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EEUU ahuyenta a sus aliados

Su política exterior empuja a los aliados a relacionarse con otros países. Arabia Saudita ahora es socio estratégico de China y Rusia, Türkiye venderá gas ruso a Europa y Brasil suplirá maíz a China; evidencia de la agotada hegemonía gringa

La política de chantaje y amenaza que ha implementado Estados Unidos, con mayor énfasis en la última década, parece estar teniendo el efecto contrario al esperado por la clase gobernante de la nación norteamericana.

Las sanciones económicas, los bloqueos, las amenazas militares de persecución judicial y financiera, han tenido como respuesta nuevas alianzas y negociaciones entre países contrarios a los intereses estadounidenses, que hace 20 años se mantenían distanciados por conflictos ideológicos, religiosos y territoriales.

Tal es el caso de la creciente alianza entre Rusia y China, países que durante siglos mantuvieron un distanciamiento marcado por diferencias ideológicas y disputas territoriales, que supo ser aprovechada por Estados Unidos durante el siglo XX, tal como lo señaló Henry Kissinger, quien fue el arquitecto del distanciamiento político y diplomático entre Moscú y Beijing.

“… el acercamiento chino-norteamericano comenzó como un aspecto táctico de la Guerra Fría, pero evolucionó hasta hacerse central en el desarrollo de un nuevo orden global”, reveló Kissinger en su libro “Resumption of relations: first encounters with Mao and Zhou” (Reanudación de relaciones: primeros encuentros con Mao y Zhou).

Pero lo más preocupante entre asesores y políticos de la Casa Blanca, es que algunos aliados, que se creían incondicionales a los dictámenes de Estados Unidos, han decidido emprender su propia agenda de relacionamiento político, comercial e incluso militar con Gobiernos que Washington considera “enemigos”.

El viraje saudí

El mayor eje para la influencia de Estados Unidos en el Medio Oriente había sido Arabia Saudita, país con el que mantiene estrechas relaciones teniendo como fundamento la llamada doctrina “petróleo por seguridad” que consistía en que Riad garantizara un suministro abundante de combustible fósil, mientras que Washington brindara su apoyo militar a través de ventas de armas masivas.

Durante el siglo XX, las relaciones entre ambas naciones se habían caracterizado por un amplio colaboracionismo que habían sorteado temas antagónicos como la creación del Estado de Israel (1973), donde la monarquía saudí lideró el boicot petrolero contra EEUU y otros países que habían apoyado al Gobierno israelí.

Este apoyo irrestricto de Riad a Washington que se mantuvo inamovible por 70 años, los llevó a tomar parte del lado estadounidense en la guerra del golfo, así como ser enemigo declarado de la extinta URSS, ser el último Estado árabe en brindar su reconocimiento a China (1990) y por último, apoyar las acciones estadounidenses contra el Gobierno de Siria, liderado por Bashar al Asad.

No es sino hasta 2017, cuando este estatus quo sufre su primer traspié tras la firma de un contrato entre Arabia Saudita, principal importador de armas del mundo, y Rusia para la adquisición de armamento, hecho que contravenía el monopolio que Occidente, con Estados Unidos a la cabeza, había mantenido hasta la fecha bajo la doctrina “petróleo por seguridad”.

Además de este relacionamiento con Rusia en temas militares que en 2021 tuvieron una nueva escalada tras la firma de un acuerdo de cooperación militar con el objeto de promover un “desarrollo progresivo” en este campo entre ambas naciones.

Pero el viraje saudí que adjudican al pragmatismo del príncipe heredero, Mohamed bin Salmán, también abarca el campo energético tal y como lo demuestran las estrechas relaciones que en esta materia mantiene con Rusia en la llamada “Opep +”, llegando a acordar grandes recortes de producción para equilibrar los precios, acción que contradice pedidos de Washington que apuesta por mayor producción para precios bajos.

“Habrá algunas consecuencias por lo que han hecho con Rusia”, fue la amenaza lanzada por el presidente norteamericano Joe Biden recibiendo como respuesta de Riad que esta decisión de recorte ha sido puramente comercial debido a la necesidad de un precio por barril cercano a los 100 dólares para sostener las enormes inversiones que ha hecho para financiar programas económicos y culturales.

Además de su relacionamiento en los campos militares y energéticos con Rusia, la monarquía del país árabe sigue consolidando sus relaciones comerciales y políticas con China, al punto de haber sido hasta el 2022 el mayor proveedor de petróleo para la nación asiática, siendo superado en los primeros meses de 2023 por Rusia.

Solo el año pasado, China recibió de Arabia Saudita 87,49 millones de toneladas de petróleo y como parte de las acciones para diversificar este intercambio la nación asiática se encuentra negociando con Riad la posibilidad de pagar este hidrocarburo con yuanes intercambiables en oro, propuesta que de concretarse atestaría un duro golpe al dólar estadounidense que mantiene en parte su hegemonía por ser la moneda aceptada por los saudíes para negociar sus hidrocarburos.

Este acercamiento a China y la influencia que el gigante asiático comienza a proyectar en el Medio Oriente ha tenido como el más reciente episodio la reanudación de las relaciones diplomáticas entre Arabia Saudita e Irán gracias a la mediación de Beijing, así como el retorno de Siria a la Liga Árabe con el voto favorable de los saudíes, hechos que contravienen la estrategia de Washington en esta región del mundo.

Türkiye alejada de la OTAN

Otro de los países que fungía como aliado estratégico de EEUU era Türkiye, país que fue centro de operaciones de la Casa Blanca en el Mar Negro y el Medio Oriente al ser miembro activo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

La ruptura de esta influencia estadounidense sobre la nación turca se suscita a pocos años de la elección del presidente Recep Tayyip Erdogan, quien tras ser víctima de una intentona de golpe de Estado, señala al clérigo Fethullah Gulen que se encuentra en Estados Unidos como el responsable de este hecho.

Es a partir de este acontecimiento y la negativa de extradición de Gulen por parte de Washington que el Gobierno turco decide emprender una política internacional propia que lo ha llevado a relacionarse de manera estrecha con países declarados “enemigos” de los Estados Unidos como son Rusia, Venezuela y China.

Entre los hechos más recientes que disienten de los dictámenes de la Casa Blanca y los mandos de la OTAN, está la posición asumida por Türkiye en torno al conflicto ruso-ucraniano, donde, además de negarse a imponer sanciones a Rusia, se encuentra el anuncio de construcción de instalaciones para suministrar gas ruso a Europa.

“En nuestra última reunión acordamos esto con el señor Putin. Crearemos un centro de distribución aquí con gas turco procedente de Rusia. Lo explicó él aquí al mundo con sus propias palabras. Dijo: Europa puede recibir suministro de gas natural desde Türkiye”, dijo Erdogan tras la firma del acuerdo.

Igualmente, su Gobierno se ha negado a cerrar el paso por el estrecho de Bósforo para buques de todos los países incluidos aquellos pertenecientes a la OTAN, causando malestar en la alianza militar trasatlántica que busca brindar mayor apoyo logístico a Ucrania.

“Ni con Rusia ni con Ucrania” ha sido el lema de este presidente turco que en la actualidad deberá medirse en una segunda vuelta electoral para definir si es reelecto en medio de una campaña en la que ha acusado a Estados Unidos de interferir en el proceso electoral y a su presidente Joe Biden de haber dado la orden de derrocarlo.

“Biden dio la orden de derrocar a Erdogan, lo sé. Toda mi gente lo sabe”, denunció al tiempo que se mostró confiado de su victoria en una segunda vuelta, triunfo que genera gran expectativa de cara a lo que será una nueva gestión de un líder que ha decidido apuntar sin eufemismos contra EEUU.

Brasil se acerca más a China

Otra de las potencias emergentes que han decidido distanciarse de Washington es Brasil, país que se caracterizaba por ser un aliado comercial de Estados Unidos más allá de las diferencias ideológicas que marcaron la primera década del siglo XXI.

Pese a los esfuerzos realizados por Jair Bolsonaro para potenciar la relación con la nación norteamericana, la política antiglobalizadora y aislacionista del expresidente Donald Trump, fueron un freno para un mayor acercamiento en el ámbito comercial y con la llegada de Luiz Inácio “Lula” da Silva a la presidencia, el gigante suramericano emprende un nuevo camino de relacionamiento más cercano hacia China.

Aunque la existencia del grupo BRICS data de 2009, ha sido en 2023 donde mayor avance en materia de acuerdos se han registrado, empujados principalmente por el conflicto en Ucrania donde está involucrado uno de sus socios como es Rusia, país que ha sido objeto del mayor ataque que contra una economía haya emprendido Estados Unidos y sus aliados europeos.

Esto ha generado que los otros miembros comiencen a construir una estructura que les permita sortear estas amenazas como es garantizar un mayor relacionamiento entre el grupo en el ámbito comercial y financiero.

Es así como para este 2023, el Gobierno chino decide suspender temporalmente una cláusula clave para permitir que el maíz de Brasil llegue a puertos chinos en un esfuerzo por diversificar las fuentes de abastecimiento de este producto que provenía en 70% de Estados Unidos y 30% de Ucrania. A la par, el Gobierno brasileño en una decidida movida, ha aceptado la propuesta china y permitirá a los productores redireccionar parte del maíz que antes vendían a Europa para ser negociado con el gigante asiático.

Este movimiento estratégico de diversificación de las exportaciones para Brasil y de las importaciones para China, está acompañado por la desdolarización de las operaciones comerciales entre ambos países que acordaron los presidentes Xi Jinping y Lula da Silva recientemente con el objeto de erradicar cualquier elemento perturbador y de influencia de Estados Unidos en el comercio entre ambos países.

A esta iniciativa de Brasil y China se han sumado otros países de la región como Argentina que han decidido utilizar el yuan para sus operaciones comerciales con China, mientras que Rusia se ha pronunciado en favor de comerciar con América Latina utilizando la moneda del gigante asiático.

“Estamos a favor del uso del yuan chino en los acuerdos entre la Federación Rusa y los países de Asia, África y América Latina”, dijo el presidente ruso Vladimir Putin.

Cuartero vanguardia

Todo este panorama de virajes y abandonos a la política dictada por Washington ha tenido como principales protagonistas a Venezuela, Rusia, China e Irán, países que son constantemente acusados por la Casa Blanca de ejercer una “influencia negativa”.

Este cuarteto de “enemigos” de Estados Unidos han fungido como la vanguardia en la ejecución de acciones concretas dirigidas a sobreponerse a las imposiciones extraterritoriales que desde Washington se promueven para bloquear sus economías y aislarlos diplomáticamente.

Negociaciones directas sin intermediación del sistema financiero mundial dominado por el Departamento del Tesoro estadounidense, tratados de cooperación militar sin intervencionismo, promoción de inversiones binacionales y el apoyo diplomático en todas las instancias internacionales han sido determinantes para cerrar el paso a las acciones aislacionistas y de asfixia económica implementadas por la Casa Blanca principalmente contra Irán, Rusia y Venezuela.

Imágenes de barcos iraníes cruzando el mundo para llevar combustible a Venezuela, información sobre el aterrizaje de aviones provenientes de Rusia con medicamentos y equipos para el tratamiento de enfermedades crónicas, noticias sobre el arribo de cargamentos de vacunas anticovid venidos de China, así como las visitas de delegaciones de empresarios de estos países a suelo criollo con la intención de invertir, son solo la cara visible de este nuevo método de relaciones entre Estados.

En la actualidad este esquema de relacionamiento cobra fuerza dentro del planteamiento político de los líderes de las naciones que conscientes de la realidad se unen a la promoción de un nuevo orden global donde la multipolaridad se impone pese a la negativa y el constante boicot que emplean Estados Unidos y sus aliados europeos con sus amenazas y sanciones.

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