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80 años de la voz plural

En 1943, la población caraqueña no llegaba a medio millón de personas. El presidente Isaías Medina Angarita, cumpliendo el mandato de Bolívar, compró las 164.000 hectáreas de la Hacienda Ibarra, con la finalidad de establecer allí la Ciudad Universitaria de Caracas.

El 15 de noviembre, mientras algunos caraqueños iban en el tranvía leyendo El Morrocoy Azul con dirección a los cines Rialto y Principal para ver Doña Bárbara con María Félix y Julián Soler, estudiantes ensayaban por primera vez en la segunda sede de la Universidad Central de Venezuela, ubicada de Bolsa a San Francisco.

Lo hacían bajo la égida del maestro Antonio Estévez, alumno avezado de Vicente Emilio Sojo, quien fuera el creador de la Cátedra de Composición y Declamación en la Escuela de Música José Ángel Lamas (Escuela de Santa Capilla), en la que nacen madrigales, canciones corales y la Escuela Nacionalista. Ensayaron el arreglo de Juan Bautista Plaza del Gloria al bravo pueblo. Estévez enseñó las voces de soprano y contralto a las muchachas, Inocente Carreño quedó con los tenores y Antonio Lauro con los barítonos y bajos. Ese día nació el Orfeón Universitario de la UCV.

La noche del 19 de mayo de 1944 –mientras un tren proveniente de Hungría ingresó al campo de concentración polaco de Auschwitz, uno de los sitios donde los nazis llevaron adelante el exterminio de miles de rusos, comunistas, gitanos, enfermos y judíos, un genocidio que los alemanes del Tercer Reich llamaron la “solución final”–, en nuestro país, el Orfeón Universitario dio su primer concierto en el teatro Municipal de Caracas.

29 sopranos, 13 contraltos, 21 tenores, 14 barítonos y 13 bajos, cantaron, dirigidos por Antonio Estévez, el Himno Nacional, el Gaudeamus igitur (Alegrémonos pues), considerado el himno universitario internacional; Por la cabra rubia de Vicente Emilio Sojo; Cantilena pastoril y El curruchá, ambas de Juan Bautista Plaza; Canto aragüeño; Oligarcas temblad; El cambao; Esta noche serena; Palomita blanca; San Pedro; Fúlgida luna, y Canción de la juventud de Dmitri Shostakovich con arreglos de Antonio Estévez. El tenor Gustavo Rodríguez Amengual se convierte en el primer solista en la historia de la agrupación.

Desde aquel inicio, siempre cantan los campesinos que están en la tierra, los marineros que están en el mar y los poderes creadores del pueblo celebran a capela o acompañados de un cuatro, lanzan con orgullo al viento pentagramas de canto y llevan, cual milicianos, a cada rincón del mundo su canto infinito de paz.

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