cuando se hacen obsoletos o se dañan‒ y en salas de computación o centros de datos, del mantenimiento preventivo y correctivo de éstos, del reclutamiento y retención de un talento humano de alta especialización muy demandado para la gestión de las infraestructuras y el desarrollo de aplicaciones de informáticas.

Puede ser que la relación costo beneficios, desde el punto económico, resulte beneficiosa, incluso operativamente, pero desde el punto de vista de la soberanía e independencia puede que el pago sea alto. Económicamente pudiera estar agregando en su estructura de costos operativos egresos en divisas, recurrentes.

En estas situaciones la realidad virtual es verdadera y redituable.

Empresas que producen bienes sin fábricas también podrían entenderse como fábricas virtuales de cara a sus clientes y consumidores, en base a su experiencia los productos que él o ella consume son de Apple, de Sony, de Nike, Benetton, etc., aunque éstas contraten su fabricación a terceros en Asia, Centro América, África.

Mercado virtual, escuelas y centros educativos virtuales, banca virtual, serán opciones en el espacio digital virtual que se abre con la internet y con las redes sociales; desde la perspectiva de las empresas operadoras de telecomunicaciones estos servicios se definen como servicios de valor agregado; desde la perspectiva de las empresas de Tecnología, sería una capa de servicios que se montan sobre la internet, en el tope (OTT, Over The Top, por sus siglas en inglés).

Si se participa como usuario, cliente y consumidor o como proveedor de servicios en estos espacios digital-virtual, en el caso del mercado virtual se estarán intercambiando bienes y servicios, activos digitales y físicos, desde activos financieros hasta bienes e inmuebles, una vez que se realiza la transacción comercial y financiera, ya será un hecho cierto. Los efectos son reales, en riqueza, en goce, en trasferencia de valor, no será una ilusión, revise el saldo en su cuenta.

Si se trata de formación en un centro educativo virtual, el cambio en el ser social, en la forma de comprender y actuar en la vida social, en la familia, en el trabajo, será para bien o para mal, cambiado.  

Si colocó su dinero en esta banca virtual, recibirá los mismo servicios pero probablemente no recibirá las mismas garantías, por ejemplo, de la regulación financiera —como en Venezuela la SUDEBAN— que podría defender sus intereses en situaciones fraudulentas, no habrá instituciones que garanticen sus depósitos hasta por un monto —como en Venezuela Fogade—, puede que sus intereses legalmente sean amparados por el sistema de justicia y el marco legal del país de origen de la empresa detrás de estos servicios, deberá averiguarlo revise las condiciones de uso y la política de privacidad.

¿Decir que detrás de esta virtualización de servicios se oculta una liberalización y mundialización que avanza muy rápidamente, sería una exageración?, ¿Se estarán creando las condiciones materiales y objetivas de un nuevo orden mundial? A veces las apariencias engañan.