InicioMirada semanalMorazán, independencia y unidad centroamericanas, 3

Morazán, independencia y unidad centroamericanas, 3

La crisis que se ve venir estalla en Guatemala en 1838 precipitada por el radicalismo liberal de Mariano Gálvez, liberal dogmático que aplica a Guatemala políticas que son a un tiempo modernizadoras e involutivas y que en su mayor parte carecen de apoyo suficiente, no solo por la esperada oposición de la Iglesia y del conservatismo, sino de lo principal que generan: el rechazo de la masiva población de campesinos e indígenas que es la inmensa mayoría del país, rechazo que abona además terreno a otro conflicto, este social y aún más explosivo.

Conviene distinguir entre las medidas de Morazán en 1829 para una Centroamérica unida y las que aplica Gálvez en 1838 en Guatemala. En lo esencial son lo mismo, pero Morazán ha propuesto esa política buscando apoyos que consigue, como la oposición al excesivo poder de la Iglesia y a la arrogancia de los terratenientes. Sus medidas buscan beneficiar a una Centroamérica unida, son patrióticas y no entreguistas, y no se dirigen a perjudicar a las masas indígenas que son la mayoría del país, aunque Morazán no las toma entonces en cuenta y no hace mención de ellas.

En cambio, Gálvez no sólo mantiene las justas medidas contra el excesivo poder de la Iglesia, sino que aplica reformas liberales que además de promover el libre comercio, el estímulo a las exportaciones y la educación laica y masiva, impone a un país de mayoría analfabeta como era Guatemala, el juicio por jurados según el modelo del estadounidense Livingstone.  Y sobre todo porque promueve privatizar y colonizar con empresarios y ricos extranjeros las tierras indígenas comunitarias. Y que para colmo restablece el odiado y abolido tributo indígena y el sometimiento de los indígenas a códigos represivos de trabajo para hacer de ellos peones o siervos. Como se ve, el proyecto es colonizador, entreguista y antipopular y lleva las propuestas de Morazán al frontal choque con el pueblo.

En ese clima de lucha social y cambio, la respuesta a estas medidas solo podía ser la rebelión masiva de la población indígena que era y es la aplastante mayoría del país. Rebelión que apoyarían los terratenientes y la Iglesia. Las masas campesinas que se alzan, pronto encuentran el caudillo que buscan y requieren: Rafael Carrera. Carrera, demonizado por los liberales, es un personaje importante merecedor de un estudio serio que no cabe aquí. En todo caso, no es un indio analfabeto y brutal sino un hábil campesino indígena conocedor de todo el país, apoyado por las comunidades indígenas y por la Iglesia que lo ha educado y por los terratenientes, que quieren manejarlo. Y es justamente la Iglesia la que estimula la rebelión de Carrera aprovechando en ese año de 1838 el estallido de una epidemia de cólera en pueblos y campos de Guatemala, para acusar a los gobernantes liberales de haber envenenado las aguas.

Ante el indetenible avance de Carrera y la fuerza de la rebelión, Gálvez pide ayuda a Morazán, pero se ve obligado a huir a México antes de que éste acuda. En marzo de 1838 llega Morazán con sus tropas y entra en Ciudad de Guatemala. Pero no asume el poder pues su objetivo inmediato y urgente es vencer a Carrera. Lo derrota en 2 batallas, pero Carrera escapa, rehaciendo pronto con facilidad sus fuerzas. Y su apoyo crece. A esto se suma que, por su parte, Nicaragua decide separarse de la Federación y en El Salvador el Congreso autoriza a los estados a separarse.

En febrero de 1839 Morazán regresa a El Salvador sin vencer aún a Carrera y se encuentra con que el Congreso se ha disuelto. El período presidencial ha terminado. No hay quien elija o re elija presidente. Morazán se queda sin poder legal y la Federación centroamericana resulta disuelta de hecho. Todavía Morazán logra enfrentar y derrotar a los separatistas hondureños, pero eso nada cambia. La rebelión de Carrera se mantiene. Morazán es electo entonces en julio de 1839 presidente de E Salvador, pero Nicaragua y Guatemala se alían para enfrentarlo y Carrera, que controla ya el poder en esta, los llama a derrocar a Morazán. Invanden El Salvador en septiembre de ese año, pero Morazán los enfrenta y derrota en San Pedro Perulapan.

En un último esfuerzo, Morazán decide entrar en Guatemala a enfrentar a Carrera, pero esta vez Carrera lo derrota y lo hace huir a El Salvador. Y esta vez, Morazán, convencido de la inutilidad de su esfuerzo unitario, que se derrumba, renuncia a la presidencia salvadoreña en abril de 1840 y se exilia.

Se asila en Costa Rica, de allí pasa a David, en Panamá, donde está ya su familia, dirige un manifiesto al pueblo de Centroamérica en julio de 1840 y se marcha al Perú. Allí, Gamarra, militar peruano que participó en la batalla de Ayacucho y que, en 1840, además de ser mariscal es presidente del Perú, le brinda todo su apoyo y le ofrece mando de tropas. Pero Morazán, aunque se lo agradece, no acepta. La razón de su vida y de su lucha es la independencia y unidad centroamericanas. Y en 1841 regresa a Centroamérica. Hay nuevas amenazas inglesas sobre las Mosquitias hondureña y nicaragüense que quisiera enfrentar, pero no puede ir a ninguno de esos países y se dirige a El Salvador, donde todavía tiene mucho apoyo. Pero los liberales costarricenses le han pedido antes ayuda y Morazán decide ayudarlos.

Organiza una fuerza militar en El Salvador y en 1842 se embarca para Costa Rica donde lo esperan los liberales costarricenses, que quieren derrocar a su presidente Braulio Carrillo, al que acusan de conservador y autoritario y de querer perpetuarse en el poder. Ante la llegada de Morazán, Carrillo envía una gruesa tropa a enfrentarlo, pero el jefe de esa tropa, el general Vicente villaseñor, que debe enfrentar a Morazán, recibe una propuesta de éste para conversar, se reúne con él y Morazán lo convence de la validez de su proyecto, por lo que Villaseñor se le une. Carrillo prefiere entonces emigrar, pero lo reemplaza Antonio Pinto Suarez, que decide enfrentar a Morazán, al que acusa de invasor y a Villaseñor, al que califica de traidor a Costa Rica.

Morazán y Villaseñor, con militares que se les suman, hacen un recorrido triunfal por Costa Rica. Como resultado organizan un Congreso que aclama a Morazán, lo elige presidente y Morazán asume el poder, convoca una Constituyente que aprueba una nueva Constitución, garantiza los derechos de todos y aplica leyes de corte liberal. Pero ahí empiezan los problemas porque su plan, aprovechando el apoyo que tiene en Costa Rica, es usar a esta para relanzar su lucha por reestablecer la Unión centroamericana. Aunque no quiere verlo, todo muestra que ese proyecto ya no tiene apoyo porque los 5 países, empezando por Guatemala, se han declarado independientes y no quieren ya unidad centroamericana. Y esa es también la idea de los liberales costarricenses, que empiezan a cuestionar a Morazán por insistir en su propuesta. La oposición a él se organiza con rapidez en Costa Rica. Morazán busca apoyos menos liberales que no dejan nada y el resultado es que la desconfianza de los liberales crece y en septiembre de 1842 estalla una rebelión popular contra su proyecto en San José, la capital, y en Alajuela. La rebelión tiene tal apoyo que Morazán debe huir a Cartago. Pero allí también hay rebelión y uno de sus amigos, el general Pedro Mayorga, lo traiciona. Morazán es apresado junto con Villaseñor y otros oficiales. Se les hace un juicio sumario y se los condena a muerte.

Así, el 15 de septiembre de 1842, aniversario de la creación por Morazán de la Unión Centroamericana, se los fusila en el mayor parque de San José y Morazán dirige al pelotón que lo fusila y muere como un héroe. Pronto ese parque llevará su nombre y Morazán será justamente reconocido por toda Centroamérica como su más grande héroe, libertador y como promotor de su unidad.

Vladimir Acosta

Agosto de 2023

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