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Colombia: el cambio histórico

Cuando creció la ola de los llamados “progresismos” en América Latina a lo largo de la primera década del siglo XXI, Colombia parecía inamovible, como si ese espectro que recorría la región no fuese capaz de generar el más mínimo estremecimiento. En ese país lo que se consolidó en esa década y la siguiente fue un fenómeno que, ahora, es llamado el “uribismo”. Y esto hay que entenderlo de esta manera: mientras en Venezuela, Brasil, Bolivia, Ecuador y Argentina surgía y galopaba lo que muchos llaman un “caudillismo” o un “populismo” de izquierdas, en Colombia crecía también un caudillismo populista, solo que más bien de derechas. Verlo así permite identificar el síntoma, la señal de que algo sí estaba pasando en ese país.

¿Qué hicieron Gustavo Petro y Francia Márquez? Su mayor mérito estuvo en saber leer las demandas de la gente y lograr aterrizar la insurgencia social en una identidad política, capitalizando la efervescencia del levantamiento popular de 2021. Además, lograron, en el momento preciso, establecer las alianzas necesarias, los consensos amplios requeridos para poder responder a la ola de indignación que terminó por
deslegitimar no solo al uribismo sino a toda la clase política tradicional.

La propia figura de Rodolfo Hernández, un producto de marketing político que utilizó las técnicas basadas en la manipulación de las nuevas tecnologías de la información, representa también un síntoma del rechazo generalizado a los símbolos del estamento político colombiano. La segunda vuelta presidencial fue eso, la sepultura de una tradición de poder de 200 años de antigüedad.

En Colombia se ha materializado un cambio. Más allá de los análisis que podamos hacer sobre lo que hará o no hará Gustavo Petro como presidente, debemos poner la mirada en lo que ha pasado en la sociedad colombiana. Es allí donde está el cambio histórico. El miedo a la guerra, a la muerte, a la imagen de una “política de izquierda” que había sido ideológicamente inoculada en el pensamiento colectivo como sinónimo de desastre, caos, hambre y precariedad. Ese miedo quedó disuelto por la indignación y la evidencia de que todo eso, el desastre, el caos, el hambre, la precariedad y la muerte, eran la marca más patente del gobierno uribista, el gobierno que sirve a las clases poderosas, un gobierno que de izquierda no tenía nada, sino que era su exacto contrario.

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