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Comandante Chávez, amor mitopoyético

Estamos en la alta noche, en las primeras horas del 13 de abril del 2002. Desciende sobre el Palacio de Miraflores un he­licóptero trayendo a bordo al Presidente, rescatado poco antes de la prisión militar de la isla de La Orchila, donde llegó a ordenarse su fusilamiento. Todos están llorando en la calle. Un  hombre joven, popular, que vimos todos en las grabaciones del evento, se asoma entre los barrotes de la reja de Miraflores. Es enorme su alegría, quisiera llorar pero no puede, los hombres tie­nen prohibido llorar según la educación recibida en la infancia, a los niños los visten de azul porque serán fuertes, resistentes al dolor, a las niñas las visten de rosado, y pueden llorar. El rostro masculino está atravesado por el dolor, segundos y segundos hasta que al fin estalla el llanto liberador. ¿Qué ha sucedido ahí? Se ha disuelto la diferencia de sexo. El que llora es un ser humano análogo a otro ser humano. El amor  al líder ha roto con lo acostumbrado.

La Patria

Una estadística presentada por Luis Britto García, nos describe  los valores de nacionalidad negados por las mentes de los venezolanos en tiempos finales del Puntofijismo: de 37.040 personas interrogadas, un 33,5% no sabe nada del pensamiento de Simón Bolívar; un 64% de los encuestados  no conoce el escudo.  La figura  del Libertador estuvo  soslayada por la moda positivista de negar el culto a Bolívar. Se le considera cursi, folklórico, popular, por una academia que se sobrevalora como respetable.

El poeta busca al héroe dentro de sí, se habita con figuras de la realidad, Bolívar por ejemplo, los personoides que están previamente dentro de él. Esto produce bella poesía, narrativa vigorosa, pero también es blanco de las flechas de la crítica, flechas   y           crítica inútiles porque somos  mitopoyéticos.  Además, notemos  la guerra psicológica de los racionalistas que han criticado el culto a Bolívar, se cuidan bien de herir el culto a Superman, a Spiderman, iconos del poder imperial, narraciones que seducen a los mercados. ¿Por qué? 

Valga en esto la apreciación que emitió José Ignacio Cabrujas, epítome de esa intelectualidad positivista, respecto al discurso del Comandante Chávez a raíz del 4 de Febrero: “…más allá de la retórica de     quinto grado de primaria”. Sí, la patria  que hoy  nos insufla de amor por Venezuela era  palabra necia, anticuada para una razón que para analizarla  le vienen cabalmente bien Adorno y Horkheimer, de Dialéctica del Iluminismo, de cuya lectura se desprende que la razón debe convertirse  en  mito para poder pensarse como razón. Las cifras de la encuesta citada no son las mismas a partir del Comandante Hugo Chávez Frías, quien liberado de  prejuicios y complejos de eso que llaman en forma peyorativa  “tercermundistas”, impuso sin miedo y con desparpajo, el amor como paradigma y su correlato político: Patria. Creando desde el sentimiento una nueva geometría política, llenando de contenido lo vaciado, practicando el concepto de la política  como vocación donde impera el ideal, la axiología, la subjetividad del político,  la máxima inclusiva del “ser en el otro”, la actitud del servidor público y no la profesión fetichista burocrática del poder en función de los intereses individuales o grupales, que señala Enrique Dussel, como  “…fetichización del poder mediante la corrupción de la subjetividad del político”.

Héroe, mítico

El héroe sobrevive, permanece en ese ámbito  que imaginamos tenebroso y  vive en el Más allá. Realiza un descenso a los infiernos en la oscuridad de ese inconsciente colectivo que trasciende a la razón. Su destino, marcado por sus grandes acciones, lo coloca en la gloria y le hace permanecer en ella convertido en mito. Esta matriz mítica pareciera cumplirse en el Comandante cuando, culminando el cierre de la campaña, en octubre de 2012, vestido de chalecón azul, fue bañado de lluvia con  el supremo goce espiritual reflejado en los negrísimos ojos, en cogito perfecto con el cosmos junto a su pueblo. Tal vez se está despidiendo, previendo que no volverá a estar con esa masa parida de nuevo desde un intenso amor. Lo escuchan seres alegres, con dientes puestos por la Misión Sonrisa, con luz en los ojos dada por la Misión Milagro, utilizan las sillas de ruedas y prótesis asignadas por la Misión “José Gregorio Hernández”. El sacrificio que  se había iniciado con aquel  “Por ahora” del 4 de Febrero se  hace infinito con su muerte y su resurrección. Ahora todos somos Chávez. Prometeo latinoamericano, nos regala la luz y existimos en él y nos volvemos carne. Él podría decir como dijo Quevedo del polvo en que devendría  su  materia una vez muerto: “polvo seré, mas polvo enamorado”.

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