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Barinas: el cuadro horroroso

De las derrotas se aprende si se es humilde e inteligente. El 10 de enero de 1978, Pedro Joaquín Chamorro fue asesinado en Nicaragua cuando se dirigía a su periódico, siendo enterrado el 12 de enero. Su esposa Violeta condena el asesinato y culpa al general Anastasio Somoza. El 11 de junio de 1979, Somoza bombardeó el periódico La Prensa. Ese mismo día Violeta Barrios aceptó integrar la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional que gobernó transitoriamente de 1979 a 1985. En 1980 dimite.

Poco a poco Violeta se fue destacando como figura pública de la oposición con una política proyanqui. El 29 de mayo de 1989, la Unión Nacional Opositora aglutinó a 14 partidos incluyendo al Partido Comunista de Nicaragua. En septiembre de 1989, Violeta Barrios es nominada candidata presidencial. Con el 54,7% de los votos en las elecciones generales del 25 de febrero de 1990, Chamorro gana las elecciones y la mayoría en la Asamblea Nacional, hasta entonces en total control sandinista.

Poco tiempo después de esa derrota, nos visitó el Comandante Tomás Borge. Dictó una conferencia en la Universidad Central de Venezuela. Ante la pregunta que le formularon: “Comandante, ¿por qué el sandinismo fue derrotado?” Su respuesta fue una lección de vida: “Porque perdimos la humildad”. Cuando se pierde la humildad, la ética titubea y en esta fluctuación surgen la ostentación y la soberbia. Las carencias materiales comienzan a satisfacerse en negocios con los enemigos de clase que garantizan camionetas lujosas, ropas de marca, celulares de última generación, prósperos comercios, haciendas, acciones en clubes, apartamentos en Miami y quintas suntuosas.

La soberbia enceguece y ensordece a estos dirigentes que piensan que tiene una patente de corso por ser familia de o por ser amigo de o por pertenecer al grupo de poder de. Poco a poco se empieza a cultivar la vanidad y a despreciar el estudio (en sus quintas no hay libros, pero sí grandísimos televisores pantalla plana y mucha caña importada).

Seamos humildes, estudiemos, leamos, amemos al prójimo. No olvidemos las palabras que Simón Bolívar le escribe a Antonio José de Sucre el 22 de diciembre de 1823, desde Trujillo, Perú: “El cuadro es horroroso, pero no me espanta, porque estamos acostumbrados a ver muy de cerca fantasmas más horribles, que han desaparecido al acercarnos a ellos”.