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8 de diciembre

Empiezo a escribir y me asalta el recuerdo de Chávez. Hace ya 9 años, en 2012, se dirigía al país en lo que sería su última cadena nacional, esa que fue “plena como la luna llena”, esa de la “unidad, lucha, batalla y victoria”, la de “que nadie se equivoque, hoy tenemos pueblo, hoy tenemos patria”. La de la despedida con el himno de los blindados. Parecía estar consolando a los demás, aunque era él quien se moría: “me causa dolor tener que comunicar esto, porque sé que a mucha gente le causa dolor”.

El presidente Maduro declaró al 8 de diciembre Día del Amor y la Lealtad. Muchos técnicos rehúyen la palabra amor, les resulta así como poco seria. Como reservada en el habla pública a sacerdotes y profetas de la autoayuda. No obstante, está en el centro de la acción de Chávez. Hay quienes rehúyen la evidencia. “Chávez, te amo”, le gritaba un compa al comandante en medio de un mitin. “Chamo, nos queremos, nos queremos”.

Y de amor real y concreto está teñida la Revolución bolivariana, bien lejos del socialismo del siglo XX, que parecía no dejar espacio a los afectos.

También hay proyectos políticos que se fundan en el odio, en el miedo y el desprecio al otro. Ahí está Bolsonaro, ya gastado, pero quién dijo que acabado, con su discurso de odio hacia las mujeres, afrodescendientes, indígenas; con su desprecio por la madre tierra y en general por la vida; ese desprecio que se cuenta en más de 600.000 muertes por covid, esa gripesinha. Igual camino el de los que tienen horror a la paz, los que ordenan disparar a los ojos de manifestantes a los que consideran sin más como terroristas.

Con Duque, discípulo de Uribe, son asesinados a diario mujeres y hombres que contribuían a la conciencia y la organización popular. Ante la posibilidad de su derrota electoral, recurren con poco disimulo a la amenaza directa de las Águilas Negras. Con marketing y maquillaje no se disimulan las coincidencias con Piñera, y no se diga nada del señor Kast, “el nuevo fenómeno electoral” de la ultraderecha chilena.

Ah, por cierto, fue también un 8 de diciembre cuando Chávez llevó los restos simbólicos de Guaicaipuro al Panteón Nacional. Algo que solo pudo ser posible con un presidente y un líder empujado por el amor a un pueblo y el amor de un pueblo. Porque amor es compromiso.

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