InicioOpiniónBolívar contra el peculado

Bolívar contra el peculado

El peculado, esa mala conducta de apropiarse los dineros y bienes del patrimonio público, es un delito muy grave y de vieja data. En su comienzo encontró fuerte castigo, como en la antigua Roma, donde se aplicó la pena de minas y la de destierro. Teodosio estableció la pena de muerte, aplicada a los jueces por apropiación de fondos públicos. Con esto quiero significar las variaciones de penas en casos de latrocinio en el manejo fondos públicos, de cualquier tiempo y lugar.

El Libertador Simón Bolívar estableció la pena de muerte para el que cometiera peculado. El Decreto de Bolívar que ordenaba aplicar la pena más severa fue dictado en Lima, el 12 de enero de 1824. En la motivación de ese instrumento contra el robo de fondos públicos y cómo castigar al que lo comete, se dice que una de las principales causas de los desastres en que se había visto envuelta la República era la escandalosa dilapidación de sus fondos por funcionarios que han intervenido en el manejo de ellos y, por tanto, el único medio de extirpar radicalmente ese desorden es “dictar medidas fuertes y extraordinarias”. En el “cómo castigar” se estableció la pena de muerte para el funcionario que haya malversado o tomado para sí los fondos públicos en más de diez pesos, e igual pena se aplicaba a los jueces competentes que no procedieran conforme al Decreto. Fue Bolívar contra el peculado y se aplicó la pena de muerte al funcionario ladrón. Actualmente el que comete peculado en Venezuela es castigado con prisión, multa e inhabilitación.

Ahora bien, sobre este delito hay curiosidades. En Roma antigua los dineros públicos se consideraban cosa sagrada y quienes los robaban eran objeto del mismo castigo que se infligía a los sacrílegos. En las Leyes de Partidas de España se condenaba a muerte no solo al oficial del Rey que tuviese algún tesoro o que recaudara pagos y los hurtara, o el juzgador que hurtara los maravedís del Rey, sino también a todo aquel que les prestara ayuda o consejo o los encubriera. En Francia el peculado se castigaba con el destierro perpetuo, la picota, los trabajos forzados, la prisión perpetua, o la muerte. En el llamado derecho intermedio la condena infamaba la memoria del difunto que en vida había sido declarado culpable. Por ello, la historia conoce de peculadores famosos y sus nombres se esculpían en planchas de mármol para infamia eterna. Esto último, allá en Venecia.

Deja un comentario