Buenos para nada

Tuvimos un buen tiempo sin conversar y hace poco ocurrió de nuevo, con la extraña franqueza que siempre hemos tenido al hacerlo. Luego del repaso necesario, dijo, “Sabes que no me puedo ir” (del país), “Pues si lo hago, ahí sí que tengo que trabajar.

Aquí estoy cómodo, tu sabes hablando guevonadas, que es lo sé hacer”. Estas palabras, como muchas otras, me quedaron en la mente y se han convertido en otro punto de partida, sobre un tema insuficientemente discutido.

No detallaré cómo se construye el talento en un país determinado, sin embargo entre otras claves, encontraremos que es necesario contar con condiciones de vida adecuadas y oportunidades de formación. Ambas presentes desde 1958 en Venezuela y mejoradas sustancialmente en los primeros años de la revolución bolivariana.

Desde hace casi una década, el ataque a nuestro pueblo ha sido más feroz y entre otras consecuencias, hay venezolanos en condición de movilidad en Nuestra América fundamentalmente. Quienes se están movilizando en mayor proporción, son aquellos que han desarrollado sus talentos. Lo que es perfectamente comprensible, pues son quienes tienen más oportunidad de incorporarse a un mercado de trabajo medianamente competitivo. Dicho esto, no está demás decir que se erosiona nuestras capacidades para emprender la recuperación económica y que los países receptores, tienen un plus, pues cuentan talentos, en los que no han invertido nada.

Es así como que muchos de los que se van quedando en palabras de mi abuela, son buenos para nada, aunque titulados, no han logrado tener las competencias necesarias en su área o cualquier otro oficio, lo que lo lleva explotar su capacidad relacional para mantenerse en una posición o acceder a una nueva. Dicho de otro modo, se exacerba el arribismo. Estos personajes, hacen estragos en la política y la vida institucional, pues no solo su incompetencia pasa factura, sino que como vienen ascendiendo gracias a una “cadenas de favores”, son el caldo de cultivo perfecto para los procesos de corrupción.

Hay que imaginar cómo se revierte esto y se fomenta el desarrollo de nuevos talentos, así como su retención. Sigue siendo necesaria una mirada crítica a los procesos de movilidad que lleva nuestro pueblo y las formas de abordar las consecuencias.

 

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