Aristóbulo, compañero del pueblo

Nos toca ahora despedirnos de ti, de tu cuerpo. Jamás nos despediremos de tu espíritu, de tu pensamiento, de tus obras, de las semillas que sembraste y que no han dejado de crecer pues el afecto,  el cariño de tus compañeros, de tus amigos, de las mujeres que te amaron, de tu familia y los perdones que Dios te conceda, colmarán tu alforja espiritual, quitándole peso a tu espalda, para que puedas, erguido, levantar tu rostro hacia los cielos con el orgullo del deber cumplido.

Mi papá decía que uno tiene un permiso para salir a recoger los pasos. He oído enseñanzas que sostienen que ese permiso dura 49 días. Durante ese tiempo uno tiene el permiso, incluso, de recorrer el planeta y desplazarse a cualquier lugar para “recoger los pasos” y pedir perdón. Tú has sido un hombre sabio y has hecho, a través de décadas, una gran siembra. Ahora, con la ayuda de tus espíritus protectores, tú puedes seleccionar la buena yerba de la otra. Estaré elevando oraciones para, si tengo el permiso, ayudarte. Ese es mi sentir. Ojalá pueda ayudar a otros a que acompañen a tu alma.

Juntos estuvimos en diversas luchas y no puedo recordar sino tu solidaridad y la palmada en la espalda para dar ánimo y fuerza y decir, echa “palante”. Mucha gente debe recordar experiencias similares.

Si, cometiste errores, te equivocaste, ahora debes estar arrepentido por las equivocaciones, las bajas pasiones; pero no soy yo quien va a juzgarte. No fui ni soy mejor tú. Yo, simplemente no te juzgo. No me corresponde a mí ese papel. No he sido ni soy juez. Mucho menos de ti, que supiste dar y recibir tantas lecciones. Mis sentimientos te acompañan con mi mano tendida y abierta desde este mundo físico. Si las instancias espirituales lo permiten, esa vibración llegará hasta ti. Ya veremos. Haré mis oraciones solicitando los permisos correspondientes y veremos si el canto del gallo recibe la fuerza para trinar expidiendo luz y sonidos espirituales.

Estas palabras tienen el vuelo que las instancias espirituales le permitan. Los milagros existen y un venezolano eminente, el Dr. José Gregorio Hernández, ojalá él pueda interceder para que ayuden a darte fuerza y mis modestas palabras puedan servir. En Venezuela, tu amado país, hay mucha gente orando y acompañando desde el amor, la solidaridad, la fe y la esperanza.

 

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