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Autoengaño

Concluye en Beijing el XX Congreso del Partido Comunista chino y la imagen que se retiene con mayor fuerza en la memoria del mismo es la imponente presencia en medio del gigantesco Gran Salón del Pueblo del legendario símbolo de la hoz y el martillo, creado en 1918 por Tevgueni Kanzolkyn al inicio de la Revolución bolchevique, en Rusia, para convertirse desde entonces en el emblema por excelencia de los partidos comunistas del mundo (excepción hecha del muy sui géneris gallo rojo con el que se presenta la versión de dicha corriente ideológica en Venezuela).

En ninguno de los documentos, discursos o proclamas de las instancias o vocerías oficiales del evento se anuncia en forma alguna el abandono, la rectificación, o ni siquiera la revisión de las ideas fundamentales de la doctrina comunista sobre las cuales se asienta el proceso revolucionario chino desde su origen hasta nuestros días.

Por el contrario, el refuerzo de la convicción revolucionaria se plasma cada vez con mayor fuerza en todas y cada una de las líneas de acción aprobadas, no solo en este evento (cuya significación supera la de todos cuantos ha habido en la historia reciente de esa nación en virtud de la inédita tensión con Estados Unidos, el más insaciable imperio de la historia) sino en cada uno de los precedentes congresos del partido en los cuales ha habido siempre la más clara e inequívoca ratificación de los principios de lucha por la superación de la explotación del hombre por el hombre, la exclusión y la injusticia social, que predica el comunismo en perfecta contraposición al salvaje e inhumano modelo capitalista.

Mao Tse-Tung solo predijo la realidad actual cuando afirmaba en noviembre de 1917:
“El sistema socialista terminará por reemplazar al capitalista; ésta es una ley objetiva, independiente de la voluntad del hombre”.

Por eso el autoengaño de la derecha, convencida como está de que Rusia es hoy una nación comunista y China una potencia capitalista, cuyo descomunal crecimiento económico sería producto de una “desviación” ideológica, no es sino una estupidez que refleja la mediocridad del pensamiento capitalista, que trata de usurpar ese triunfo de la más poderosa economía socialista del mundo para ocultar el inevitable descalabro del modelo del capital.

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