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Campus con sentido feudal

La Ciudad Universitaria de Caracas es una obra maestra de la arquitectura, creado por el arquitecto venezolano Carlos Raúl Villanueva y un grupo de notables artistas audaces. Es un ejemplo sobresaliente de la realización coherente de los ideales urbanos, arquitectónicos y artísticos de mediados del siglo XX. Constituye una ingeniosa interpretación de los conceptos y espacios de las tradiciones coloniales y un paradigma de una solución abierta y ventilada, apropiada por su ambiente tropical.

Estos valores universales excepcionales reconocidos por la Unesco hicieron que el campus ingresara a la lista de Patrimonio Mundial el 2 de diciembre de 2000, la primera en su género, y que junto con los de México DF, Charlottesville, Alcalá de Henares y Coímbra forman parte de los únicos complejos universitarios que hacen gala de dicha condición.

Además, nuestra Ciudad Universitaria ostenta la categoría de Monumento Nacional y Bien de Interés Cultural de la Nación.

Venezuela incorporó a su legislación la Convención de Patrimonio Mundial, Cultural y Natural en 1990, lo que conlleva obligaciones por parte del Estado en la protección y conservación como memoria de la humanidad, y en su promoción esencial para la construcción del futuro. La acción de la Unesco no solo se ha centrado en el patrimonio monumental, sino en todas aquellas manifestaciones inmateriales que perduran y edifican la vida de los pueblos. El disfrute de las expresiones culturales es un derecho de las generaciones presentes y ulteriores que apareja del mismo modo una responsabilidad compartida con la ciudadanía.

Pero esta consciencia parece no ser entendida ni acompañada por algunas autoridades universitarias. No se trata únicamente de un tema legal. Persiste desde tiempos remotos conductas feudales en la administración de los edificios: alteración de espacios y colores, depósitos de chatarra, conucos en jardines, capillitas y altares de cualquier fe por doquier.

La fruición del patrimonio cultural es colectiva. Ya lo dijo Victor Hugo en su Guerra a los demoledores (1832): Hay dos cosas en un edificio, su uso y su belleza. Su uso pertenece al propietario, su belleza a todos.

Abogado

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