Bolivia va a elecciones vigiladas por la OEA y un Gobierno de facto

Este domingo 15 de octubre, luego de tres suspensiones, se llevarán a cabo las elecciones presidenciales en Bolivia, esto bajo la supervisión del Gobierno de facto de Jeanine Áñez, quien ha expresado publicamente su rechazo a una posible victoria del candidato del Movimiento al Socialismo (MAS), Luis Arce.

Pero además de la animadversión pronunciada por Áñez -que llegó al poder de la mano de los militares que provocaron el derrocamiento de Evo Morales-, este proceso podría ser la comprobación de las denuncias que medios de comunicación, políticos y presidentes de la región realizaron contra organismos internacionales como la Organización de Estados Americanos (OEA) y contra la dirigencia de la derecha boliviana.

Antecedentes

El primer antecedente que ensombrece este proceso, es que hace casi un año se produjo el desconocimiento de los resultados de las elecciones del 10 de noviembre de 2019, donde había resultado vencedor en primer vuelta Evo Morales, quien fue derrocado por un golpe de Estado ejecutado por parte el alto mando militar y policial boliviano, el cual fue apoyado por protestas violentas alentadas por Luis Camacho, líder del Comité Cívico Santa Cruz, organización que fue calificada por la Federación Internacional de Derechos Humanos como promotora de la violencia y el racismo en Bolivia.

A esto se suma que la actual mandataria y sus autoridades de facto, llevaron a cabo una serie de cambios en el Tribunal Supremo Electoral de Bolivia que comenzó con la destitución de toda su directiva y la colocación como presidente de este ógano a Salvador Romero, amigo cercano del candidato oficialista Carlos Mesa, quien en 2004, durante su presidencia, lo designó como vocal del antiguo Consejo Nacional Electoral de la nación del altiplano.

Otra acción que apunta contra la pulcritud de estas elecciones y el respeto a los resultados, es que el país será militarizado bajo la dirección Luis Fernando López, quien desde su cargo como ministro de la Defensa recientemente en un acto militar calificó a Evo Morales y sus partidarios como «enemigos» y parte de «un episodio vergonzoso» para Bolivia.

A todo esto se le agregan los constantes pronunciamientos por parte de los diversos voceros del Gobierno de facto de Áñez que se han mostrado contrarios a un posible retorno de las fuerzas de izquierda bolivianas encarnados en la figura de Luis Arce.

«No va a volver al poder nunca más, Evo Morales es el pasado», fue el pronunciamiento hecho por el ministro interino de Gobierno Arturo Murillo a poco menos de una semana de las elecciones al ser consultado sobre un posible triunfo del candidato masista Arce.

Vuelve la OEA

Al panorama interno que se plantea en Bolivia como consecuencia de las acciones del Gobierno de facto, se le añade el envío por parte del secretario general de la OEA, Luis Almagro, de una misión de «observadores» que está presidida por el exministro de Exteriores costarricense Manuel González, quien fue el autor del informe que señaló un «fraude masivo» en las elecciones donde resultó vencedor Evo Morales, documento que fue punta de lanza para avalar las protestas y el pronuciamiento militar-policial que derrocó al Gobierno masista.

Este informe ha sido objeto de críticas por parte de expertos y técnicos internacionales que han denunciado la ausencia de evidencias técnicas que avalen este pronunciamiento.

Tal es el caso del Centro de Investigación Económica y Política de Estados Unidos (CEPR, por sus siglas en inglés) que sostiene: «la misión de la OEA ni ningún otro partido han demostrado que hubo irregularidades generalizadas o sistemáticas en las elecciones del 20 de octubre de 2019».

A los cuestionamientos en torno a la labor de la OEA se sumó un estudio de investigadores independientes que utilizando datos citados por el New York Times determinó que el análisis era deficiente.

“Examinamos detenidamente la evidencia estadística de la OEA y hallamos problemas con sus métodos. Una vez que corregimos esos problemas, los resultados de la OEA desaparecen, sin dejar evidencia estadística de fraude», dijo Francisco Rodríguez, un economista que enseña estudios latinoamericanos en la Universidad de Tulane.

A estos pronunciamientos se suma el presentado por otro diario estadounidense el The Washington Post elaborado por especialistas del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT por sus siglas en inglés), Jack R. Williams y John Curiel, quienes en su análisis sostuvieron que: «No encontramos ninguna evidencia de ninguna de estas anomalías, como muestra esta figura. Encontramos una correlación de 0.946 entre el margen de Morales entre los resultados antes y después del corte en los recintos contados antes y después del corte».

Los candidatos

Luis Arce: De 57 años de edad, este economista y profesor universitario, es conocido por ser el ministro de Economía de Evo Morales desde el 2006 y hasta el 2019. Se le atribuye ser el artífice del llamado «milagro boliviano», un ejemplo de administración exitosa que convirtió a la nación más pobre del continente en un modelo de crecimiento económico sostenido y de justicia social. Su partido es el Movimiento al Socialismo – Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos.

Carlos Mesa: De 67 años de edad, este periodista e historiador fue vicepresidente del Gobierno de González Sanchez de Lozada quien huyó del país tras ordenar la masacre de protestantes que se levantaban en el país contra su paquete de medidas neoliberales. En su paso por la presidencia llevó a cabo varias acciones dirigidas a ablandar la fórmula neoliberal con el objeto de calmar las protestas. En mayo de 2005 presentó su renuncia como consecuencia de las crecientes protestas que sacudían a la nación del altiplano.

Luis Camacho: De 41 años de edad, este abogado y empresario, es miembro del Comité Cívico Santa Cruz y es conocido por ser uno de los principales promotores del golpe de Estado contra Evo Morales. Su imagen recorrió el mundo al ingresar al Palacio de Gobierno portando una biblia en mano, la cual colocó sobre la bandera mientras un pastor que le acompañaba profesaba: «Ha vuelto a entrar la Biblia al palacio. Nunca más volverá la Pachamama».

Chi Hyun Chung: De 50 años de edad, este médico y profesor universitario nacido en Corea del Sur, es conocido por su rol como pastor evangélico. Algunos le califican como «el Bolsonaro» boliviano por sus posturas ultraconservadoras.

Feliciano Mamani: De 44 años de edad, este dirigente sindical minero donde se destacó por su férrea oposición al Gobierno de Evo Morales, llegando a ser sindicado como autor intelectual del asesinato del viceministro de regimen interior de Bolivia Rodolfo Illanes, quien había acudido a Panduro para dialogar con mineros cooperativistas. Tras no poderse comprobar su participación es liberado.

María de la Cruz Bayá: De 52 años de edad, esta abogada, escritora y poeta comenzó su actividad política en 2015 con su candidatura como concejal de Cochabamba, donde no alcanzó la votación mínima.

Qué dicen las encuestas

Según la encuesta elaborada por Ciesmori, para la red Unitel, Arce quedaría en el primer lugar, con el 42,2% de los votos válidos, mientras que Carlos Mesa, se colocaría en el segundo sitio, con 33,1% y Fernado Camacho, estaría en la tercera posición con el 16,7% de los votos válidos.

En otro sondeo realizado por Tu Voto Cuenta Luis Arce, lleva la delantera con 33,6% de la su rival Mesa, se ubica con 26,8% mientras que Camacho acumula el 13,9%, el resto de los candidatos no supera más de 3%.

Entretanto la encuesta realizada por Ipsos a solicitud del medio boliviano RTP el 34% de los votantes votará por Arce y un 27,9% haría lo propio por el candidato Mesa, mientras que el cruceñista Camacho solo alcanza poco más del 13%.

Qué esperar para este domingo

Lo primero a tomar en cuenta es que la Constitución boliviana estipula que para ser electo presidente el candidato deberá obtener el 50% + 1 de los votos o como mínimo de 40% con una ventaja mínima de 10% sobre su más cercano competidor.

Ante este panorama legal, la segura victoria de Arce en la primera vuelta no le alcanzaría para ser electo como presidente, por lo que debería afrontar una segunda vuelta con Mesa, donde serán determinantes las alianzas que puedan realizar los candidatos.

Este escanario de una segunda vuelta, que se llevaría a cabo el 9 de noviembre según el TSE, luce favorable para Mesa, quien podría aglutinar el voto del resto de los candidatos con quienes comparte afinidad ideológica.

Todo este complejo proceso eleccionario, se llevará a cabo en medio de una creciente tensión social y política surgida previo al proceso electoral de 2019, el cual se profundizó tras el derrocamiento de Evo Morales, atrayendo los viejos fantasmas de convulsión e inestabilidad institucional boliviana que mantenían sumergida a esta nación en la pobreza y el atraso.

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