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Cuestión de voluntad

Las sociedades, en general, tienen un grupo que se encarga de defender la vida material de su gente. Según la tripartición funcional de la sociedad feudal se denominaban bellatores y defendían a los otros estamentos. Los oratores cuya función era salvar el alma y los labratores que se ocupaban de mantener vivos a todos en cuerpo y alma. Pero el poder lo ejercían los nobles, únicos que podían ejercer las dos primeras funciones. Aunque para poder vivir, morir y resucitar lo primero es comer.

Ese orden transforma en monarquías absolutas y fue lo que derrotamos hace más de 200 años.

Lo derrotamos con ideas producidas por oratores o no que cultivaban la sabiduría. Como Juan Germán Roscio quien debió demostrar su limpieza de sangre para ser aceptado en noble colegio de abogados, dado su tufo de labrator mestizo.

Lo derrotamos en batalla, sin gran experiencia. El liderazgo tenía alguna instrucción militar, pero no eran hombres de guerra. Alguna excepción notable, pero breve, como Miranda, a pesar de haber dedicado su vida a la libertad de América. Indiscutiblemente, Páez. Y Bolívar, un genio desarrollado al fragor de la lucha militar, política e ideológica.

Lo derrotamos con eso que llaman logística, pertrechos, rancho, etc. De eso se ocuparon los labratores, quienes, además, integraban la tropa en una guerra poco convencional para su época (hasta 1815, intestina) Allí se destacaron mulatos como el máximo Manuel Piar, el valiente Negro Primero o el santo hijo de esclavizados (beatificado por Bolívar) Juan José Rondón. Mujeres, muchas, montones de todas castas y colores conocidas y anónimas, pero imprescindibles.

Una cuerda de pobres, analfabetas y muertos de hambre, supremamente inteligentes, como para arrasar con la república mantuana en 1814; poner a temblar la república oligárquica en 1846 y 1859. Arremeter contra las dictaduras liberales en 1936 – 1958 y desmoronar la democracia liberal representativa en 1989-1992 y 1999. Es una misma revolución y un mismo pueblo armado, con Bolívar y Chávez en su horizonte. Sabemos lo que es una rebelión popular y una revolución armada. Estamos conscientes del poder de manipulación mental que enfrentamos, tan destructivo como el bloqueo neoliberal imperial a nuestra economía y sus trágicas consecuencias sociales.

Estamos en la etapa más peligrosa y difícil de una revolución: la construcción de un nuevo orden más justo. No es cosa de tiempo, es de voluntad general sostenida.

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