¿A quién se le ocurrió «Sembrar el petróleo»?

En escritos y tertulias de economistas, historiadores y otros intelectuales acerca del devenir histórico petrolero de Venezuela, son varios quienes afirman que el autor de la frase “Sembrar el petróleo” es Alberto Adriani, y no el periodista y novelista Arturo Uslar Pietri.

Tanto así, que quien suscribe esta nota incluyò en reciente artículo titulado «Alberto Adriani, sembrar el Bolívar», el párrafo: «Algunos señalan que la frase Sembrar el petróleo es propiedad de Adriani y no de Arturo Uslar Pietri, quien la empleó para titular su artículo homónimo publicado el 14 de julio de 1936, en el diario Ahora».

La versión sobre la autoría de Adriani de esta frase está tan arraigada, que el portal Wikipedia plasma en el contenido referido al insigne merideño (1898-1936): «Adriani Mazzei formuló entonces la famosa frase Sembrar el Petróleo, refiriéndose a la necesidad de que las entradas del petróleo -que en esa época empezaban a inundar abundantemente las cajas del gobierno venezolano- no fueran desperdiciadas en enriquecer solamente un grupo de políticos y empresarios oligarcas».

«Pues no es así. Uslar no robó nada. Sino que como buen periodista interpretó de esta manera los argumentos de Adriani”, riposta de manera categórica el profesor y analista petrolero Carlos Mendoza Potellá. “Uslar fue quien recopiló y publicó la obra de Adriani, su compañero de Gabinete durante el gobierno (1935-1941) de Eleazar López Contreras».

Aún más. Potellá arguye en mensaje Telegram enviado al autor de esta nota que «Sembrar el petróleo» es la consigna síntesis del denso planteamiento de Adriani, como lo registras tú en tu artículo. A él no se le ocurrió esa consigna. Por eso mismo, porque no trabajaba con consignas».

Bien. El asunto es que para Adriani, los beneficios de la industria petrolera no podían ser los que esperábamos. Es verdad que esta industria aumentó el volumen de nuestra producción y de nuestra exportación, acreció la productividad del trabajo nacional y apresuró mejoras en nuestras comunicaciones con el exterior y en nuestras facilidades para el comercio extranjero.

Sin embargo, añade, por su índice y por la estructura particular que ofrece en Venezuela, esa industria es, desde el punto de vista económico, una provincia extranjera enclavada en nuestro territorio, y el país no obtiene ventajas con las cuales podamos estar jubilosos, por más que sean, en cierto sentido, satisfactorias.

“Hay que ver que gran parte de las sumas correspondientes a las exportaciones petroleras se quedan en el extranjero para satisfacer rentas de capitales extranjeros invertidos, maquinaria y aprovisionamientos extranjeros, fletes de navíos extranjeros, altos empleados extranjeros”, denuncia el economista, quien llegó a ser ministro de Hacienda durante el gobierno de López Contreras.

“Nos castigan, sin que alcancemos a adivinar el porqué, con vendemos sus productos a precios mayores de los que obtienen en el extranjero. En fin, el desarrollo de la industria petrolera no ha sido un bien relativo”.

El intelectual apunta que en lo que atañe al superávit de nuestra balanza de pagos, cabe preguntamos: ¿Se economizó? ¿Se convirtió en reserva del país? ¿Se empleó en inversiones útiles, susceptibles de aumentar la productividad del país?

“No se puede responder con un sí o un no absolutos a estas preguntas. Pero, en general, puede afirmarse que fué mucho mayor la parte que se empleó en consumo inmediato y en inversiones, más propias para aumentar los gastos futuros que la futura productividad del país. Muchos de los beneficiados por los años de prosperidad y otros por seguir su ejemplo fueron los constructores de lujosas mansiones, los pródigos viajeros de los viajes de placer, los consumidores de automóviles, victrolas, licores, sedas; prendas, perfumes y otros artículos de lujo”.

Para más adelante lamentar que “En cambio, la producción de artículos de exportación vernáculos, los que verdaderamente aumentan la riqueza del país, ha permanecido estacionaria. Nuestra agricultura es rudimentaria. No hay un solo cultivo en el cual Venezuela pueda servir de ejemplo al mundo. No hay un solo sector de nuestra vida económica en donde no se descubran posibilidades de aumentar la eficiencia, de acrecer la producción económica, de estímulos fecundos”.

Enlaces patrocinados