Atención, por favor

Es a todas luces sensato prestar atención al segundo informe de la centenaria Academia de Ciencias físicas, Matemáticas y Naturales, corporación de derecho público creada para el fomento del estudio y el conocimiento de esas disciplinas en el país.
Tratan los más altos representantes de nuestra comunidad científica la peligrosa tendencia que lleva el crecimiento en los contagios de covid-19 entre nosotros, la cual si no se frena y revierte podría alcanzar para fin de año los catorce mil casos diarios. La preocupación se hace mayor cuando pensamos en la situación de nuestros servicios de salud pública y lo crecientemente comprometida que está la de los servicios privados. El número de trabajadores de la salud fallecidos, así como la cantidad de contagiados, debemos tomarlo muy en serio.

Ojalá que con el informe de la Academia de Ciencias no suceda como con el primero que emitió hace meses, cuyas proyecciones han sido corroboradas por la realidad. La respuesta oficial entonces fue de descalificación. La realidad es terca y de nada vale ignorarla. La ciencia, su estudio y el conocimiento que se genera aquí y afuera en universidades e institutos de investigación son un patrimonio humano que no debe desaprovecharse. Hacerlo es un crimen.

Creer que con la propaganda se pueden reemplazar los hallazgos científicos es superstición pura y simple. Sus consecuencias son sabidas, aquí y donde sea. La pandemia no ha sido un problema simple en ninguna parte, pero mejor les ha ido a los liderazgos que siguen la pauta científica.

Como efecto secundario de la pandemia, la economía venezolana que ya venía de mal en peor, sufre sus consecuencias y las seguirá sufriendo por un buen tiempo. No es teoría. Se trata de puestos de trabajo que se pierden al lado de oportunidades que se esfuman, de caídas en la producción y en el consumo mientras los precios suben y suben, porque nunca se especula con lo abundante. Fíjese que no hablo de cifras ni porcentajes, son dramas padecidos por familias de carne y hueso.

El informe de la Academia de Ciencias no puede ser recibido con indiferencia. Tampoco la opinión de médicos eminentes, ni el clamor de los gremios profesionales y laborales de la salud.

Desde la sociedad civil se hacen llamados que suscribo plenamente a un esfuerzo nacional unido para afrontar la pandemia y sus efectos. Esa debe ser la prioridad de la sociedad y a la cabeza de ella su dirigencia política, dentro y fuera del poder.