Darío pueblo

Rasgo muy propio de un verdadero líder revolucionario es la multiplicidad y el carácter afectivo del saludo que le prodiga la gente a cada paso, en cualquier lugar, en todas partes, ya no como la figura pública que se visualiza a distancia y se reconoce con un simple señalamiento, o la lánguida frase “ese es el que sale en televisión”, sino como un auténtico amigo de todos, cercano, común y sencillo, como lo fue siempre Darío desde sus primeros años de militancia revolucionaria, a lo largo y ancho de la Patria que tanto amó y por la que dio lo mejor de su vida.

Hijo de Chávez, en la primera fila del combate por la construcción del socialismo bolivariano, Darío ingresa hoy a la indeleble eternidad de la memoria popular de la que surgió y en la que se mantuvo en todo momento como un soldado más de la batalla.
Más de medio siglo de trajinar infatigable por las calles y barrios de hasta el más recóndito rincón de Venezuela, a pie y sin la asfixiante bruma del aparataje partidista que rodea a toda figura política, convirtió a Darío en emblema indiscutible de sencillez y modestia, en un ámbito en el que muchos naufragan en el intempestivo tremedal de la vanidad y la arrogancia que a la larga han acabado con más de una carrera promisoria.

Quienes hoy irrespetan su memoria con denuestos de la peor estofa, escudados cobardemente en la intangibilidad y el anonimato de las redes sociales, sucumben ante la vorágine del odio que acumulan producto precisamente de la ineptitud y la incompetencia para llegar al pueblo como lo hizo Darío con tanta naturalidad y soltura a lo largo de su dilatada trayectoria como conductor de masas admirado y querido por millones.

Pero quienes sentimos en lo más profundo del alma el desgarrador zarpazo de su partida, la inmensa mayoría de las venezolanas y los venezolanos que abrazamos a una sola voz la causa de la justicia y la igualdad social, el amor por los preteridos de la tierra, que lo inspiraba, sabemos que Darío fue y seguirá siendo referencia de compromiso y lealtad al ideario bolivariano y chavista que él supo asumir con tanto tesón y entrega.

No se va Darío, porque no es posible desarraigar del corazón de un pueblo la entrañable nobleza de quien supo darlo todo, hasta el último suspiro, por su Patria.

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