Ciudades fantasmas

En eso se han convertido nuestras “ciudades universitarias” y de ello dan cuenta cada tanto, imágenes y relatos que circulan en las redes sociales y en grupos de mensajería. Es inocultable el voraz desmantelamiento de sus infraestructuras, al punto que en muchas apenas quedan los cimientos. Cientos de hábitat, enclavados en grandes superficies; que durante décadas albergaron múltiples espacios de enseñanza e investigación, hoy son recorridas por pillos y carroñeros.

Lo anterior es una expresión tangible de la profunda crisis que experimentan las universidades públicas autónomas, a lo que se le aúna, la fuga de talentos del cuerpo de profesores, la baja matrícula y la disminución de las iniciativas de investigación.

Identificar las causas de la situación actual en las universidades autónomas, es parte de una intensa e inacabada diatriba política, que entre otras cosas está polarizada. En mi opinión la responsabilidad de las autoridades de esas universidades es más que evidente, pues siguen liderando a una vieja casta, que por ejemplo demanda elecciones para el cambio de gobierno, pero obstaculizan las elecciones donde puedan ejercer el sufragio los estudiantes y los obreros en igualdad de condiciones. Estas autoridades en su conjunto han convertido a estas instituciones, en un elemento para la política contra el gobierno bolivariano.

Han dejado la labor educativa e investigativa para hacer de estos espacios, lugares para la conspiración. Lo anterior, no debe evitar un escrutinio integral de la política universitaria del gobierno bolivariano, de donde de seguro surgirán áreas de mejoras necesarias.

Ante este déficit en las universidades autónomas, han surgido alternativas desde el gobierno bolivariano, que están dando respuestas a la gran demanda existente de formación universitaria para nuestros jóvenes, muy necesaria frente a la especulativa oferta de las universidades privadas.

Son necesarios los análisis y propuestas, pero combatiendo la indiferencia, la desidia, la ignominia a las que están sometidas nuestras almas mater, para que estos se hagan con la mayor participación posible. No para restituir el pasado, sino para pensar las universidades autónomas de cara al futuro, pues deben estar al servicio de los intereses del pueblo.

 

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