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Aprender a leer…

En varias opiniones, recogidas en las presentes crónicas de Últimas Noticias, hemos pretendido dar a entender una afirmación de cierta importancia, tanto para los creyentes como para los que se reconocen ateos. Sale de la constatación de que las Iglesias se han contentado con repetir, a lo largo de los siglos, una doctrina elaborada, desde los primeros siglos, en los marcos culturales, lingüísticas, simbólicos del mundo grecorromano.

Tal cosa es especialmente cierta para la Iglesia Católica, en el occidente latino, y también para la Ortodoxa, de formación helenística en el oriente del mundo. En el mapamundi tradicional, el oriente incluye numerosos países situados al este de Roma (en especial el Medio Oriente de hoy), mientras que el occidente cubre sobre todo los numerosos países situados en Europa al oeste de Roma.

Cuánto tiempo no ha pasado desde la interpretación simbólica de las Escrituras, sobre todo en la época medieval. Y además, a pesar de tener supuestamente el mismo origen occidental, qué diferencia entre una Venezuela de cultura india, africana y europea, por ejemplo, y un país autosuficiente, de gran riqueza, europeo o norteamericano. Cómo no ver que los adjetivos de “occidental” y “oriental” ya no cubren, hoy, la variedad cultural, social, económica, que pretende designar. Además, las concepciones contemporáneas del mundo y del ser humano, heredadas de un importante trabajo de naturaleza científica, filosófica, histórica, interpretativa, heredado desde los siglos 16 o 17 de nuestra era, difieren enormemente de la cultura popular, de mezclados orígenes como la latinoamericana.

Por eso, va creciendo la brecha entre las Iglesias y los sistemas religiosos que se presentan como guardianes e intérpretes de la Verdad divina a través de un lenguaje, inmutable porque sacralizado. Por disconformidad con el pasado y su supuesta eternidad, hombres y mujeres de las nuevas generaciones rehúsan enseñanza, directrices de vida y organización sagrada que no significan más nada para ellos y ellas.

Admitamos que la pregunta es fuerte. Y una posible respuesta será arduo trabajo por varias generaciones. ¿Qué método interpretativo nuevo puede guiar nuestro estudio de un texto con su contexto?

Sacerdote de Petare

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