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Cajas de cartón

Un viejo está sentado en el banco de la esquina: se ríe a carcajadas cuando las ruedas de los autos frenan ante un paso cebra. Los bancos unas veces sirven para descansar, para mirar las ruedas de los autos, o para pensar en aquellos que descansaron antes. y que un día se fueron a otra parte del mismo lugar.

Los que descansaron antes y se fueron a buscar otras ruedas, otros autos, otros paso cebras, ahora están durmiendo en alguna vereda, cubiertos con el cartón de alguna caja que antes estuvo llena de ropa alemana, o francesa, o inglesa, o quién sabe de qué país de esos que venden su ropa hecha en otro lugar.

Las ropas que llegaron a Latinoamérica en grandes cajas de cartón, y que algunos usan cuando hacen deporte o se van a una fiesta, fueron tejidas algún día, o todos, por unas señoras de Etiopía, o de Bangladesh, o de la India, o de quién sabe qué país de esos marcados por los sellos en las cajas de cartón, los cajones de madera y los huesos en la tierra.

Lo bueno de todo esto para la Organización Mundial del Comercio es ver que las cajas sirven de cobertor en todas las estaciones del cambio climático, el cartón no contamina como el plástico, las ropas no tienen aranceles, las señoras de Etiopía cobran 25 dólares al mes y el viejo se sigue riendo de los paso cebras sentado en el banco de una esquina, sin que lo maten a puntapiés, aquí o allá.

En todo caso, las ruedas de los autos son iguales en cualquier calle y los bancos sirven para sentarse en cualquier lugar.

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