La Guerra Fría 4.0

El 6 de mayo, el gobernador de Nueva York, Adrew Cuomo, en su comparecencia ante los medios para dar el reporte diario de la situación dela covid-19, presentó a Eric Schmidt, exdirector ejecutivo de Alphanet (Casa Matriz de Google), quien actualmente preside la Comisión de Seguridad Nacional en Inteligencia Artificial (NSCAI, por sus siglas en inglés), que aconseja al congreso y la Junta de Innovación en Defensa (DIB, por sus siglas en Inglés) que asesora al Departamento de Defensa, a partir de ese momento encabezará también la comisión de expertos encargada de reimaginar la realidad de Nueva York pos pandemia, haciendo énfasis en la integración permanente de la tecnología en todos los aspectos de la vida cívica.

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“Las primeras prioridades que queremos atender”, dijo Schmidt, “se centran en telesalud, educación a distancia, y banda ancha…Necesitamos buscar soluciones que se puedan  emplear ahora y acelerar la utilización de la tecnología para mejorar las cosas.” ¿Qué hay detrás de tanta fortuna?

Dos días después, la periodista canadiense Naomi Klein —periodista, escritora productora audiovisual, activista—, publicó en el sitio The Intercept, un artículo donde hace un análisis detallado del trabajo adelantado por esta comisión de seguridad nacional en Inteligencia Artificial (NSCAI), quiénes la conforman, bajo que premisas se creó, cuáles podrían ser sus intereses y qué fines persigue. Es decir, nos puso en contexto. Este escrito tuvo amplia resonancia por medios internacionales, Wall Street Jornal, The Guardian, prensa extranjera alternativa y tradicional. Rebelión.org publicó un mes después la traducción realizada por Lacava.org.

Las restricciones y medidas necesarias para la prevención y control del COVID-19 están creando condiciones favorables para que muchas de las recomendaciones del sector de Tecnologías de Silicon Valley, y en especial del NSCAI, se comiencen a considerar por los decisores políticos estadounidenses, incluso medidas como la vigilancia a escala masiva y el reconocimiento facial empiezan a tener el apoyo del público.

Como las oportunidades las pintan calvas, ni cortos ni perezosos, la NSCAI para la fecha ha producido tres documentos informativos, con recomendaciones relacionadas al covid-19: “Recomendaciones sobre ética y privacidad para los aplicativos desarrollados para mitigar el covid-19” (6 de mayo 2020); “Mitigando los impactos económicos de la pandemia covid-19 y preservando la competitividad estratégica en IA de EE.UU.” (19 de mayo 2020); “El rol de la tecnología IA en la respuesta y preparación para enfrentar la pandemia: Inversiones recomendadas e Iniciativas” (25 de junio del 2020). Todos estos papeles informativos se pueden bajar en el sitio NSCAI reportes.

Para tener una lectura más clara de las verdaderas intenciones de estas iniciativas, saber lo que está en juego, hay que indagar en el sujeto colectivo, en este caso estas comisiones asesoras del congreso y del departamento de Defensa. La Comisión de Seguridad Nacional en Inteligencia Artificial (NSCAI), creada en agosto del 2018, tiene como objeto “considerar los métodos y las principales medidas necesarias para avanzar en el desarrollo de la IA, el aprendizaje automático y las tecnologías asociadas que acertadamente conduzcan a satisfacer las necesidades de los EE.UU. en seguridad nacional y defensa”, asumimos que al referirse a tecnologías asociadas en estos documentos, se refieren mayormente a tecnologías de información para… por su parte, la Junta de Innovación en Defensa (DIB) (creada en abril del 2016), tiene como misión: “proveer al secretario de defensa, su adjunto y otros funcionarios de alto nivel, lideres del departamento, de consejos independientes y recomendaciones sobre las principales medidas de innovación a tomar para enfrentar los retos futuros a través del prisma de tres áreas focales: pueblo y cultura, tecnología y capacidades, prácticas y operaciones”.

Se aclara más el panorama, mientras una muestra una misión más instrumental y operativa (NSCAI), la otra (que asesora al departamento de defensa —DIB—), transciende lo instrumental —ciencia y tecnología— de su misión, al agregar el foco “pueblo y cultura”. Atención antropólogos, sociólogos, psicólogos y demás ciencias sociales, este es el ámbito ampliado de valoración para la seguridad y defensa nacional de DIB.

Otra forma de conocer a estos sujetos, es teniendo la lista de los miembros de instancias asesoras, de la Junta de Innovación en Defensa, no se ha podido ubicar al resto de miembros, pero de la NSCAI, la ONG EPIC.org presenta esta lista exhaustiva de miembros: El presidente de la comisión Eric Schmidt, expresidente de Alphanet Inc, como vicepresidente Robert O. Work, ex-adjunto del secretario de defensa a diciembre del 2019, incluían a Safra Catz, directora ejecutiva de Oracle; a Eric Horvitz, director de laboratorios de Investigación de Microfsoft; a Andy Jassy, director ejecutivo de Amazon Servicios Web; Andrew Moore, máxima autoridad de Google Cloud AI; Chris Darby, director ejecutivo del fondo de capital de riesgo IN-Q-Tel y GilmanLoui, asociado de la firma de capital de riesgo Alsop Louie Partners, el resto de los 7 miembros son importantes autoridades en la materia del sector académico y ex funcionarios de gobierno de alto nivel.

Para saber por qué el encono con China, puede que la presentación que realizó la NSCAI, en mayo del 2019 “Chinese Tech Landscpae Overview”, al congreso a puerta cerrada —recién se ha hecho pública (EPIC-19-09-11-NSCAI-FOIA-20200331-3rd-Production-pt9), gracias a las acciones emprendidas por la epic.org, amparadas en la ley de libertad de información (FOIA, por sus siglas en inglés)— sobre el avance de empresas de tecnologías chinas ayude a comprender qué persigue EE.UU., ¿por qué China? y qué relación guarda con la preservación de su rol hegemónico en este nuevo orden que emerge, que algunos han denominado la cuarta revolución industrial.

Por su extensión nos eximiremos de comentarlo, invitamos al lector a que lo “baje”en el enlace que agregamos al nombre de la presentación. Sin embargo, presentaremos una parte del reportaje que le hiciera el 27 de febrero de este año, el periódico The New York Time, a Eric Schmidt, nos brinda una idea de las razones.

“Tendencias importantes no están a nuestro favor. El liderazgo estadounidense en I.A., por ejemplo es precario. La I.A. abrirá importantes fronteras en todo, desde la biotecnología hasta la banca, siendo también una prioridad en el Departamento de Defensa.

Liderizar al mundo en I.A. es esencial para el crecimiento de nuestra economía y protección de nuestra seguridad. Un estudio reciente que considera más de 100 métricas –Índice Global de Inteligencia Artificial– encontró que los EEUU está hoy a la cabeza, por encima de China, pero que descenderá en un lapso entre  5 a 10 años. China cuenta con casi dos veces más supercomputadores y alrededor de 15 veces más del número de radiobases 5G desplegadas que EE.UU. Si la tendencia continúa, el total de inversiones chinas en investigación y desarrollo se espera que supere a las de EE.UU. en 10 años, en el mismo lapso se proyecta que la economía china sea mayor que la nuestra.

Si estos avances desplazan a las compañías y al gobierno estadounidense y se le da ventaja comercial y militar a nuestro rival «la desventaja resultante para los EE.UU. podría poner en grave riesgo la seguridad nacional y la estabilidad global».

Los estadounidenses vivirían en un mundo peligroso moldeado por una visión china de las relaciones entre la tecnología y la acción de gobierno autoritaria. Las sociedades libres deben reforzar la resiliencia de la democracia liberal de cara a estos cambios tecnológicos que la amenazan.”, NYT, 27-2-2020.

En esta guerra fría 4.0, ¿qué le queda por hacer a los países de la región de nuestra América o del llamado “Sur Global”? Sin duda estaremos en el tablero de este juego geopolítico y geoeconómico, la pregunta es ¿cómo qué?, cómo peones, consumidores y/o trabajadores sobreexplotados, o cómo agentes o sujetos de cambio con cierta independencia? Nos apresuramos a participar en esta carrera, aún sabiendo las desiguales condiciones, de manera acrítica, sin siquiera reflexionar ¿si es esta sociedad, una distopía tecnológica, como nos advierte Naomi Klei, nos acercará al mundo posible que aspiramos y merecemos?

Si tratamos de ver en el índice global de Inteligencia Artificial, anteriormente referido, donde se reduce el mundo a un ranking de 54 países, solo están, de nuestra región, México, Brasil y Argentina, ocupando los puestos 36, 44 y 47, respectivamente. Este índice agrupa los 100 subíndices o métricas en tres categorías: “Implementación” –que considera todo lo operativo de la I.A., incluyendo educación, infraestructura y trabajo-, “innovación” –que considera la tasa de investigación y el número de expertos en el área- , “inversión” –que mira los flujos de capital de riesgo hacia y desde el foco de I.A.

Si no tuviéramos salida, ¿cuál de los dos países contendientes nos permitiría mayores libertades e independencia?, concediéndonos una mayor transferencia tecnológica, que vaya mas allá del “saber cómo usar”, que nos permita llegar a “saber cómo instalar y gestionar”, “saber cómo reproducir y copiar”, “saber cómo desarrollar y crear”, en concreto, que comparta con nosotros los beneficios y los aprendizajes de la Inteligencia Artificial.

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Este cambio de paradigma exige un debate nacional, regional y mundial.

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