Blinken: presidente de Colombia

El secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, se dejó de cuentos y decidió ir a pasar revista por el Protectorado que mantiene la Casa Blanca en Colombia. Advertido por el hecho de que el representante de EEUU que ocupa el Palacio de Nariño va en picada en lo que respecta a respaldo popular se asomó al patio trasero neogranadino para tratar de componer daños.

En agosto de 2021 el rechazo de los colombianos hacia Duque llegaba a 76%. Y en medio de protestas que no cesan, vienen las presidenciales de mayo de 2022.

Y esto preocupa a Blinken pues todo indica que quien tiene la oportunidad de ganar esos comicios, al menos en el discurso, muestra mucho mayor apego a la soberanía nacional, atributo que en el caso de Duque es inexistente.
Pero, ¿qué de bueno se le puede pedir al pupilo preferido de Álvaro Uribe? Éste ha dado muestras de haber superado a su maestro en:

  • Violaciones de derechos humanos (77 masacres con 279 víctimas hasta el 20 de octubre)
  • Ser vínculo preferido con el narcotráfico y la compra de votos (ejemplo: caso Ñeñe Hernández)
  • Reincidente en la aplicación de la política de falsos positivos.
    Cómplice de los asesinatos de firmantes del Acuerdo de Paz (31 hasta el 11 de octubre)
  • Promotor privilegiado de los desplazamientos internos.
    Todas estas acciones son invisibles a los ojos de un tipo de la calidad de Blinken, quien en medio de sus quehaceres de supervisor de la neocolonia de al lado, no tuvo tiempo para mirar esa verdadera tragedia que es Colombia. ¡Ahhh!, pero como manda el guion, aprovechó los micrófonos y las cámaras para atacar a Venezuela.
    Sin embargo, y tal vez por no estar pendiente de los detalles, brincó el conejo del sombrero con la carta enviada por el Senado colombiano, legitimando así la Asamblea Nacional electa el 6 de diciembre de 2020.
    Duque, despechado y ante su jefe Blinken, declara que “… una cosa en la que no nos podemos equivocar es en que lo que Colombia no va a hacer es reconocer una dictadura oprobiosa, corrupta, narcotraficante”. El muy tonto no entiende que en la carta de sus paisanos parlamentarios están hablando los bolsillos de la clase dirigente que lo llevó al poder.
 

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