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Aquí y ayer

Ayer se cumplieron 12 años de que Chávez pasara por El Silencio y se bajara para sacar de entre unos cartones a varios muchachos que estaban allí durmiendo en una acera. Abrazó a uno de ellos y tomaron café mientras hablaban. Le preguntó a Oliver Garzón ¿Qué quieres hacer? Yo te quiero ayudar. Pero dime tú ¿qué quieres? Oliver contaba que lo que pidió fue ayuda para rehacer su vida. Chávez lo envió a Cuba a tratarse de la adicción y Oliver regresó y al poco tiempo se incorporó como “captador” de la misión Negra Hipólita, a la que dedicó su vida.

Chávez trató a Oliver como poca gente lo habría hecho, como a un ser humano con voluntad de ser libre: “¿Qué quieres?”. Se escuchaba a una gente gritando “¡Esta es la oportunidad de tu vida! ¡Aprovecha! Oliver, no pidió un carro y una casa, tampoco comida o dinero. Le pidió que le devolviera la vida. Poca cosa.

Lo que allí sucedió fue un evento de compasión. Uno sufrió con el otro y quiso ayudar y el otro se dejó ayudar. Puede interpretarse como un acontecimiento religioso, milagroso, misericordioso, etc. Sí, pero es un acto político, reivindicativo, justo… ético. Un mandatario cumpliendo con el mandato que le fue encomendado. Nada extraordinario, hace 3.700 años que Hammurabi, elegido por los dioses, legisló y gobernó para hacer justicia con el oprimido. Para tener la vida eterna el muerto debía declarar ante Osiris que había auxiliado al necesitado. En los mismos términos que Cristo, 2.500 años después, exigía para ser salvo: Dar de comer al hambriento, de beber al sediento…

“Ayúdate, que yo te ayudaré”, “A Dios rogando y con el mazo dando” señalan un camino. Mientras sufrimos junto con el oprimido y le ayudamos tenemos que ir creando el horizonte verdaderamente extraordinario: la supresión de toda forma de opresión. Es la Misión. Las misiones y las grandes misiones constituyen el horizonte nuevo, la concreción de lo imposible. No hay más cielo o futuro que ahora.

Cabe decirlo con Whitman:

“Nunca ha pasado más concepción que hay en este momento,
Ni más juventud ni más vejez que hay en este momento,
Y nunca habrá más perfección que hay en este momento,
Ni más cielo ni más infierno que hay en este momento.
Impulsión e impulsión e impulsión.
Siempre la impulsión procreadora del mundo.”
Chávez es insólito porque ante la política desvirtuada, travestida en rapiña, él creyó en el poder hacerlo bien, aquí y ahora.