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Ucrania. Balance final

Pese a las mentiras que su actual gobernante repite, difunde e impone a diario para encubrir la terrible realidad en la que su país se hunde más y más como producto de los crímenes de su gobierno, quisiera empezar con una corta síntesis introductoria, acerca de la actual Ucrania, para detenerme luego con más detalle en la monstruosa e insoluble crisis a la que han llevado a ese país la hegemonía absoluta de Estados Unidos, el servilismo cómplice de Europa y, sobre todo, la insaciable habilidad del criminal personaje que la gobierna para cometer con absoluta impunidad los crímenes monstruosos que ha cometido para así poder enriquecerse sin límites y para masacrar, como lo haría el peor de los dictadores genocidas, a su propio pueblo, reducido por él a ser solo una enorme e indefensa montaña humana de carne de cañón, de la que escoge para ello y por la fuerza, grupo tras grupo a diario.

Antes de 2014, Ucrania, por la que no mostraba ninguna simpatía, era definida por Europa como el país más corrupto del viejo continente, como un país en el que la corrupción campeaba, en que todo era negocio, y en que, además, desde Canadá, que contaba ya con nazis, se había infiltrado en forma masiva el neonazismo, que iba cobrando creciente peso en el poder (Europa no era entonces tan nazi o tan pronazi como lo es ahora). Pero al menos desde 2004, si no antes, Estados Unidos, que estaba ampliando la OTAN hacia oriente, buscando provocar y asfixiar a Rusia, empieza a armar a Ucrania porque piensa en ella para una guerra proxi contra Rusia.

En 2014, Estados Unidos pasa a la ofensiva y tiene lugar el golpe de Estado del Maydán, se derroca al presidente ucraniano Yanucovich, al que se acusa de amigo de Rusia, y Estados Unidos pasa a controlar el país, primero por medio de Porochenko, rico empresario llamado el Rey del Chocolate, y luego por medio de un tal Zelensky, entonces solo conocido payaso de televisión patrocinado por un millonario del que era servil mercenario. En poco tiempo, el ambicioso payaso, ya presidente, que ha prometido todo a todos, se identifica solo con Estados Unidos e Inglaterra y se convierte en el más dócil servidor de ambos. Y es, entonces, bajo presión de Estados Unidos, que Europa se convierte a su vez en admiradora ciega de Ucrania, a la que califica ahora de modelo de democracia, como amiga fiel de Estados Unidos, y a la que le empieza a mandar, por orden de este, toneladas de dinero, armas y municiones para que con ellas Ucrania enfrente a Rusia.

Es en este contexto, ulterior al golpe, es que Estados Unidos y Europa idean lo del acuerdo de Minsk, pacto que firman Estados Unidos, Alemania, Francia y Rusia, y que está concebido para engañar a esta, cuyo nuevo líder, Vladimir Putin, no tiene todavía la asombrosa claridad y experiencia del Putin ulterior. El pacto es una trampa que Rusia, partidaria de la paz, se traga, mientras Alemania y Francia por lo pronto callan. Solo en 2021 reconocen todos que fue una farsa para engañar a Putin. En esa trampa añadieron su peso dos mujeres que eran entonces pesadas líderes políticas. Una de ellas era la llamada Victoria Nuland, furibunda reaccionaria y golpista yanqui, que solo quería aplastar a Rusia; la otra era la hipócrita alemana Angela Merkel, a la que Berlusconi definió como una gorda culona e infollable. Y es, pues, desde 2021 que Rusia despierta y que Putin decide enfrentar a Ucrania, la cual tiene ya ocho años bombardeando con total impunidad al rebelde Donbass, que en consulta electoral se ha declarado prorruso. Y así empieza poco después la guerra de Ucrania que, por obra de Putin y de Rusia, va a cambiar el mundo.
Pero lo que quiero hacer aquí es examinar grosso modo el criminal gobierno de Zelenski. Inglaterra y Estados Unidos le preparan una verdadera estación central mediática de primer nivel. Y tener el monopolio de esa central mediática para producir, corregir, controlar y difundir la “información”, le permite a Zelensky mentir e impedir que se difunda sobre Ucrania cualquier otra “información” que no sea la suya, la que él cocina. Lo de Bucha fue el primer monstruoso ejemplo. Eso es lo que se difunde por los medios de Estados Unidos y de Europa. Pero las exclusivas mentiras pronto resultan tan mentirosas que al cabo se desgastan y empiezan a perder efectividad.

Zelensky roba lo que quiere y puede del enorme montón de dinero que recibe casi a diario de Estados Unidos y de Europa. Y es esta la primera gran fuente de su corrupción, cuyo inmediato resultado es que en muy poco tiempo se hace rico.

Pero no solo quiere dinero. También quiere poder. Y se dedica con sus robos, que pronto aumentan, a obtener bienes materiales como costosas y ricas propiedades. Se sabe ya que es dueño, directo o mediante agentes suyos, de diversas propiedades costosas: una mansión en Tel Aviv y otra en Miami. Pero estas son las iniciales. Luego quiere otras mejores, mejor situadas y más valiosas. Se sabe de buenas fuentes que es dueño de un bello palacete en Italia, en la Toscana, cerca de Florencia. También los alemanes señalan que compró en Berlín una lujosa mansión que fue de Goebbels, el líder nazi. Además, mediante testaferros, ha comprado al menos dos amplias naves de turismo para paseos marítimos. Y su última adquisición, recientemente comprobada, es la de una extensa y bella propiedad rural en Inglaterra. Se trata de la High Groven House, que habitó el príncipe Carlos, y que luego la puso en venta al convertirse en el actual rey Carlos III. Y es probable que haya otras. El hábil ladrón Zelensky podría sumarse pronto a los hombres más ricos del mundo.

Y por su parte, su esposa se ha dedicado a adquirir y a coleccionar costosas y bellas joyas, empezando por diamantes. Si Imelda Marcos coleccionaba centenares de pares de zapatos de lujo, madame Zelenska colecciona invalorables bellas joyas. Pero esto en fin de cuentas no es nada grave ni resulta escandaloso. En el mundo actual, la política, carente de todo límite ético o político, se ha convertido en abierta delincuencia. El poder es el mejor recurso para robar y es raro ver salir del poder a un político que no se haya convertido en rico aprovechando sus años de poder. Bastaría con echarle una mirada a las recientes listas de expresidentes centroamericanos o peruanos, sin olvidar por supuesto a la secuencia de gobernantes del reaccionario PP español.

De modo que lo más grave y monstruoso de toda esta historia criminal es la forma en que Zelensky ha tratado a su pueblo y lo que ha pagado este como precio para que ese payaso genocida se haya vuelto rico, aprovechando para ello el poder ilimitado del que ha gozado. En el artículo pasado examiné ya, con varios terribles ejemplos, el uso de la población ucraniana como forzada carne de cañón y sus casos más criminales y grotescos. En fin, es claro que esos monstruosos hechos han llenado el gobierno de ese payaso criminal y genocida que ha sido Zelenski. Y también es claro cómo destaca en ello la forma en que sus robos y su enorme enriquecimiento material a cualquier precio, apoyados abiertamente por Estados Unidos y Europa, han tenido como contrapartida la miseria y el hundimiento del país que debía ser el suyo, y al que convirtió en un triste basurero humano, enorme y lleno de cadáveres de improvisados soldados a los que, ya fuesen jóvenes o viejos, y ya estuviesen sanos o enfermos, se los llevó forzados a la muerte en batalla contra las superiores e invencibles fuerzas militares rusas.

Y así llegamos a lo peor, que dejo de último, para concluir. Y es que ese derrochador Estado ucraniano, que ha recibido miles y miles de millones de dólares y de euros para la guerra, dinero del que salió todo lo que se robaron Zelenski y su combo de burócratas civiles y militares, enriquecidos con él, es justamente el mismo Estado criminal y mezquino que no solo lleva a esos pobres reclutados a la fuerza a morir enfrentando la invencible superioridad militar rusa, sino también el mismo Estado que ahora se niega a reconocer en esos pobres hombres, a los que mandó a morir, la triste pero honrosa condición de soldados muertos en combate, para poder negarles, en la forma más indigna y miserable, el mínimo reconocimiento que merecen, y para así poder enterrarlos en fosas comunes o acusarlos de ser posibles drogómanos, es decir, para no tener que pagarle merecidos derechos a sus desesperados familiares, que ni siquiera pueden reconocerlos porque solo son ya una masa de carne anónima y despedazada que se pudre.

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