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Caracas ya tenía su metro y medio

La oportunista intención del coronavirus de querer colearse entre los caraqueños parece haber hallado algunos tropiezos, como son la marcada estratificación social de una ciudad, a la cual le arrebataron sus techos rojos con serenatas al pie de ventanales y tertulias en las plazas, para imponerle un diseño urbano centrado en el rápido tránsito peatonal y vehicular.

Pese a la marcada diferencia en densidad poblacional, el covid19 se ha visto condicionado a atacar más a quienes habitan en las zonas clase media y media alta, que a los habitantes de los barrios altamente poblados del oeste de la ciudad, una paradoja que, en algún grado, responde a la mayor posibilidad de contacto con el exterior de las personas con mayor poder adquisitivo.

Pero además, al margen de la traba al contagio impuesta por la cuarentena, la curva de contagiados se ha visto aplanada por los tropiezos hallados por el virus para meterse de lleno en los barrios, en parte por la existencia de un distanciamiento socio urbano que redujo las vías y los espacios para el encuentro frecuente y táctil entre ambos sectores sociales.

En su libro “1939, claro/oscuro. Una lectura del lopecismo: hombre, política y ciudad”, Obed Delfín hace una lectura analítica del Plan Monumental de Caracas (1939) y el Plan Regulador de Caracas (1951). En su texto destaca cómo la transformación arquitectónica y urbana de la capital acentuó el distanciamiento entre las clases sociales.

“El Plan Monumental de Caracas determinó la sectorización de la ciudad y la separación física de la población según sus niveles de ingreso. Esto dividió a la ciudad en dos: En el oeste, en Catia, en San Juan, El Cementerio, El Valle se ubicó a los sectores más pobres, los barrios obreros. Desde San Bernandino hacia el Este habitarían los sectores más ricos. Aun cuando en el Este se han ubicado estratos pobres de manera espontánea, no porque lo haya previsto el plan urbano”, apunta.

Relata que el Plan Monumental, de fuerte enfoque positivista, significó para la ciudad la pérdida de su centro histórico, para dar paso al dominio del vehículo, el cual supuso operar como enlace y conexión de flujos que estaban en contra del encuentro y la aglomeración que posibilita la calle y la plaza.

“El movimiento rápido priva al individuo de la sensibilidad social, lo hace sufrir la pérdida táctil, al convertir a la ciudad en un territorio de espacios neutros”, explica. “Las anchas avenidas conectan monumentos con otros monumentos, no con grupos sociales”.

En síntesis, sobre la menor incidencia general del coronavirus ha influido la estratificación social y urbana de Caracas, pero sus menores efectos relativos en los sectores populares también revela cuán grande es aún las diferencias entre las clases sociales en la capital, una muestra de la realidad socioeconómica del país.

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