Arnulfo Romero, la semilla

A principio de los noventa mi familia peregrinó desde los andes venezolanos a Maracaibo. Por ese tiempo, mi madre estaba desempleada y lograba un poco de ingresos limpiando la vivienda de Acacio Belandria, un Jesuita y párroco de la iglesia de la comunidad; así que con mis hermanos la íbamos ayudar. En esas andadas, me interesó la modesta biblioteca de Belandria, donde encontré múltiples retratos de Monseñor Romero, libros y folletos sobre El Salvador, también sobre las luchas de las comunidades y de cómo se organizaba la gente para vivir dignamente. Leí la vida y obra de Oscar Arnulfo Romero y un día le pregunté, a quien luego fue mi buen amigo Acacio ¿Y qué hago yo para luchar también?, ¿para estar en una organización?. Me respondió que había un grupito de jóvenes que se reunía los sábados y allí comenzó mi militancia sociopolítica.

Romero, fue un hombre que se transformó al conocer la injusticia del pueblo salvadoreño donde nació y se hizo sacerdote. Entendió la causa de sus hermanos curas asesinados, como Rutilio Grande; y se incorporó activamente en ella. La cúpula eclesial salvadoreña y vaticana de ese momento, con Juan Pablo II a la cabeza, ignoró las denuncias de las que era portavoz y que daban cuenta del sufrimiento del pueblo salvadoreño. Como un potente mensaje disuasivo, fue asesinado en medio de una homilía el 24 de marzo de 1980, pero la lucha no se detuvo.

Del hermano Arnulfo, hay una buena recopilación de su pensamiento y acción, que es vital conocer, para identificar a quienes simulan emularlo con un mensaje contrario a su prédica. La cúpula católica, que lleva siglos llevándose bien con quienes tienen el poder; hace poco años hizo santo al compañero Romero, y ahora le llaman “San Romero de América”. Acto que a algunos nos pareció sospechoso, pues se interpreta como una táctica para despojarlo de su esencia terrenal y recluirlo en un altar, dedicado a hacer milagros.

El legado de Arnulfo Romero, sigue inspirando a las personas a participar en organizaciones sociales y políticas entre otras. Oscar Arnulfo y otros hermanos y hermanas cristianas forman de una pléyade, cuya acción es semilla para participación en la lucha por un mundo donde todos y todas vivamos de acuerdo a nuestra dignidad como personas.

 

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