Conquistadores desfasados

Lamentablemente el fascismo en España es una realidad tan natural como el chorizo y la tortilla.

Incluso más, según algunos que han visto de cerca el trogloditismo de esa funesta herencia del más abyecto franquismo, del que se sienten orgullosos deudos a perpetuidad los militantes de VOX, el partido político que recoge y exalta el pensamiento y la filosofía del tirano Francisco Franco, pero muy fundamentalmente la de Adolfo Hitler, a quien veneran ya no como un referente ideológico sino como a un dios.

Su “misión” en la política española ha sido desde su estructuración formal como partido político, hace poco menos de diez años, la de tratar de erradicar del territorio español toda noción de izquierda en ese país, empezando por la organización Izquierda Unida, en la cual concentra a tiempo completo el grueso de su artillería difamatoria y calumniosa creyendo que con ello hace su mejor labor de patria.

Fiel a los principios y valores más puros del fascismo, la retrógrada dirigencia de VOX ha emprendido una desquiciada campaña de “recolonización” de los territorios transoceánicos que alguna vez la corona española consideró como suyos, y en los cuales llevó a cabo el más brutal y sanguinario genocidio de la historia, devastando no solo poblaciones y naciones enteras en nuestro Continente, sino civilizaciones ancestrales que se propuso erradicar para imponer su arcaico modelo de sociedad.

El propósito del delirante proyecto es acabar con toda idea de soberanía y de autodeterminación de nuestros pueblos para intentar abrirle cauces a la reinstauración en nuestro suelo del viejo modelo colonial que los Libertadores acabaron hace doscientos años luego de uno de los más brillantes y ejemplarizantes procesos independentistas de la historia.

En un grotesco acto de pérfida simbología, emprenden su campaña precisamente en la ciudad de México (que este año celebra no solo el bicentenario de su independencia, sino setecientos años de su fundación como capital de los aztecas y quinientos años de la invasión española, como la denominan) donde le exigen insolentemente al gobierno de esa nación “lavar la tumba de Hernán Cortez y rendirle tributo”.

Se necesita ser muy imbécil para creer que el indómito pueblo latinoamericano pudiera ser recolonizado.

 

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