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A Don Felipe VI

Muy alto y muy poderoso señor rey de las Españas (como diría Bartolomé de Las Casas).

Mira rey, tú eres el papá de los helados de la política exterior del Estado español y máximo chivo de las fuerzas armadas. Tu papá es un tipo chévere y cachondo, parece buena vaina. Aunque haya pretendido mandar a callar al muy digno y muy amado corazón del pueblo, Chávez. Uno sabe que eso fue un arrebato del viejo que se despertó creyendo que estaba en la mesa de dominó con los convives.

Nosotros no tenemos problema con tu familia ni contigo. Te conocí en la quebrada de Catuche, en La Pastora, allí cerquita del puente más antiguo de Caracas, que lo construimos nosotros, durante el reinado de tu tátara Carlos III. Fuiste con el comandante Chávez a mostrar tu solidaridad y la de tu pueblo por los efectos de la vaguada de 1999. Uno ahí, en medio de ese dolor, estaba mosca que no se te ensuciarán los Foster&Son.

Tú de príncipe te portaste como caballero. ¿Qué te pasó? ¿Qué te dieron? ¿Se te subió la corona a la cabeza? En 1992, hablaste bien, muy bolivariano, muy unitario y tal, te parecías a tu tío Felipe “el prudente”. Los lamebotas fueron los gobernantes y los historiadores nuestros que cayeron en la trampa del “encuentro”.

Permíteme recomendarte que sigas el consejo del abuelo Luis XIV a tu tío Felipe V. También, búscate ahí donde tienes los libros de Carlos I y Felipe II: Las Leyes Nuevas y el súper resumen que hizo Las Casas a Felipe II de la relación de la destrucción de las Indias. Yo te mando por Whatsapp el de la destrucción de África. Sin duda, al leer eso, vas a hacer mejor la chamba.

Déjate asesorar como “el animoso”. La hispanidad no es eso que decretó Franco, no andes por ahí defendiendo las cosas del caudillo de España por la gracia de Dios. Date tu puesto, ahí el único que tiene esa gracia eres tú. Proclámate Felipe “corazón del pueblo”, seguro te ayudamos, aquí hay bastantes venezolanos y venezolanas, pregúntale al general Morillo, amigo del Libertador Bolívar, lo que opina de nosotros. Te pido dos cosas nada más, rey: como proponía Miranda, y decía Carli, que gobiernes como los incas, con el único objetivo de: “obbligare tutti i loro sudditi ad essere felici”. Y lo otro, ¡cónchale!, pide perdón a América y África.

Tú eres católico. Tu estudiaste, tú sabes de geopolítica. Tú entiendes el tremendo polo de poder democrático, multiétnico y pluricultural que podemos ser, basta con el recíproco reconocimiento humano.

Por ahora, un abrazo indoafroibérico.