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La ultraderecha ataca en Europa y América

El triunfo de fórmulas de la extrema derecha ha levantado voces de advertencia

Víctor Urban en Hungría, Giorgia Meloni en Italia, Ulf Kristerson en Suecia, Mateusz Morawiecki en Polonia, Petteri Orpo en Finlandia, Geert Wilders en Países Bajos, Kyriakos Mitsotakis en Grecia, Javier Milei en Argentina, Donald Trump en busca de la presidencia de Estados Unidos. La ultraderecha ha venido cobrando resonancia en el mundo, obteniendo victorias en unos casos y ubicándose con posibilidades de poder en otros.

En Europa, según algunos analistas, podrían convertirse en una tendencia política, sumándosele en nuestro continente lo ocurrido en las elecciones argentinas, para que algunas voces comiencen a emitir señales de advertencia.

Es el caso del diputado Jacobo Torres, integrante de la Vicepresidencia Internacional del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), quien apunta que “desde hace algún tiempo pareciera haber una especie de crisis cíclica del capitalismo, comenzando a abrirse espacios de confrontación. Por un lado tienes a América Latina, pujante, progresista, pese a algunos baches como el de Argentina, donde ganó Javier Milei, y perdió el pueblo, por la pusilanimidad del gobierno de Alberto Fernández, frente a una realidad avasallante, a la que no supo darle respuesta”.

“En el caso de Europa, a diferencia de Latinoamérica, comienza a volver como hace 100 años al capitalismo más salvaje, expresada en esos brotes que están surgiendo. Eso responde a la crisis estructural del capitalismo, de cada vez más difícil solución”, enfatiza.

El también Coordinador Internacional de la Central Bolivariana Socialista de Trabajadores (CBST), afirma que en ese contexto “comienzan a aparecer casos como la nieta de Mussolini (Giorgia Meloni) en Italia, Jean Marie Le Penn en Francia, (Geert) Wilders en Países Bajos; en España por muy poco no gana la coalición de Vox y el Partido Popular, que son la más brutal expresión del franquismo, sin contar en nuestro continente la amenaza de que Donald Trump vuelva a ser Presidente en los EEUU”.

Revisión

“Se empieza a generar un interesante escenario, con una lucha frontal entre ese brote facho y el sostenimiento de gobiernos progresistas, revolucionarios y se nos plantea la necesidad de hacer profundas revisiones sobre estos fenómenos, para fijar posturas comunes de los pueblos y las organizaciones políticas revolucionarias para enfrentarlos”, propone entonces Torres.

El dirigente gremial sostiene que en buena parte “ese repunte se debe a la pusilanimidad con que la socialdemocracia ha atendido los problemas más acuciantes de la sociedad”.

Explica que “al no haber respuestas contundentes desde los sectores progresistas, socialistas, socialdemócratas, comienza la gente a voltear hacia el fascismo, pero detrás del poder real están las transnacionales, como hace 100 años”.

El Coordinador Internacional de la CBST añade que “voltear hacia el fascismo responde también a una sistemática manipulación a través de los grandes medios, que enfilan hacia la despolitización de la gente, remachando antivalores expresados en sujetos como Milei o la extrema derecha europea. La gente voltea hacia ellos desesperada por no encontrar respuestas en factores que por su posición ideológica deberían dárselas en estos momentos”.

Por ello, Jacobo Torres llama a reflexionar sobre el hecho de que “mientras la extrema derecha se está reagrupando, los sectores progresistas debemos abrir una discusión para profundizar los procesos políticos y sostenernos en el poder”.

Mussolini y Hitler pusieron al fascismo en el mapa

La nueva arremetida de la ultraderecha en el planeta coincide con los 101 años del ascenso al poder de Benito Mussolini en Italia y los 90 del encumbramiento de Adolfo Hitler en Alemania.

El 24 de octubre de 1922, en medio de una compleja situación en ese país, Benito Mussolini, líder del Partido Nacional Fascista, proclamó en un discurso ante sus seguidores en Nápoles: “Nuestro programa es sencillo: Queremos gobernar Italia”, instando a la que se conocería como Marcha sobre Roma, logrando en diciembre su nombramiento como presidente del Consejo de Ministros Reales, con la aprobación del rey Víctor Manuel III, asumiendo desde entonces el mando total del Estado italiano.

Gobernó ese país como un dictador bajo el signo del totalitarismo y la autocracia que caracterizan al fascismo, hasta el 25 de julio de 1943, cuando fue execrado del poder.

Adolf Hitler, como líder del Partido Nazi, intentó fallidamente dar un Golpe de Estado en Alemania en 1923. Sin embargo, una década más tarde, en las elecciones de noviembre de 1932, lograron un mayoritario 32%, que le permitieron exigir su nombramiento como Canciller al presidente Paul von Hindenburg, quien después de oponerse, finalmente se vio obligado a ceder designándolo en enero de 1933.

Al fallecer Hindenburg en 1934, Hitler se declaró Führer (líder) y asumió de manera dictatorial el poder hasta su suicidio en abril de 1945.

“Il Duce” tomó el poder en 1922.

Globalización capitalista y pánico de identidad

En la “globalización capitalista, que también es un proceso de homogeneización y subsunción cultural brutal (y da origen) a escala mundial a formas de pánico de identidad (el término es de Daniel Bensaid), lo que lleva a manifestaciones nacionalistas y/o religiosas intolerantes y favorece conflictos étnicos o confesionales”, encuentran los analistas Michael Lowry y Samuel González una posible explicación al ascenso de la ultraderecha “en forma de gobiernos, pero también de partidos políticos que aún no gobiernan, pero tienen una amplia base electoral”.

En el artículo “El combate a la extrema derecha”, publicado en la Revista Jacobin el 17 de abril cuando todavía no se habían producido los triunfos de distintas coaliciones en Europa y el reciente de Javier Milei, ambos investigadores advertían que “estos procesos tienen lugar en sociedades capitalistas en las que el neoliberalismo ha dominado desde la década de 1980, destruyendo los vínculos y solidaridades sociales, profundizando las desigualdades”.

“También es preciso tener en cuenta el debilitamiento de la izquierda comunista (…) sin que otras fuerzas de izquierda radical logren ocupar ese espacio político”, afirmaban en el mencionado texto.

El ultraconservador Geert Wilders.

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