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Arrogante pero cierto

Melvin Kranzberg (1917-1995) fue un profesor que abrió muchas puertas a la historia de la tecnología y que, durante un discurso, en 1985, explicó lo que ya se conocía como las leyes de Kranzberg y a las cuales él mismo llamaba “una serie de obviedades”.

La primera ley reza que “… la tecnología no es ni buena ni mala; tampoco es neutral”. Es decir su interacción con la ecología social es tal que los avances técnicos suelen tener consecuencias ambientales y sociales que van mucho más allá de los fines inmediatos de los propios dispositivos.

La segunda ley señala que “… la invención es la madre de la necesidad”, refiriendo a que toda innovación parece requerir avances técnicos adicionales para que sea plenamente eficaz.

La tercera es una de la más citadas e indica que “… la tecnología viene en paquetes, grandes y pequeños”. Un ejemplo: el “teléfono” que te acompaña posee complejos mecanismos que suelen implicar varios procesos y múltiples componentes y depender de otras tecnologías para funcionar.

La cuarta ley sugiere que “… aunque la tecnología puede ser un elemento primordial en muchos asuntos públicos, los factores no técnicos tienen prioridad en las decisiones de política tecnológica”, apuntando a que intervienen muchos factores socioculturales complicados, especialmente elementos humanos.

La quinta ley evoca su pasión por la historia de la tecnología afirmando que “… toda la historia es relevante, pero la historia de la tecnología es la más relevante”; Kranzberg llegó a sugerir que esto se debe a que la mayor parte de la historia, tal y como se enseña actualmente, ignora el elemento tecnológico.

Finalmente, la sexta ley enuncia que “… la tecnología es una actividad muy humana, y la historia de la tecnología también”; Kranzberg ampliaba diciendo que “… detrás de cada máquina, veo un rostro; de hecho, muchos rostros: el ingeniero, el trabajador, el empresario o la empresaria y, a veces, el general y el almirante. Además, la función de la tecnología es su uso por los seres humanos y, a veces, por desgracia, su abuso y mal uso”.

La correlación entre las personas y la tecnología es bien representada en una anécdota del virtuoso violinista Fritz Kreisler, cuando -después de un concierto- una mujer se le acercó y le dijo: “… Maestro, su violín hace una música tan bonita”, a lo que él -acercándose el violín a la oreja- le respondió: “… Yo no oigo salir música de él”. Su arrogancia demuestra que el instrumento, el hardware, el violín, no sirve de nada sin el aspecto humano; pero sin el instrumento, Kreisler no podría encantar multitudes.

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