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Comida Navideña

Lea aquí el artículo de Ramón Guillermo Aveledo

Cuentan que a finales del siglo XIX estaban en Inglaterra dos venezolanos que habían sido compañeros en el Colegio Concordia de Don Egidio Montesinos en El Tocuyo. Lisandro Alvarado era cónsul en Southhampton y Gil Fortoul secretario de la Legación en Londres. Llegó diciembre y no podían pasarlo sin hallacas. Consiguieron todos los ingredientes, salvo las hojas de plátano para envolverlas. El juego lo destrancó el Doctor Alvarado quien se acordó del invernadero del Jardín Botánico de Kew Gardens, a donde fueron juntos y con el bisturí del sabio tocuyano, cortaron las necesarias e hicieron el plato navideño que no les podía faltar.

La “travesura” de dos compatriotas notables nos sirve de medida para entender lo que significa para nosotros la comida de las fiestas decembrinas, tradición de raíces hondas que pasa de generación en generación y cada una le pone su sazón. La presencia de venezolanos por el mundo era entonces exótica, hoy es común. Recién vi que el repostero argentino Osvaldo Gross, cuyo programa de televisión es muy seguido en los canales internacionales, hacía el criollo pan de jamón ambientando su explicación con fondo musical de aguinaldos. En Argentina, nación de inmigrantes, los numerosos venezolanos que han emigrado han sido muy bien recibidos, así que nada de extraño tiene que nuestras costumbres se vayan popularizando por allá. En España hacen muy buen pan de jamón y me consta que los tequeños se consiguen en cadenas de supermercados y negocios de comida rápida.

En Estados Unidos la comida criolla no sólo es corriente conseguirla en Miami sino que va extendiéndose por su enorme geografía. Restaurantes venezolanos proliferan y no hace tanto, la Vicepresidenta Kamala Harris se detuvo a comerse una “reina pepiada” en una arepera en el Sur de la Florida. Pero la cosa no se queda en lo popular, también hay exitosos locales de alto nivel que compiten por los comensales de paladar más exigente.

Los millones de venezolanos que en estos años van por el mundo en busca de oportunidades han difundido nuestros gustos. La cocina nacional se internacionaliza y se convierte en embajadora de la venezolanidad, lo mismo que nuestros músicos llevan nuestros aires desde las calles de las ciudades hasta las más importantes salas de concierto y como hemos sabido, incluso a los Grammy Latinos. Gracias a la diáspora, hallaca, pan de jamón, ensalada de gallina son comida navideña en cada Navidad de los
cinco continentes.

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