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El factor de civilización y el lugar de Rusia en el orden mundial emergente

Artículo del Director del Departamento de Planificación de Política Exterior del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, Alexéi Drobinin

La crisis ideológica en las relaciones de Rusia y Occidente que entró en una fase caliente después del inicio de la operación militar especial en febrero de 2022, devolvió a las cabeceras de noticias y debates políticos el tema del futuro orden mundial y los principios de las relaciones internacionales. Vamos a analizar este tema a través del prisma de la planificación exterior. Comencemos con varias citas directrices.

Hablando sobre las perspectivas de desarrollo de las relaciones internacionales, en octubre de 2022, en una reunión del Club Internacional de Debate Valdái, el Presidente de Rusia, Vladímir Putin, señaló que un futuro común para todos requerirá un diálogo entre Occidente y “nuevos centros del orden mundial multipolar”.[1]. Precisó que el fundamento de la civilización mundial lo forman “las sociedades tradicionales de Oriente, América Latina, África y Eurasia”.[2]. Este planteamiento proporciona un marco conceptual para analizar los actuales procesos globales.

¿De qué se trata? De hecho, el jefe de Estado señaló claramente el aspecto civilizatorio como base metodológica para comprender, describir y construir la multipolaridad. Agreguemos que el Presidente recurrió repetidamente a este enfoque, caracterizando el momento histórico actual, cuya esencia, según él, consiste en “la desaparición de la capacidad creativa de Occidente y el deseo de disuadir, bloquear el libre desarrollo de otras civilizaciones”.[3].

Los politólogos nacionales también prestan atención a la tendencia principal esbozada por el Presidente ruso, Vladímir Putin. Prestemos oído, por ejemplo, a esta opinión: “El sentido global de la lucha en Ucrania consiste en devolver la libertad, la dignidad y la independencia no a Occidente (proponemos llamarlo de otra manera: la mayoría mundial), que anteriormente había sido reprimida y saqueada, deprimida culturalmente. Y, naturalmente, una parte justa de la riqueza global”.[4]. Es decir: devolver al mundo no occidental (“otras civilizaciones” en la lógica del Presidente) una parte justa de la riqueza global. Además de la agenda antineocolonial de largo alcance que se contiene en esta frase, vemos una oposición analítica entre Occidente y la mayoría mundial.

Es decir, el enfoque civilizatorio solo es una de las formas posibles de describir el mundo. Sin embargo, parece que en el actual momento decisivo es precisamente este enfoque da el mejor “punto de entrada” para interpretar adecuadamente los procesos asociados con la transformación del orden mundial. En calidad de síntomas externos del cambio de la estructura del mundo, durante muchos años, señalamos la redistribución de las capacidades económicas y de poder a favor de nuevos centros, así como el fortalecimiento de las posiciones de actores no occidentales de importancia global. Pero, ¿qué significa esto en términos de política real? ¿Cuál es el aspecto geopolítico del nuevo sistema? ¿Cómo se organizará la interacción interestatal en condiciones de multipolaridad? Estas preguntas necesitan respuestas. Y, en nuestra opinión, es necesario buscarlos, ante todo, en el plano de estudio de grandes comunidades: macrorregiones o civilizaciones que tienen distintivas características socioculturales, geoeconómicas, políticas e internacionales.

Volvamos de nuevo al discurso del jefe de Estado en el Club Valdái: “el sentido del actual momento histórico consiste precisamente en el hecho de que todas las civilizaciones, Estados y sus alianzas de integración tienen oportunidades para avanzar por su propio camino de desarrollo democrático y original”.

En otras palabras, la cristalización de las civilizaciones (llamémoslas plataformas civilizatorias) cada una de las cuales tienen una estructura única, así como el desarrollo de vínculos entre ellas, es lo que allana el camino hacia la formación de un sistema fundamentalmente nuevo. Reemplaza el paradigma anterior caracterizado por el dominio de una civilización y su expansión bajo los lemas de globalización, occidentalización, americanización, universalización, liberalización y borrado de las fronteras nacionales. Como subrayó el Presidente de Rusia, Vladímir Putin, “si la globalización liberal es la despersonalización, la imposición del modelo occidental en todo el mundo, la integración, por el contrario, es el descubrimiento de las capacidades de cada civilización en beneficio del conjunto, para que ganen todos”.

Así las cosas, el mundo está avanzando de la globalización a la formación de muchas plataformas civilizatorias (también se puede llamarlas centros de poder o “polos”) y posteriormente a la interacción e integración entre ellos. Es un largo proceso histórico, toda una época en que entramos, independientemente de si lo queremos o no. Los nuevos centros de desarrollo mundial buscan en la multipolaridad la posibilidad de preservar la soberanía y la identidad sociocultural y desarrollarse armoniosamente, de conformidad con sus tradiciones y intereses nacionales y aspiraciones de los pueblos.

Es importante destacar que las comunidades civilizatorias no pueden y no deben ser iguales en cuanto al poder económico y militar, dimensiones del territorio o cuantía de la población. Las une su capacidad de influir en los procesos globales, llevar su visión respecto a la solución de problemas al debate mundial.

¿Por qué otros indicadores definimos una comunidad civilizatoria? Desde el siglo XIX, los científicos rusos dan descripciones sustancialmente cercanas. Cada civilización “se forma sobre el fundamento de una premisa espiritual, un símbolo cultural primario o un valor sagrado, que se convierten en la base de formación de una cultura única”.[5]. La civilización es “una categoría especial de Estados con una historia larga y continua, una identidad distintiva y la disposición de sus ciudadanos y líderes a defender su identidad cultural”.[6]. La civilización se caracteriza por la existencia de “prácticas sociales y políticas establecidas en la cultura, reproducidas constantemente durante mucho tiempo, matrices de civilización estables, pero que evolucionan, que indican la existencia de un núcleo de civilización”.[7]. La civilización prevé el proceso de formación soberano[8], y su identidad “se basa en la dominación de una ideología plasmada en la energía de la cultura y en la consolidación de la paz, lo que se manifiesta en el proyecto político y se refleja en el establecimiento histórico de objetivos”[9]. La civilización se define metafóricamente como “una humanidad especial en una tierra especial”.[10] o como el “alma especial” de cada pueblo[11], “una humanidad especial, independiente (en otras palabras, autosuficiente) en una tierra especial”[12].

Traduciendo lo anterior al lenguaje de la práctica política, especifiquemos los criterios con que, en nuestra opinión, cumplen las civilizaciones y otros actores de importancia global.

Es, ante todo, la capacidad y la voluntad de aplica la política interna y exterior soberana e independiente.

En segundo lugar, la existencia de suficientes capacidades económicas, militares, demográficas, científicas, educativas y tecnológicas integradas. La seguridad de los recursos, que permite mantener la estabilidad socioeconómica y un alto nivel de autosuficiencia de la economía nacional.

El componente más importante es la capacidad de actuar como un “punto de montaje” de los espacios geográficos adyacentes, para desempeñar un papel principal en los proyectos de integración.

Finalmente, una parte integral de la identidad de la civilización es la existencia de su propia filosofía de desarrollo, su propia visión de “autor” de la política internacional, las capacidades culturales y espirituales distintivas e importantes a escala mundial.

Los siguientes Estados-civilizaciones y comunidades civilizatorias parecen cumplir con los criterios indicados en mayor o menor medida: Rusia, China, India, Sureste Asiático (comunidad de la ASEAN), el mundo árabe y la comunidad islámica, África, América Latina y el Caribe, así como la civilización occidental con sus componentes anglosajón y europeo-continental. Estos actores del nivel más alto se preparan para participar en la definición de la imagen del mundo multipolar: la mayoría mundial, a través de la compaginación de las oportunidades y la creación, Occidente (en su estado actual de nihilismo adolescente en relación con los procesos históricos objetivos), a través de la oposición al resto del mundo.  

La estructura de las civilizaciones/comunidades de civilizaciones puede ser diferente. Y además, pueden encontrarse en distintos grados de montaje demostrando la diversidad de soluciones arquitectónicas [13]. Sin embargo, cada civilización se caracteriza por la presencia de un núcleo (un país-civilización o varios Estados líderes regionales). A su alrededor se forman el segundo y el tercero cinturones periféricos. Se destacan los “solitarios sólidos” – Estados que tienen ambiciones serias, por encima del promedio – dentro del marco de la agenda regional, y en algunos casos global – y herramientas para su implementación; sin embargo, estos solitarios no tienen suficientes recursos para formar una comunidad de civilizaciones, aunque a veces pretenden serla (Irán, Turquía, Israel y algunos otros países, entre los cuales, quizás, Japón).

Garantizar la libertad y el bienestar de todos los Estados del mundo multipolar independientemente de su pertenencia a uno u otro grupo civilizatorio, puede asegurar la observancia del principio de igualdad soberana, consagrado en la Carta de la ONU. Hay que tener en cuenta que en este principio básico no se trata solo de la igualdad de las relaciones interestatales. También presupone la verdadera soberanía de los países independientes, su orientación hacia los intereses nacionales en la política interior y exterior. Así, abogando por la observancia de este principio, nosotros defendemos la constante más importante en la democratización de las relaciones internacionales, la protección de la diversidad cultural y civilizatoria y la construcción de un sistema mundial multipolar, en que ningún Estado debe ser menoscabado.

La propia lógica del proceso histórico facilita la formación de comunidades o plataformas civilizatorias como pilares de la nueva arquitectura de las relaciones internacionales. Ante nuestros ojos, el mundo occidental está perdiendo el dominio de quinientos años, que se inició en 1492 (la reconquista en la Península Ibérica y el inicio de la colonización de América). Un destacado especialista internacionalista ruso señala que el poder de Occidente “comenzó a desmoronarse en la década de los 1960” [14] bajo la influencia de los procesos de descolonización. Al final de la Segunda Guerra Mundial, 750 millones de personas (un tercio de la población mundial) vivían en las colonias. Después de 1945, 80 antiguas colonias obtuvieron su independencia [15].

Sin embargo, la descolonización en la década de 1960 no condujo a la adquisición de una plena soberanía económica y política por parte de los nuevos Estados independientes. El sistema de pagos internacionales, centrado en el dólar estadounidense y las reservas de oro y divisas, las instituciones de Bretton Woods, el movimiento transfronterizo del capital de las CTN occidentales, y muchas otras cosas, representaron una nueva, más sofisticada y normativamente (pero no moralmente) más protegida forma de dominación colonial. El neocolonialismo fue diseñado para garantizar la transferencia continua de recursos del mundo emergente a las necesidades de los países llamados del “billón de oro”. Después del colapso de la URSS y la comunidad socialista, este sistema se extendió a casi todo el mundo bajo las consignas de la globalización. Las prácticas neocoloniales permitieron a los grupos gobernantes de Occidente mantener sus economías a flote, asegurar un alto nivel de consumo de la población y también preservar sobre esta base la así llamada estructura liberal-democrática de la sociedad, que, sin embargo, comenzó a desmoronarse, erosionando rápidamente y regresando a la norma asocial históricamente inherente a Occidente – la misma guerra hobbesiana: todos contra todos – a medida que se intensificaba la crisis económica.

A principios del siglo XXI el ascenso del Oriente y Sur Global, acelerado gracias al desarrollo de la cooperación transfronteriza, rompió este paradigma, económica y moralmente insostenible. En 2021, los países BRICS superaron la participación de “los siete” en el volumen global de actividad económica, habiendo formado el 32% del PIB global en paridad de poder adquisitivo [16]. El desarrollo económico es seguido por la subjetividad política, la misma soberanización de los Estados nacionales, que se mencionó anteriormente. En cada una de las macrorregiones del mundo un Estado líder de importancia mundial, o varios de esos países, han pasado a primer plano.

Hasta hace poco este proceso llevaba un carácter natural, desordenado, incluso espontáneo. La tendencia larga era claramente visible, pero necesitaba tiempo para formar su estructura.

Hay razones para creer que el ímpetu para una transformación cualitativa de la situación fue causa de la operación militar especial de Rusia. Esto se evidencia por la falta de voluntad de la mayoría mundial para unirse a las sanciones antirrusas y la campaña de propaganda política de Occidente. Son ​​relevantes los resultados de la votación en noviembre de 2022 sobre el borrador de la odiosa resolución de la Asamblea General de la ONU de “compensación por daños a Ucrania” [17]. Más de la mitad de los Estados miembros de la ONU se negaron a apoyar el texto de confrontación. Es sintomática la observación de los autores de uno de los resúmenes analíticos, publicados en Asia: “Los líderes del Sur Global están sorprendidos por el contraste entre la persistencia de Occidente en cuanto a Ucrania y la falta de un celo similar, cuando se trataba de problemas en otras partes del mundo” [18]. Los occidentales, además, obviamente se excedieron con la torcedura de brazos. El ministro de Asuntos Exteriores de la India, Subrahmanyam Jaishankar, recomendó a Europa “superar una mentalidad que supone que sus problemas son los problemas del resto del mundo” [19].

Por supuesto, las razones fundamentales de la falta de voluntad de la Mayoría Mundial para formar parte de la coalición antirrusa no están relacionadas directamente con Ucrania. Los expertos rusos señalan, que “los habitantes del antiguo “Tercer Mundo” consideran correcto e históricamente irreversible oponerse a los antiguos gobernantes coloniales” [20]. Las acciones de Rusia se ven a través del prisma de restaurar la justicia histórica. Aparece una verdadera “oportunidad de construir esquemas efectivos de interacción y desarrollo no contra Occidente, sino rodeándolo, y sin su participación” [21]. Y esto no es “no resistencia al mal por medio de la violencia”, según León Tolstoi o M. Gandhi, sino un menosprecio elemental por Occidente (la encarnación del mal). Resulta que es posible desarrollarse con éxito fuera del paradigma “amo-esclavo”, impuesto por las antiguas metrópolis.

La constatación de que las reglas del juego están cambiando podría, en principio, convertirse en sí misma en un incentivo para que todos negociaran. Pero por ahora, vemos cómo los anglosajones, o, mejor dicho, sus élites gobernantes, han confiado en la restauración contundente del “momento unipolar” de principios de la década de 1990. Para ello, logran la división de las comunidades civilizatorias en segmentos convenientes para su absorción según la fórmula de “divide y vencerás”. Esto no es sorprendente. Ya en 2019, mientras trabajaba en el sector privado, el actual asesor de seguridad nacional del presidente de EEUU, John Sullivan, escribió francamente en un artículo que la única condición para la victoria del concepto de excepcionalismo estadounidense solo puede ser “la derrota del paradigma que destaca la identidad étnica y cultural” [22]. En otras palabras, a nivel de ideología, siempre ha habido una disposición a luchar contra los “polos” que no dependen de Occidente, pero ahora ha llegado el momento de la acción.

Para encubrir sus aspiraciones hegemónicas, Occidente presentó el concepto de “orden basado en reglas”. Como señaló el ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, se trata de “una división racista del mundo en un grupo de “excepcionales”, que tienen indulgencia por cualquier acción, y otros países que están obligados a seguir los pasos del grupo del “billón de oro” y servir a sus intereses” [23]. Algunos expertos occidentales admiten que este “orden” es contrario a las aspiraciones del mundo emergente [24], y la mayoría mundial no se apresurará a alinearse para apoyarlo. Y nosotros estamos seguros de que este “orden” pronto irá al basurero de la Historia o (en el mejor de los casos para sus inspiradores) determinará únicamente los parámetros del mundo occidental en sus límites geográficos naturales.

El factor civilizatorio en los asuntos internacionales es un signo de nuestro tiempo. En el momento de cambiar hitos históricos, se intensifica la lucha de ideas y representaciones del futuro. Pero esta colisión no ocurre en el abstracto, ni en el vacío. Su marco está fijado por la imagen geopolítica y civilizatoria del mundo multipolar que está naciendo hoy.

 [1] Reunión del Club de Discusión Internacional “Valdai” // Presidente de Rusia. 27.10.2022. URL: http://kremlin.ru/events/president/news/69695 (fecha de acceso: 15/02/2023).

[2] Ibíd.

[3] Ibíd.

[4] Karaganov S.A. Observamos el surgimiento de un nuevo mundo en el momento de su creación // Rossiyskaya Gazeta. Edición federal No. 242 (8890). 26/10/2022.

[5] Danilevsky N.Ya. Rusia y Europa. Moscú: Libro, 1991. 577 páginas. (p. 75).

[6] Naumkin V.V. Modelo no occidental: ¿Existe un Estado-Civilización? // Polis. Estudios políticos. Nº 4. 2020. Págs. 78-93.

[7] Naumkin V.V., Kuznetsov V.A. Déjà vu: motivos medievales en la moderna vida política árabe // Boletín de la Universidad MGIMO. Nº 4. 2019. Págs. 38-53.

[8] Neklessa A.I. La civilización como proceso: sujetos multiplicados de Postmodern // Polis. Estudios políticos. Núm. 5. 2021. Págs. 39-55.

[9] Neklessa A.I. Mundo ruso: civilización de muchos pueblos // Pensamiento Libre. No. 6. 2011. Págs. 165-180.

[10] Tsymbursky V.L. Pueblos entre civilizaciones / Isla Rusia. Obras geopolíticas y cronopolíticas. M.: ROSSPEN, 2007. Págs. 212-239.

[11] Ilyin I. A. Sobre la monarquía y la república. Nueva York: Commonwealth, 1979. 330 p.

[12] Tsymbursky V. L. Tierra más allá del Gran Tramo Limítrofe: de “Rusia-Eurasia” a “Rusia en Eurasia” // Negocios y Política. Nº 5. 1995.

[13] Neklessa A.I. Mundo ruso: civilización de muchos pueblos // Pensamiento Libre. No. 6. 2011. Págs. 165-180.

[14] Karaganov S.A. Observamos el surgimiento de un nuevo mundo en el momento de su creación. Periódico ruso. Edición federal No. 242 (8890). 26/10/2022.

[15] Temas globales en la agenda. Descolonización // ONU. URL: https://www.un.org/ru/global-issues/decolonization (fecha de acceso: 29/12/2022).

[16] Banco de datos del Banco Mundial // Banco de datos. URL: https://databank.worldbank.org/source/world-development-indicators (consultado el 29/12/2022).

[17] Resolución de la AG de la ONU A/ES-11/L.6 // ONU. URL: https://documents-dds-ny.un.org/doc/UNDOC/LTD/N22/679/17/PDF/N2267917.pdf?OpenElement (consultado el 29/12/2022).

[18] Menon R. The “Rules-Based International Order” Has a Priorities problem, stressing War over Food Security and Climate // Informed Comment. 14.11.2022. URL: https://www.juancole.com/2022/11/international-priorities-stressing.html (consultado el 29.12.2022).

[19] ‘Europe Has to Grow Out of Mindset That Its Problems Are World’s Problems’: Jaishankar // The Wire. 3.06.2022. URL: https://thewire.in/government/europe-has-to-grow-out-of-mindset-that-its-problems-are-worlds-problems-jaishankar (consultado el 29.12.2022).

[20] Lukyanov F.A. La justicia no es un concepto universal // Russia in Global Affairs. 2.11.2022. URL: https://globalaffairs.ru/articles/spravedlivost-ne-universalna/ (fecha de acceso: 29/12/2022).

[21] Ibíd.

[22] Sullivan J. En qué se equivocaron Donald Trump y Dick Cheney sobre EEUU // Atlantic. Enero/febrero de 2019. URL: https://www.theatlantic.com/magazine/archive/2019/01/yes-america-can-still-lead-the-world/576427/ (consultado el 15/02/2023).

[23] Videomensaje del Ministro de Asuntos Exteriores de la Federación de Rusia Serguéi Lavrov a los participantes en el V Foro Global de Jóvenes Diplomáticos // MAI de Rusia. 27/08/2022. URL: https://mid.ru/ru/foreign_policy/news/1827539/ (fecha de acceso: 29/12/2022).

[24] Menon R. El “orden internacional basado en reglas” tiene un problema de prioridades, enfatizando la guerra por la seguridad alimentaria y el clima // Comentario informado. 14/11/2022. URL: https://www.juancole.com/2022/11/international-priorities-stressing.html (consultado el 29/12/2022).

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